Ucrania: Feroz ataque ruso antes de las negociaciones
Drones y misiles que dejaron a cientos de miles personas sin calefacción.
Los bombardeos se produjeron pocas horas antes de la llegada a Ucrania del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien consideró que estas acciones "no demuestran un compromiso real con la paz" por parte de Moscú.
Rusia inició la invasión de Ucrania en febrero de 2022, desencadenando el peor conflicto armado en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, con decenas —o incluso cientos— de miles de muertos en ambos países.
Explosiones resonaron durante toda la noche en la capital ucraniana. Habitantes de más de mil edificios residenciales despertaron sin calefacción, cuando las temperaturas descendieron por debajo de los -20 øC.
Este nuevo ataque contra el sector energético ucraniano se produce tras una semana de relativa calma. El Kremlin había anunciado la semana pasada que, a pedido del presidente estadounidense Donald Trump, aceptaría abstenerse de atacar Kiev "hasta el 1 de febrero".
El presidente Volodímir Zelenski denunció una "agresión deliberada contra las infraestructuras energéticas, con un número récord de misiles balísticos". Acusó además a Moscú de haber aprovechado la pausa para "acumular misiles" y "esperar los días más fríos del año" antes de golpear.
"Cientos de miles de familias, incluidos niños, fueron deliberadamente privadas de calefacción", lamentó el primer ministro ucraniano, Denís Shmyhal.
Según la Fuerza Aérea de Ucrania, el ejército ruso disparó 71 misiles y 450 drones de ataque, de los cuales 38 y 412, respectivamente, fueron interceptados. Estos ataques, ampliamente percibidos en Ucrania como un intento del Kremlin de quebrar la moral de la población civil, alcanzaron ocho regiones, entre ellas Kiev, Dnipró (centro-este), Járkov (noreste) y Odesa (sur).
La empresa privada DTEK, principal operadora energética del país, señaló que se trató del "ataque más potente contra el sector energético desde el inicio del año".
En Kiev, 1.100 edificios de barrios del este quedaron sin calefacción, informó el alcalde Vitali Klitschko. La instalación que suministra calor a esos inmuebles resultó "gravemente dañada" y especialistas evalúan si es posible repararla.
En Járkov, la segunda ciudad del país, más de 100.000 hogares se vieron afectados. Un conocido monumento soviético que conmemora la victoria sobre la Alemania nazi también resultó dañado, al pie de la gigantesca estatua de la "Madre Patria" que domina el perfil de Kiev.
El Ministerio de Defensa ruso aseguró, como tras cada ataque, que sus objetivos fueron "empresas del complejo militar-industrial ucraniano y las instalaciones energéticas utilizadas en su beneficio".
Antes de la breve pausa de la semana pasada, Rusia había lanzado una serie de bombardeos masivos contra centrales y subestaciones eléctricas, así como contra el sector gasífero, provocando la peor crisis energética desde el inicio de la invasión en 2022. Kiev fue particularmente afectada, con cortes que por momentos alcanzaron a la mitad de la ciudad.
"Para Rusia, aprovechar los días más fríos del invierno para aterrorizar a la población es más importante que elegir la diplomacia", denunció Zelenski el martes, luego de haber destacado la noche anterior una cierta "desescalada" tras la solicitud de Donald Trump.
Este nuevo ataque ocurre cuando rusos y ucranianos deben reunirse miércoles y jueves para una nueva ronda de conversaciones en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos. Se trata del segundo ciclo, tras un primer encuentro a fines de enero, bajo mediación estadounidense. Las negociaciones siguen siendo complejas.
Según Zelenski, el principal punto de fricción es la cuestión territorial: Moscú exige que las fuerzas ucranianas se retiren de las zonas que controlan en el Donbás, región industrial del este que Rusia reclama, una condición que Kiev rechaza.
En el frente, las tropas rusas aceleraron sus avances en enero, tomando casi el doble de territorio que el mes anterior, según datos del estadounidense Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW). (ANSA).



