Museos, conciertos, ballet... los moscovitas se refugian en la cultura
En la plaza Teatralnaya, donde deslumbra en la noche el teatro Bolshói de Moscú, Valentina Ivakina confiesa con cautela su deseo de "evadirse de los problemas actuales" en Rusia, inmersa desde hace cuatro...
En la plaza Teatralnaya, donde deslumbra en la noche el teatro Bolshói de Moscú, Valentina Ivakina confiesa con cautela su deseo de "evadirse de los problemas actuales" en Rusia, inmersa desde hace cuatro años en un mortífero conflicto en Ucrania.
Salas de conciertos abarrotadas, la galería Tretiakov llena en plena semana, entradas agotadas en internet para la exposición del pintor Marc Chagall en el Museo Pushkin...
Moscú, que junto con San Petersburgo concentra la vida cultural rusa y cuya oferta no ha disminuido desde 2022, ha visto cómo la afluencia a sus museos se disparó un 30% en 2025 con respecto al año anterior, según la vicealcaldesa de la capital rusa, Natalia Sergounina.
Valentina Ivakina, por su parte, acude a los espectáculos.
En esta noche de tormenta de nieve, esta especialista en marketing de 45 años asiste a una ópera de Prokofiev en el histórico escenario del Bolshói, después de haber visto la víspera un ballet basado en Chéjov. La semana anterior estuvo en otro teatro.
"Es una especie de intento de evasión de la realidad", asegura la mujer en la plaza Teatralnaya, que brilla como un árbol de Navidad, al evocar "menos posibilidades de viajar y salir del país".
El 24 de febrero de 2022, el presidente Vladimir Putin lanzó una ofensiva a gran escala contra Ucrania que ha causado cientos de miles de muertos, el conflicto más mortífero en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Las relaciones con Occidente se rompieron, las redes sociales con sede en el extranjero han sido reprimidas, los medios independientes están en el exilio y los visados son difíciles de obtener. Al mismo tiempo, el poder exalta los valores "patrióticos".
En público, las referencias a los cuatro años anteriores se hacen de forma velada, generalmente condensadas en una sola palabra: "el contexto".
- Los museos, una "conspiración silenciosa" en torno a la belleza -
"Parecía que quedaban muy pocas cosas a las que aferrarse", resume junto a su esposa el fotógrafo Víctor Chelin a la salida del museo Pushkin de Moscú, al que acuden los afortunados poseedores de una entrada para la exposición de Chagall titulada "La alegría de la atracción terrenal".
Pero los museos "son una especie de conspiración silenciosa, cuando caminas y comprendes que estás unido a los demás por la admiración de una cierta belleza".
Consultada por la AFP, la dirección del Pushkin no respondió a las peticiones de comentarios sobre el éxito de su exposición temporal del pintor, nacido y formado en el imperio zarista, pero que emigró a Francia pocos años después de la revolución de 1917.
Los espectáculos y exposiciones que ofrecen las grandes instituciones de Moscú pertenecen todos al repertorio clásico. Los grandes artistas rusos críticos con las autoridades se ven obligados al exilio o al silencio.
El sociólogo Denis Volkov describe a la AFP un "deseo de reducir el flujo de malas noticias, de filtrarlas" o de no hablar de ellas con los seres queridos, "porque existe el riesgo de encontrarse con una opinión contraria".
La postura predominante, según Volkov, director del centro independiente de sondeos Levada, declarado "agente extranjero" en Rusia, consiste en "no seguir atentamente (las noticias), no discutir" para "preservar la propia salud psíquica y las relaciones con los demás".
"Quizás de ahí provenga un renovado interés por la cultura", señaló.
Para Víctor Chelin, de 30 años, en Rusia ha ocurrido "algo enorme", que "da miedo". "Algo ante lo que cerramos los ojos, pero intentando vivir y mantener una cierta normalidad", aseguró.
Evoca "la impresión, como se dice, del 'Festín durante la peste'", en referencia al título de una tragedia de Pushkin, escrita durante una epidemia de cólera en Rusia en 1831.
Víctor y su esposa vivieron dos años en Georgia tras el inicio de la ofensiva masiva contra Ucrania, antes de regresar a San Petersburgo, donde frecuentan asiduamente el Museo del Hermitage: "ni siquiera vamos a ver obras de arte específicas, sino que nos sumergimos, como si nos uniéramos a algo familiar".
Irina, exprofesora de piano que solo compartió su nombre de pila, rechaza la idea de una vía de escape.
Esta mujer de 79 años, envuelta en un abrigo corto de piel, con los labios pintados de rosa fluorescente, afirma con aire entendido que sabe muy bien "todo lo que pasa en el mundo y dónde está el blanco y el negro".
"Vivimos con eso. Sí, vivimos con eso", repite, y añade: "a menudo vamos a todas las exposiciones que nos nutren y nos ponen de buen humor. Y Chagall es tan colorido que te dan ganas de vivir".



