San Valentín: la ciencia lo confirma, el amor protege al corazón
Estudio revela menos riesgo cardiovascular en relaciones estables

Esas relaciones disminuyen los niveles de cortisol, mejoran la variabilidad de la frecuencia cardíaca —un indicador preciso del bienestar del sistema nervioso y del corazón— y aumentan conductas protectoras como la adherencia a los tratamientos y un estilo de vida más equilibrado.
"Las relaciones estables —explica Nicola Maurea, director del Servicio de Cardiología del Instituto Nacional de Tumores de Nápoles— funcionan como un verdadero factor de prevención cardiovascular. Quien se siente emocionalmente apoyado responde mejor a las terapias, se cuida más y enfrenta la enfermedad con mayores recursos internos".
En otras palabras, no se trata solo de una metáfora poética: incluso el célebre "latido acelerado del amor" tiene bases biológicas reales.
El enamoramiento activa un complejo diálogo entre el cerebro, el sistema nervioso autónomo y el aparato cardiovascular.
En quienes están enamorados aumentan la adrenalina, la dopamina y la oxitocina; se elevan la frecuencia cardíaca y la presión arterial; y se modifica la percepción del tiempo y del propio cuerpo.
En la mayoría de las personas sanas, estos cambios son transitorios e inofensivos. Sin embargo, en algunos casos, ese latido intenso puede convertirse en una señal a la que conviene prestar atención.
"Especialmente en personas físicamente frágiles —advierte Maurea— la activación emocional puede favorecer palpitaciones, taquicardia o sensación de falta de aire, sobre todo en presencia de anemia, deshidratación, terapias cardiotóxicas o trastornos de ansiedad".
"Casi nunca hablamos de eventos peligrosos, pero sí de síntomas que merecen atención clínica. Durante una enfermedad importante, el cuerpo es más sensible también a los estímulos emocionales. Numerosos estudios demuestran que los vínculos afectivos y las relaciones significativas mejoran la adherencia a los tratamientos. Todo esto, claro, siempre que la relación funcione y sea correspondida", agrega.
El mayor riesgo surge cuando la emoción se transforma en agitación persistente, insomnio, miedo al abandono o sobreinvolucramiento, alimentando un estrés crónico capaz de agravar el cansancio y los trastornos cardíacos.
"La regla —subraya Maurea— no es evitar enamorarse, sino vivirlo con equilibrio y escuchar al cuerpo. Palpitaciones persistentes, mareos o falta de aire deben comunicarse al médico para distinguir entre reacciones emocionales y verdaderos problemas cardíacos".
En síntesis, el latido acelerado puede ser al mismo tiempo una señal de vida y una alarma. Pero la brújula es clara: cultivar relaciones auténticas hace bien al corazón, a la mente y, literalmente, a la salud. (ANSA).



