Mundo: EEUU y Europa al filo de la navaja, Groenlandia podría cambiarlo todo
La apuesta de Trump, un desafío sin precedentes entre las orillas del Atlántico

Las demandas y amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre Groenlandia, además de ser difíciles de comprender en el Viejo Continente desde el punto de vista jurídico y legal, ponen de manera clara a Europa frente a su soledad.
La vieja América que conocían los europeos, en la que confiaron desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, ya no existe. En su lugar hay ahora un país, el más poderoso del mundo, que basa las relaciones bilaterales en dos principios: la fuerza y los intereses, sobre todo los económicos, estadounidenses. América primero, el resto no cuenta.
Todo esto en Europa ya lo sabían, pero el movimiento sobre Groenlandia marca una escalada imprevisible que abre escenarios impensables e inquietantes. Va más allá de la guerra de aranceles y de las acusaciones de la actual administración estadounidense hacia los europeos.
También trasciende las predicciones americanas sobre el futuro de Europa, que, según la Casa Blanca, podría desaparecer en los próximos 20 años.
Trump no ama ni entiende la Unión Europea; ha desmantelado el multilateralismo y el diálogo basado en el respeto al derecho internacional. Pero ahora dio un paso que nadie había previsto realmente. Trump habló sobre Groenlandia durante mucho tiempo, pero nadie había tomado en serio sus palabras. Parecía algo imposible de implementar. Pero fue un error, porque ahora Trump realmente quiere intentarlo.
Dice que Groenlandia es fundamental para la seguridad nacional estadounidense y, por ello, quiere controlarla de alguna manera. Le preocupa la presencia china y rusa en la zona y sabe que las rutas árticas son una de las nuevas prioridades de los futuros equilibrios geopolíticos globales.
El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, trató de explicarle que no puede tomar el control del territorio solo "porque lo quiera". Pero este es un concepto al que Trump parece no estar muy interesado.
Por lo tanto, es necesario repetir con claridad, otra vez más, que Groenlandia, aunque tiene cierto grado de autonomía, es territorio danés y que Dinamarca es un miembro de la Unión Europea y de la OTAN.
En consecuencia, una posible acción estadounidense, con la esperanza de que nunca tenga que ocurrir, contra Groenlandia haría, paradójicamente, que se activara el artículo 5 de la OTAN, que establece que todos los miembros de la Alianza intervienen en ayuda de un país agredido. Parece superfluo recordar que Estados Unidos es el país líder de la OTAN.
Hablar sobre esta situación de geopolítica fantástica, digna de una película y no de la realidad, deja en claro hasta qué punto han llegado las relaciones entre las dos orillas del Atlántico.
Los europeos han reiterado que no se pueden poner en cuestión principios como la soberanía, la inviolabilidad de las fronteras y la integridad territorial de un país, y que la seguridad del Artico sigue siendo una prioridad fundamental también para Europa.
En resumen, no se trata solo de un asunto estadounidense. Por ello, la seguridad en el Artico puede y debe, según Europa, ser garantizada colectivamente, en colaboración con los aliados de la OTAN, incluidos Estados Unidos, respetando los principios de Naciones Unidas.
Francamente, no parece un discurso que Trump pueda realmente considerar. Lo que Trump piensa de Europa es claro, al igual que parece claro que no está interesado en una colaboración de este tipo en el ámbito de la OTAN.
Por otro lado, Estados Unidos ya está trabajando para aumentar su presencia militar e influencia en Groenlandia.
En Washington están considerando un acuerdo de asociación muy fuerte que excluiría, de hecho, a Dinamarca y a Europa.
Sería una relación similar a la que Estados Unidos ya tiene con algunas islas del Pacífico, como Micronesia, las Islas Marshall y la República de Palau.
Según este tratado, las fuerzas armadas estadounidenses podrían operar libremente. También se prevería una asociación comercial exenta de aranceles.
En resumen, un camino, por obvias razones, más suave en comparación con el utilizado para Venezuela, pero que busca lograr el mismo resultado: el control de Estados Unidos sobre ese territorio.
Europa respondió de manera clara y contundente. Pero por ahora, son solo palabras. Los 27 deben prepararse para el desafío que Trump anunció con claridad y determinación. Deben intentar, hasta el final, iniciar un diálogo con la Casa Blanca para tratar de encontrar una solución diplomática, pero también deben ser conscientes de que esto podría no ser posible. Y no hay mucho tiempo. Así lo ha explicado el propio Trump: "Nos ocuparemos de Groenlandia en aproximadamente dos meses.
Hablaremos de ello en 20 días". (ANSA).



