Ucrania: "Kiev atacó una residencia de Putin"; Zelensky lo niega
Moscú: "lista para la represalia". Trump, actualizado por Putin: "estoy enojado"
El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serghei Lavrov, acusó a las fuerzas ucranianas de haber lanzado un ataque con 91 drones contra la residencia de Vladimir Putin en Novgorod, sin causar heridos ni daños, salvo a esos diálogos que habían alcanzado con dificultad “la fase final” bajo la égida de Donald Trump.
“Una típica mentira rusa”, fue la respuesta del presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky: “Ucrania no toma medidas que puedan socavar la diplomacia. A diferencia de Rusia”.
Y, de hecho, Moscú ya anunció su intención de revisar su “enfoque negociador” y de haber planeado “una represalia” de la que Putin puso al tanto a Trump en la esperada llamada telefónica —considerada “positiva” por la Casa Blanca— en la que el presidente estadounidense debía actualizar al líder del Kremlin sobre los diálogos del día anterior en Mar-a-Lago y sobre la que quedan “algunos nudos espinosos”.
Según los rusos, “el ataque terrorista” en Novgorod ocurrió “prácticamente inmediatamente después” del cónclave en Florida, y el jefe del Kremlin aseguró a Trump que no quedaría sin respuesta.
“Este supuesto ‘ataque a la residencia’ es una pura y simple invención para justificar más ataques contra Ucrania, incluida Kiev”, advirtió el presidente ucraniano, recordando que Moscú nunca dejó de golpear su capital, “incluido el palacio del Consejo de Ministros”.
Ahora “la posición de Rusia será revisada”, advirtió el consejero de Putin, Yuri Ushakov, quien, al informar sobre la conversación entre los dos presidentes, habló de un Trump “sorprendido e indignado” por lo ocurrido y feliz de “no haber dado los Tomahawk” a Kiev.
“Lo supe de Putin, estoy enojado. No está bien, no es el momento adecuado”, comentó luego el magnate en una conferencia de prensa con el premier israelí, Benjamin Netanyahu.
El Kremlin espera ahora que el episodio “influya también en el enfoque estadounidense hacia la colaboración con Zelensky” y que Trump acceda a las solicitudes rusas, comenzando por el rechazo a un alto el fuego temporal solicitado por el líder ucraniano para poder organizar un referéndum sobre el eventual acuerdo de paz en 60 días.
Según Moscú, durante las negociaciones, Estados Unidos ya habría insistido “de manera agresiva” con Ucrania para que “adopte medidas concretas para una solución definitiva del conflicto” en lugar de buscar una tregua.
Rusia, por otro lado, advirtió que “evaluará el final del conflicto militar en el contexto del logro de sus objetivos”.
En el plan de paz de 20 puntos, sobre el cual parece haber un acuerdo del 95%, permanecen sin resolver los nudos del Donbás y el de la central nuclear de Zaporiyia.
Sobre el primero, Moscú pide “el retiro de las fuerzas armadas ucranianas más allá de las fronteras administrativas” de la región casi completamente ocupada por los rusos, mientras que Kiev reafirma su postura, con Zelensky que reeditó la propuesta de que sea el pueblo ucraniano el que decida “porque es su tierra”.
En cuanto a la segunda “cuestión no resuelta”, el desacuerdo es con los Estados Unidos, que presionan por una gestión compartida de la central entre ucranianos, americanos y rusos, lo que Kiev querría excluir.
Según el relato de Zelensky sobre las conversaciones de Mar-a-Lago, el entendimiento está, sin embargo, “al 100%” sobre las “fuertes garantías de seguridad” de Estados Unidos: “Solo estamos discutiendo algunos detalles respecto al período de validez”, declaró el presidente ucraniano.
Washington prevé una duración de 15 años prorrogables, mientras que Kiev los considera insuficientes y aspiraría a una protección contra las ambiciones rusas por “30-40-50 años”. A lo que se suma la presencia de tropas extranjeras en el terreno, la “verdadera garantía de seguridad que nuestros socios ya nos están ofreciendo”, declaró Zelensky, quien a principios de año se reunirá con los aliados europeos en París, antes de dirigirse en grupo a Washington para finalizar los últimos puntos. Siempre que la diplomacia resista a acusaciones, amenazas y nuevos ataques en el terreno. (ANSA).



