Ue: ruido entre París y Berlín, corazón del proyecto europeo
Tensión en el eje europeo, con Alemania cerca de Italia

Difícilmente en el pasado se habría escuchado una crítica tan directa hacia un aliado clave —también en el plano simbólico— dentro de una Europa tradicionalmente impulsada por el motor franco-alemán.
Wadephul no apeló a eufemismos: quien hable de soberanía europea "debe actuar en consecuencia en su propio país". Y agregó que, "lamentablemente, los esfuerzos en la República Francesa han sido hasta ahora insuficientes para alcanzar el objetivo del 5% del PIB en defensa".
En declaraciones a la radio pública Deutschlandfunk, el jefe de la diplomacia germana sostuvo que "también Francia está llamada a hacer lo que estamos haciendo aquí: generar capacidad de inversión mediante debates difíciles, aplicar ciertas medidas de austeridad en el sector social y ahorrar en otros ámbitos. Y, sobre todo, garantizar las capacidades de defensa de Europa".
El ministro reafirmó además la necesidad de la alianza transatlántica, aclarando —si hacía falta— que la postura adoptada por el canciller Friedrich Merz en la Conferencia de Seguridad de Múnich apunta a un relanzamiento, no a una ruptura.
"Solo podemos defendernos junto a Estados Unidos, no solos.
Esa es la realidad. Es lo más fundamental e importante que tenemos. Recomiendo encarecidamente poner fin a los debates que cuestionan la alianza de la OTAN y su cohesión. Nadie en Washington discute eso. Sin el paraguas nuclear estadounidense, no somos capaces de defendernos aquí", afirmó.
Las declaraciones llegan en semanas en que los medios alemanes observan un acercamiento a la Italia de Giorgia Meloni, que según varios analistas estaría incluso ocupando el espacio que deja la Francia de Emmanuel Macron.
Berlín y Roma colaboran con mayor sintonía en distintos dossiers, mientras el líder del Elíseo enfrenta crecientes dificultades internas. La entrevista de Wadephul volvió así a poner bajo la lupa la fragilidad del eje franco-alemán.
El contexto es complejo. Por un lado, en Berlín se subrayó tras la cumbre bávara la necesidad de sostener o incluso "refundar la alianza transatlántica", reparando la "confianza" perdida.
Por otro, el reconocimiento de la "fractura" generada con Estados Unidos a raíz de la cultura Maga —"no nos pertenece", marcó el canciller— evidenció un punto de divergencia con Roma.
El mapa que emerge muestra ejes cruzados entre Berlín, París y Roma, con luces y sombras en la relación entre las tres capitales llamadas a liderar la Unión Europea en uno de los momentos más decisivos de su historia.
La irrenunciable amistad franco-alemana ha sufrido, de hecho, sacudidas notorias en los últimos meses. París intentó bloquear el acuerdo con el Mercosur, provocando el malestar del canciller, que sin embargo logró el respaldo italiano tras algunas vacilaciones iniciales.
Berlín, a su vez, se apartó en la práctica del proyecto del caza europeo de nueva generación, que quedó empantanado junto a Francia.
Con Macron, además, Merz inició conversaciones sobre el delicado tema de un eventual paraguas nuclear europeo. "Son apenas el comienzo y no se esperan resultados rápidos", señaló el portavoz del canciller.
En cuanto a los eurobonos —que volvieron al centro del debate en una Unión que necesita acelerar decisiones—, París y Roma dialogan con mayor fluidez que con Berlín.
Pese a las tensiones, una cooperación estrecha entre las principales potencias europeas sigue siendo indispensable para enfrentar la amenaza rusa y el progresivo repliegue estadounidense. (ANSA).



