Ucrania: en la línea de contacto en el Donbás, "bajo continuos ataques"
En la trinchera: "Con clima hostil, rusos avanzan, pero mantenemos nuestros puestos"
Lo mismo ocurre con el viaje en sentido inverso, que conduce a la "línea cero" de Donetsk, en las posiciones cercanas a la línea más allá de la cual la frontera entre Ucrania y Rusia es simplemente cuestión de encontrar las trayectorias correctas entre trampas y cadáveres, difíciles de recuperar sobre el terreno en ese punto.
"Los ataques desde el este aumentaron desde el verano pasado, y el mal tiempo es un arma de doble filo para nosotros: por un lado, los embates se ralentizan, y por otro, las tropas rusas avanzan a pie, intentando ganar terreno, porque con la lluvia, la nieve y el viento, no podemos cubrir adecuadamente nuestras posiciones con drones. Están presionando, pero en los últimos meses seguimos resistiendo; no hemos perdido territorio.
Por supuesto, por el momento, solo podemos defendernos", explican los soldados ucranianos del batallón "Legión del Norte" de la 44ª Brigada Mecanizada.
En la trinchera, son dos, acurrucados en esa zanja donde permanecen aislados al menos una semana con comida enlatada, café, té y barritas energéticas, y duermen alternándose tres o cuatro horas al día.
Kraska, de 36 años, es piloto de drones y no aparta la vista de la pantalla de su computadora, donde analiza imágenes de otras ubicaciones mediante la red Starlink y estudia coordenadas. Semen, de 25, es ingeniero y se encarga de cargar el dron con baterías y granadas, para luego salir al descubierto y prepararlo para el despegue. El objetivo es detectar enjambres enemigos en vuelo, dispersos por todas partes: mientras los "drones FPV" lanzan bombas, las mismas aeronaves "de emboscada" se estacionan en tierra por la noche y explotan durante el día al paso de los soldados, colocando minas y tendiendo emboscadas.
"Hay que buscarlas en coches quemados o en montones de basura, pero es más difícil en la nieve", explica Kraska, haciendo zoom sobre todo el campo de batalla. De repente, aparecen en la pantalla los cadáveres de soldados rusos, quizás allí desde un par de días, y luego la atención cambia: "Tenemos que asegurarnos de haber neutralizado todas los velívolos, de haber cubierto toda la zona". Luego, con la cabeza fría, salimos solo para recoger piezas o suministros mientras esperamos a la Nissan.
Es necesario moverse en forma veloz, tanto para quien conduce como para quien está en tierra. Solo estamos expuestos durante unos instantes interminables, bajo el insoportable zumbido de los drones, que es un recordatorio de muerte.
"No queremos abandonar este territorio porque podemos defenderlo", dice con seguridad el mayor Viacheslav Shutenko, comandante del batallón, al dar la bienvenida a sus hombres. "La situación aquí es peor luego de Pvkorosk, pero podemos combatirla 50% a 50%. No lo lograrán en 2026". Luego señala con su bolígrafo el mapa digital del teléfono, indicando las "zonas grises", surcadas por los combates: "Nos estamos recuperando en Kupiansk; solo quedan unos cien soldados rusos en la ciudad". Lo dice consolándose mientras se sacude el barro de las botas, en un lugar que nada tiene que ver con la geopolítica. (ANSA).



