Venezuela: el infierno de El Rodeo, la cárcel chavista
A 30 kilómetros de Caracas, condiciones durísimas

Es en esta prisión, a la sombra de las colinas de Guatire, a unos treinta kilómetros de Caracas, donde hasta hace pocas horas permanecía recluido el cooperante italiano Alberto Trentini, hoy ya en libertad.
El complejo penitenciario se divide en Rodeo I y Rodeo II y desde hace años es escenario de historias de violencia y sufrimiento.
El primero está considerado un centro de máxima seguridad y alberga en gran medida a presos políticos, extranjeros o acusados de delitos contra el Estado; el segundo acoge principalmente a reclusos comunes.
Una distinción que, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos —en un informe de 2011 y en actualizaciones posteriores—, no ha evitado graves violaciones en ambas instalaciones ni ha garantizado condiciones de detención acordes con los estándares internacionales.
Con el paso de los años, El Rodeo se ha convertido en sinónimo de hacinamiento y pérdida de control, una deriva documentada por numerosos organismos internacionales.
Amnistía Internacional, en sus informes sobre Venezuela entre 2017 y 2024, ha denunciado condiciones de reclusión degradantes, acceso limitado a la atención médica y el uso sistemático del aislamiento como forma de castigo.
Una crisis que estalló de manera dramática ya en 2011, cuando un motín interno obligó al Gobierno a desplegar una intervención militar a gran escala que dejó al menos 22 muertos y 54 heridos, marcando un antes y un después en la gestión penitenciaria del país.
A este panorama se sumaron en 2025 las denuncias de Human Rights Watch y del Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP).
Según los testimonios recopilados, detenidos de El Rodeo habrían sido sometidos a torturas físicas y psicológicas, aislamiento prolongado en celdas de dos por dos metros, amenazas y humillaciones.
Un ex recluso peruano relató descargas eléctricas, alimentación insuficiente, temperaturas extremas y la total ausencia de comunicación con familiares y abogados, una práctica que el derecho internacional considera potencialmente equiparable a la tortura.
Pese a los anuncios de reformas y a algunas excarcelaciones esporádicas, El Rodeo sigue siendo señalado por las organizaciones de derechos humanos como uno de los focos más críticos del sistema penitenciario venezolano: un lugar donde la vulneración de derechos es parte de la rutina diaria (ANSA)



