Resurge la esperanza en Haití tras recuperación de zona clave tomada por pandillas

PUERTO PRÍNCIPE, Haití (AP) — Al salir el sol, un pequeño grupo de mujeres abría sus raídas sombrillas de playa en el corazón de Puerto Príncipe y escudriñaba el horizonte antes de abrir sus puestos de frutas y verduras.
Reinaba un silencio inusual en Carrefour Aéroport, un célebre cruce de la capital de Haití que antes bullía de tráfico y comercio, hasta que cientos de pandilleros irrumpieron en la zona a principios de marzo de 2024, en una ola de violencia sin precedentes.
Destrozaron negocios, mataron a civiles y prendieron fuego a un destacamento policial mientras los agentes huían.
Durante casi dos años después del ataque, las pandillas le fueron quitando la vida a Carrefour Aéroport.
Luego, en diciembre, agentes de la policía haitiana lanzaron un ataque sostenido contra las poderosas pandillas para expulsarlas de la zona, con la ayuda de una empresa privada de seguridad y de policías kenianos que encabezan una misión respaldada por la ONU, la cual está llegando a su fin.
La recuperación de Carrefour Aéroport es “probablemente uno de los primeros mensajes tangibles que han enviado las autoridades de que ‘sí, podemos recuperar el territorio de... tierra de nadie’”, afirmó Romain Le Cour, jefe del Observatorio de Haití en la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Transnacional.
Es un indicio de lo que podría ocurrir en otros puntos de Puerto Príncipe después de que una poderosa federación de pandillas conocida como Viv Ansanm comenzara a asaltar vecindarios y a atacar infraestructura clave del gobierno en febrero de 2024, en una serie de agresiones que obligó al cierre del principal aeropuerto internacional del país y que, con el tiempo, derivó en la renuncia del ex primer ministro Ariel Henry.
“Es una señal de esperanza”, expresó Le Cour. “Envía el mensaje de que esto se puede hacer”.
Un destello de vida
El 7 de febrero, las autoridades haitianas reabrieron un destacamento policial renovado en Carrefour Aéroport, en medio de un gran alboroto en una capital controlada en un 90% por pandillas.
Varios curiosos miraban y uno de ellos aplaudió cuando agentes fuertemente custodiados entraron en su edificio restaurado, casi dos años después de que las pandillas lo incendiaran.
“La vida regresa tímidamente a la normalidad”, declaró a los periodistas Jacques Ader, comisario de policía.
Desde la reapertura, los vendedores ambulantes y los conductores de coloridos autobuses, conocidos como tap taps, han vuelto a instalarse en la zona.
“Los pequeños negocios se recuperan”, señaló Jean-Remy Laveau, un mototaxista de 35 años que solía trabajar en el área antes de que las pandillas tomaran el control.
“Será bueno para mí: más actividades, más dinero, más trabajo. Podré alimentar mejor a mis dos hijos y a mi esposa”, manifestó.
Mario Volcy, un conductor de tap tap de 44 años que una mañana reciente señaló las furgonetas y los grandes autobuses que circulaban por la zona por primera vez desde principios de 2024, también está ansioso por trabajar.
Pidió al gobierno que procese a quienes desataron la violencia y que ayude a los afectados.
“Todas las víctimas deberían recibir apoyo del Estado”, dijo, antes de dar por terminada la entrevista, al señalar con una sonrisa que su tap tap estaba lleno. “¡Tengo que irme ahora!”
Y se fue, con una Biblia sobre el tablero y su tap tap con la frase “Dios es mi guía” estampada en un costado.
La frustración se acumula
No todos celebran el resurgimiento de Carrefour Aéroport.
Gaspar Caseus, de 49 años, comentó que sigue frustrado porque las pandillas aún controlan la carretera principal que conduce al sur de Haití. Instó a las autoridades a recuperar el control de otros cruces importantes.
“Necesito poder trasladarme hacia el sur”, explicó. “Ahí es donde recojo carbón para traerlo de vuelta a la ciudad y venderlo”.
“Las cosas cambiaron después del ataque”, añadió. “Destruyó mi vida. Obligó a mi familia a mudarse. Parezco un mendigo. Podía comer cuando me daba la gana. Ahora, sólo como si aparece algo o si un buen amigo se acuerda de mí”.
Caseus escuchó en la radio que en abril llegaría más ayuda. Para entonces, se espera que una llamada fuerza de supresión de pandillas tome las riendas de la actual misión respaldada por la ONU, que se está desactivando por falta de fondos y de personal.
“Mientras yo esté vivo”, dijo, “algún día las cosas cambiarán para mejor”.
“¿Cuál es el plan?”
Una mañana reciente, Antoinette Desulmon, de 32 años, se puso un sombrero grande para protegerse del sol y acomodó mangos, naranjas, tomates y pimientos con la esperanza de que alguien en Carrefour Aéroport le comprara ese día.
Observó que la policía patrullaba en un vehículo blindado y que el destacamento había reabierto, pero temía que la calma fuera pasajera.
“El miedo está conmigo cada segundo”, afirmó. “Estoy aquí vendiendo, pero mi cabeza está en otra parte”.
La pareja de Desulmon desapareció hace dos años; ella cree que fue víctima de la violencia de las pandillas.
“Lo extraño mucho”, dijo, y agregó que también le preocupan sus dos hijos, que viven en un refugio improvisado con un primo, entre los 1,4 millones de haitianos desplazados por la violencia de las pandillas.
Desulmon indicó que no tenía otra opción que volver a vender verduras y frutas para alimentar a sus dos hijos y a su primo.
“Mi corazón está roto”, expresó. “La depresión es real”.
A su alrededor, no se ha reconstruido nada salvo la comisaría. Decenas de viviendas calcinadas siguen en ruinas, mientras que los negocios y las escuelas continúan cerrados.
Le Cour, el experto en Haití, señaló que probablemente pasará tiempo antes de que Carrefour Aéroport recupere su ajetreada gloria de vendedores ambulantes, tiendas de autopartes y restaurantes que ofrecen café a los viajeros matutinos y una sopa local conocida como bouillon para el almuerzo.
Dijo que tenía esperanza de que la fuerza de supresión de pandillas que está por llegar recupere el control de aún más territorio.
Pero aun si lo logra, persisten grandes preocupaciones.
“Nos falta el otro lado de la ecuación, que es: ¿qué hacer con los miembros de las pandillas? ¿Cuál es el plan para el día después de recuperar el territorio?”, cuestionó Le Cour. “¿Son capaces de reconstruir el territorio? ¿Son capaces de hacer que la gente regrese?”
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Coto informó desde San José, Costa Rica.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.



