Venezuela: relaciones con EEUU, escenario imposible hace semanas
Analistas aplauden rápida apertura a inversiones, pero resaltan ausencia de elecciones

Este jueves se registró un hito con el restablecimiento pleno de relaciones diplomáticas y consulares entre Estados Unidos y Venezuela, rotas en 2019 por Trump en medio de su política de máxima presión de entonces contra Maduro. El acuerdo, anunciado por el Departamento de Estado, abre una nueva etapa enfocada en la seguridad para inversionistas, con expectativas de grandes flujos en petróleo y minería, aunque sin énfasis en elecciones inmediatas, salvo en algunos mensajes del secretario de Estado Marco Rubio.
Desde el 3 de enero puede decirse que comenzó una nueva página en la historia de Venezuela, con la operación militar estadounidense que capturó a Maduro y su esposa Cilia Flores en Caracas, acusados de narcoterrorismo por un tribunal de Nueva York.
Desde entonces, la presidenta interina Delcy Rodríguez, exvicepresidenta de Maduro, ha liderado un gobierno de transición que ha cooperado con Washington a pasos agigantados.
En este período intenso, se han reformado leyes para facilitar inversiones extranjeras, excarcelado a decenas de presos políticos -aunque más de 500 permanecen detenidos, según organizaciones de derechos humanos- y especialmente se han recibido visitas de alto nivel a Caracas.
Entre los visitantes destacados figuran el director de la CIA, John Ratcliffe; el secretario de Energía, Chris Wright, quien en febrero discutió el potencial petrolero; el jefe del Comando Sur, general Francis L. Donovan, enfocado en seguridad regional; y el secretario del Interior, Doug Burgum, cuya visita de dos días culminó con el anuncio diplomático, centrada en garantías para empresas mineras en áreas controladas por grupos criminales.
Esto último será un tema álgido en la Venezuela post-Maduro tal como ha advertido el portal especializado Insight Crime.
Estas misiones de alto nivel, junto al anuncio de que Trump podría visitar Caracas, reflejan el interés de la Casa Blanca en estabilizar la economía de Venezuela para explotar sus vastas reservas de crudo y minerales, promoviendo crecimiento económico y mejoras en la calidad de vida de los venezolanos, según declaraciones oficiales.
Expertos en relaciones internacionales han calificado este giro como "inesperado y contradictorio". Vanda Felbab-Brown, de Brookings Institution, señala que el acuerdo deja intacto gran parte del régimen de Maduro, priorizando un "protectorado" económico sobre la democracia.
Desde el Council on Foreign Relations (CFR), analistas advierten que esta cooperación con chavistas como Delcy Rodríguez, presidenta interina y su hermano y presidente del parlamento Jorge Rodríguez, además de otros duros del régimen de Maduro como el ministro Diosdado Cabello, establece un precedente peligroso para la región.
"Trump justifica la intervención por reservas petroleras (y seguridad energética), pero el enfoque ignora la transición democrática", indica un informe del CFR, que estima inversiones millonarias para reconstruir la infraestructura petrolera.
Guillermo Aveledo, decano de la Universidad Metropolitana en Caracas, describe el viraje como "realpolitik pura": "Trump desestimó a la oposición democrática como María Corina Machado, optando por acuerdos con el aparato chavista para controlar recursos estratégicos". Y este escenario no figuraba en ninguna prospectiva y menos que en cuestión de semanas se cimentara una cooperación tan estrecha entre Caracas y Washington, tras la captura de Maduro.
Otros think tanks, como Chatham House desde Londres, ven en esto un "nuevo orden hemisférico" bajo Trump.
Laurel Rapp, directora del programa de Estados Unidos en Chatham House, afirmó que "la rapidez del restablecimiento diplomático, tras nueve semanas de presiones, prioriza estabilidad económica sobre derechos humanos, con Rubio como voz solitaria defendiendo elecciones, aunque sin fecha ni condiciones claras".
Esta nueva etapa apunta a inversiones masivas en el sector petrolero por parte de las gigantes occidentales como Chevron, Shell, Repsol, ENI, así como la explotación minera en el sur del país, con Estados Unidos supervisando las ventas petroleras de Caracas y la inversión social y de infraestructura del gobierno de Rodríguez.
Aunque Rubio insiste en que "habrá elecciones en Venezuela", la ausencia de plazos para tales comicios refleja el pragmatismo que rodea a la administración Trump: economía primero, democracia después.
El restablecimiento diplomático entre Caracas y Washington cierra un capítulo de confrontación, que data del primer gobierno de Trump, pero abre interrogantes sobre la soberanía venezolana y el rol e influencia de Estados Unidos en América Latina.
Con más de 500 presos políticos aún en los calabozos y una oposición prodemocracia que parece marginada del proceso post 3 de enero, el "giro agigantado" que está teniendo lugar podría consolidar un híbrido autoritario-económico, según expertos citados por The New York Times. (ANSA).



