Rusia: Moscú recicla ex Wagner para sabotajes en Europa
Inteligencia rusa busca personas en apuros para cometer ataques

Así lo sostienen fuentes de inteligencia europeas citadas por el diario británico Financial Times.
Según esas fuentes, el papel de los llamados "wagnerianos" sería reclutar agentes "desechables" para sabotajes puntuales, captando sobre todo a personas marginadas o en situación de vulnerabilidad económica, a cambio de sumas de dinero. Sin componente ideológico: solo caos a bajo costo.
El rol de la red Wagner en la campaña de sabotaje atribuida a Moscú ha sido objeto de atención desde el inicio por parte de los servicios de seguridad europeos.
Cuentas en redes sociales vinculadas al grupo habrían participado, por ejemplo, en el reclutamiento de ciudadanos británicos a fines de 2023. Uno de ellos, Dylan Earl, un delincuente menor de 21 años, fue captado y en marzo de 2024 —tras reclutar a otros cuatro jóvenes— incendió un almacén en el este de Londres. El año pasado fue condenado a 23 años de prisión.
A partir de ese ataque, las agencias de inteligencia comenzaron a reconstruir una red mucho más amplia de operativos "descartables" asociados a Wagner en distintos puntos de Europa.
El fenómeno no es completamente nuevo. En 2025 generó conmoción el caso de un estudiante neerlandés reclutado por intermediarios rusos para obtener datos de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas, con sede en La Haya, utilizando un dispositivo Wi-Fi modificado.
También en ese caso el contacto se habría producido en línea, mediante chats y con promesas de pagos en criptomonedas.
En la OTAN algunos analistas describen este esquema como una "gig economy" del terror.
Por ello, el secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, ha cuestionado el uso del término "híbrido", al considerar que diluye la gravedad de estas operaciones.
En la cúspide de la estructura se mantiene el GRU, el servicio de inteligencia militar ruso, al que responderían los exWagner.
No obstante, la antigua red del grupo paramilitar contaba con una base ya consolidada de propagandistas y reclutadores que "hablaban el mismo idioma" que los perfiles vulnerables en Europa.
Además, la tercerización de estas tareas —en línea con el modus operandi ruso— ofrece un margen de negación plausible frente a eventuales acusaciones formales de los servicios de contrainteligencia occidentales.
Para las autoridades europeas, sin embargo, existe una ventaja: lo que los servicios rusos ganan en escala y reducción de costos al emplear intermediarios y saboteadores amateurs, lo pierden en profesionalismo y discreción. Hasta ahora, los atentados frustrados superan en número a los que lograron concretarse. (ANSA).



