Mercosur: el arrastre de macronianos y soberanistas, y el PPE traiciona a Ursula
Nuevo golpe a la mayoría europeísta. Los conservadores se dividen

El duro golpe asestado al Parlamento Europeo de Ursula von der Leyen con el aplazamiento del Mercosur tiene múltiples orígenes y un hilo conductor: el descontento que desde hace tiempo reina entre los eurodiputados por la actuación de la Comisión, a menudo vista como un fallo en el equilibrio de poderes sancionado por los Tratados.
Este descontento se viene gestando desde hace tiempo, sumado a cierta anarquía parlamentaria, acentuada por el progresivo deterioro de la mayoría europeísta. Esto también se refleja en la remisión al Mercosur.
Una sola cifra lo demuestra: la disidencia generalizada expresada por los dos grandes grupos del Parlamento Europeo, Populares y Socialistas. Cuarenta y tres eurodiputados del PPE votaron en contra de la directiva del grupo, a pesar de que, según fuentes parlamentarias, la conversación telefónica entre Manfred Weber y los disidentes fue acalorada durante toda la mañana.
A la cabeza estaban los eurodiputados franceses y polacos, fieles a la línea de sus gobiernos, junto con los húngaros, liderados por Peter Magyar, quien ciertamente no quería aliarse con su próximo oponente, Viktor Orban, en el tema del Mercosur.
Treinta y cinco disidentes, por otro lado, pertenecían al grupo socialista. Aquí el factor decisivo fue la fallida persuasión moral hacia la delegación polaca.
En la votación del Mercosur, la pertenencia nacional importó más que la afiliación grupal. Esto no es una buena señal para una trayectoria europea que en los próximos meses requerirá unidad transnacional. En este contexto, la Francia de Macron se mostró extremadamente unida: desde Renew hasta los partidarios de Le Pen, pasando por la izquierda y los socialistas de Raphaël Glucksmann, todos obstinadamente opuestos al acuerdo.
Y ni los llamados matutinos de Antonio Costa y Ursula von der Leyen, ni el pedido de Weber a un pacto anti-Trump, sirvieron de nada. Los eurodiputados del FDI tampoco fueron decisivos. El martes por la noche, el grupo conservador se reunió para debatir qué hacer, lo que reveló una nueva brecha entre italianos y polacos: los primeros, en última instancia, dispuestos a prestar ayuda a las instituciones de la UE; los segundos, fieles a la postura euroescéptica y trumpista que caracteriza al PIS. (ANSA).



