Política: Mattarella, repugnante el rechazo a la paz, jóvenes no se rindan
Proteger salarios y salud. La República es el éxito de Italia. Sintonía con el Papa

"El mundo no se salva afilando las espadas", le hizo eco el papa León XIV pocas horas después. Es una reflexión común sobre la paz, sobre el significado profundo de la palabra, la que ha unido, entre la noche de San Silvestre y la misa en San Pedro, al presidente de la República y al Pontífice.
"Italia repudia la guerra" y lo dice la Constitución, escribió el Jefe de Estado en un mensaje al Papa, con quien el diálogo parece ser cada vez más estrecho y la sintonía más profunda.
"Se necesita la ley de la razón y de la justicia, no la del más fuerte", añadió, profundizando en el razonamiento ya iniciado en el mensaje de fin de año. Si la petición de paz parece dominar en las primeras horas de este 2026, hubo mucho más en la habitual aparición del presidente en las pantallas de las familias italianas.
En 15 minutos de discurso, Mattarella alimentó la fiesta laica de Año Nuevo añadiendo a la cena y al espumoso una razonada dosis de puntos de reflexión. Sobre todo para los más jóvenes, que son el futuro de la República.
Precisamente de esta palabra partió el Jefe de Estado, llamando a los italianos a hojear con él una especie de "álbum imaginario" para quitar un poco de polvo a la memoria colectiva.
A través de instantáneas que han recorrido los 80 años de la República, que alcanzan una cifra redonda precisamente el 2 de junio de 2026.
En 1946 los italianos eligieron la República y la eligieron gracias al voto de las mujeres, que desde entonces iniciaron un camino hacia la plenitud de derechos.
"Aún por completar", subrayó Mattarella, dejando entender que hay mucho por hacer. El Jefe de Estado invitó a los ciudadanos a seguirlo en una rápida inmersión en un pasado que ha convertido poco a poco a Italia en "un país de éxito". Se trata de un "mosaico" trabajosamente compuesto, que tiene su primera tesela en los padres constituyentes, cuya actitud debería tomarse como ejemplo también hoy: por la mañana discutían por el gobierno y por la tarde sabían encontrar compromisos por el bien del país. Huyendo -explicó citando al papa León XIV- de "violentos enfrentamientos verbales y de acusaciones recíprocas" para dar todos juntos una Constitución a Italia.
Casi 11 millones de ciudadanos escucharon las palabras de Mattarella en televisión, y muchos otros en la web. Lo escucharon confirmar que en política internacional no se admiten distinciones: la posición de la Italia republicana era clara desde su nacimiento y así permanece.
"La Unión Europea y la Alianza Atlántica han representado coherentemente, y constituyen, las coordenadas de nuestra acción internacional", reiteró.
Finalmente, la parte más social del mensaje que Mattarella expuso sabiamente en un juego de referencias entre pasado y presente, enumerando los grandes éxitos de la Italia de la posguerra y los muchos sufrimientos aún por curar. Bienestar, Sanidad, salarios, nuevas pobrezas, emergencias habitacionales y, naturalmente, el gran tema de la evasión fiscal.
El presidente enumeró todos estos males, con elegancia, pero sabiendo que los ciudadanos saben bien de qué habla. Recordó el Plan de Vivienda lanzado en 1949 y "las dificultades de las parejas jóvenes para encontrar alojamiento en nuestras ciudades".
Partió del Estatuto de los Trabajadores para pedir "retribuciones justas". Se lo recordó a un país que sufre de salarios inadecuados al coste de la vida.
Pero no terminó ahí, el juego de hablar del pasado para que se afronten los problemas del presente continuó con la defensa del sistema sanitario, otro punto doloroso para el gobierno: "La institución del servicio sanitario nacional garantiza la universalidad y gratuidad de los cuidados, representando otra conquista decisiva del estado social. Junto a él, el sistema de seguridad social extendido a todos. Condiciones -subrayó- a preservar frente a los cambios de cada tiempo".
Luces y sombras, como siempre en los discursos de Mattarella. Y la luz en este mensaje que ha llevado al 2026 han sido los jóvenes.
"Algunos -que los juzgan sin conoceros realmente- los describen como desconfiados, distantes, enfadados: no los resignen. Ser exigentes, valientes. Elegir su futuro. Sientan responsables como la generación que, hace 80 años, construyó la Italia moderna". (ANSA).



