Ucrania: Dimitrian, arte bajo las bombas en Járkov
Un joven ucrania pinta a una ciudad asediada por los ataques rusos*
Por el enviado Lorenzo Attianese.
"Seguiré mostrando a través de la pintura lo que está pasando en este momento, para contar el desastre que han traído aquí nuestros vecinos", explica Dimitrian Komar, maestro de primaria de 29 años que desde 2022 siente sobre su cabeza el miedo constante a los misiles, pero también la rabia de quien está decidido a no abandonar su hogar.
Dimitrian vive, como los habitantes del distrito de Saltivka, suspendido entre el lento regreso a la vida y nuevos ataques, que han vuelto a ser tan feroces como hace cuatro años.
El barrio, el más golpeado de la ciudad desde el inicio de los bombardeos, se había convertido en un lugar fantasma. Fue entonces cuando el joven comenzó a pintar las ruinas que veía a su alrededor: enormes edificios grises de la era soviética reducidos a escombros por los cohetes, y luego construcciones destrozadas donde las habitaciones desnudas, sin paredes, exponen escenas de vida cotidiana abruptamente interrumpidas por las explosiones.
"Hasta ahora he pintado cuarenta cuadros. Con la pintura logro expresar mi dolor sin palabras. Las fotos y los videos pueden ser manipulados, pero sé que en estos lienzos puedo conservar imágenes reales, que he visto y vivido", dice mientras camina sobre la nieve frente a una de las construcciones devastadas, señalando uno de los lugares que ha retratado.
"Sigue exactamente igual", observa, y con las manos en los bolsillos para protegerse del frío, añade: "Mi objetivo es mostrarle a la próxima generación la verdad con la ayuda de la pintura. Mis obras son incómodas, no transmiten nada positivo ni reconfortante, pero ese es precisamente el propósito: cada cuadro debe ser una píldora amarga". Así, incluso un lienzo se convierte en la pantalla real de la vida cotidiana en tiempos de guerra.
Solo en las últimas horas, el más reciente ataque contra Járkov dejó cuatro muertos y seis heridos, mientras un dron impactó contra una instalación médica pediátrica, provocando un incendio.
Todo ocurre en un momento en el que varios habitantes evacuados están regresando poco a poco a sus casas. El ruido de martillos neumáticos y excavadoras se escucha por todas partes, en medio de los intentos por reparar o demoler los edificios dañados.
Aun así, hay quienes trabajan cada día bajo el sonido de las sirenas de alerta ante una nueva ofensiva de Moscú sobre la ciudad, donde se sigue muriendo. "Espero no volver a ver esos aviones rusos que llegaban desde Bélgorod", recuerda el artista, mientras baja de su departamento su última pintura, que por primera vez incluye también la sangre de las víctimas.
"Ahora incluso logro pintar los cadáveres de manera explícita", explica Dimitrian, sin dejar de diluir la pintura con la pesadilla de la cotidianidad ucraniana. (ANSA).



