Momentos curiosos de los Juegos Olímpicos de París de 1924

Un récord mundial impresionante para un medallista de bronce, la brusca despedida del rugby a XV, vasos de vino para hidratar a los atletas y competiciones de escultura o música válidas para el medallero: los Juegos Olímpicos de París-1924 tuvieron momentos para el recuerdo.
. Un salto que valía oro
Llegando a 7,76 metros, el estadounidense Robert LeGendre batió en siete centímetros el récord del mundo de salto largo. Pero no consiguió esa distancia durante el concurso de esa prueba, que ganó su compatriota DeHart Hubbart, que aterrizó 31 centímetros menos lejos. LeGendre logró su impresionante récord en una de las pruebas del pentatlón, donde luego 'solo' pudo colgarse una medalla de bronce.
. 'Veni vidi ovali'
Por cuarta vez, el rugby a XV estaba en el programa de los Juegos Olímpicos. Únicamente tres países estaban en liza: Estados Unidos (defensor del título), Francia y Rumania. Las naciones británicas y las potencias del hemisferio sur hicieron oídos sordos a la llamada del torneo, alegando que el rugby se juega en invierno y no en verano, como ocurría en aquel julio francés.
El equipo estadounidense estaba compuesto por universitarios especialistas en football americano y en básquetbol, algunos de cuales había aprendido las reglas del rugby en una primera concentración, pero a pesar de ello Estados Unidos conservó su título frente a Francia (17-3).
De aquel partido también se recuerda un enfrentamiento que derivó por momentos en un combate de boxeo, también en las gradas de Colombes. Se abucheó además el izado de la bandera estadounidense y su himno. Y la policía tuvo que proteger la salida precipitada de los jugadores.
Todo parecía muy alejado del espíritu olímpico. El barón Pierre de Coubertin había hecho entrar el rugby a XV en el programa olímpico en 1900. En 1925, el padre-fundador del Olimpismo moderno abandonó la presidencia del COI y el rugby perdió así a su promotor, desapareciendo del radar olímpico hasta su regreso en la variante rugby Sevens en Rio-2016.
. Vino tinto contra la insolación
La prueba de cross country fue una hecatombe: con 40 grados centígrados, más de la mitad de los participantes fueron víctimas de una insolación y tuvieron que abandonar.
El maratón se disputaba unos días después, en unas condiciones similares, por lo que los organizadores dispusieron de numerosos puntos de avituallamiento de agua durante el recorrido.
Y en esos puntos se sirvieron también grandes vasos de vino tinto. No era algo nuevo: en 1900, en los primeros Juegos Olímpicos parisinos, en los anuncios publicitarios se alababan los beneficios que el vino tenía para los deportistas, como en el caso de los ciclistas del Tour de Francia, que lo consumían de manera habitual durante las etapas.
Finalmente, fue el finlandés Albin Stenroos el ganador del maratón, con seis minutos de ventaja sobre el resto y sin beber alcohol durante el recorrido.
. Disciplinas caídas en el olvido
Desde el inicio de la aventura olímpica, formaban parte del programa de los Juegos algunos deportes muy populares en aquella época, practicados sobre todo por la aristocracia y los militares: 'jeu de boules' (una especie de petanca), concurso de globos aeroestáticos, pesca deportiva, polo, cróquet, tiro de cuerda, tiro al pichón, nado con obstáculos, savate (o boxeo francés), bastón de combate, pelota vasca... Disciplinas que no pasarían el corte y fueron desapareciendo, al revés que la canoa canadiense, olímpica a partir de Berlín-1936 con el nombre de piragüismo.
. Oro a los artistas
En París-1924 no solo hubo medallas para los deportistas, también las hubo para los artistas, que competían por tercera vez, después de 1912 y 1920, según el deseo de Pierre de Coubertin de respetar la tradición, uniendo arte y deporte, en un guiño a la Grecia clásica.
Cinco disciplinas estaban en el menú: pintura, escultura, música, literatura y arquitectura. Las obras presentadas tenían como tema único el deporte.
Hubo no menos de 193 inscritos, procedentes de 24 países, que expusieron sus obras en el Grand Palais de París. Se concedieron 14 medallas por medio de jurados en los que había artistas de prestigio como los escritores Jean Giraudoux y Paul Claudel, el pintor Fernand Léger o los compositores Maurice Ravel, Igor Stravinsky y Bela Bartok.
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