Ahora, la cultura extiende sus fronteras hasta el río
La Fundación Banco Patricios está realizando el reciclaje de un silo ubicado en pleno corazón de Puerto Madero con objeto de transformarlo en su nueva sede. La obra contará con salas de exposiciones, biblioteca, el instituto universitario, teatros y mucho más. La idea de la institución es acercar un complejo cultural de grandes dimensiones a la zona de más desarrollo de la ciudad
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La Fundación Banco Patricios está construyendo el que será seguramente el mayor emprendimiento cultural del país de los próximos años. Hace 8 años la institución dio un gran paso al saltar de un reducido recinto al edificio situado en la esquina de Callao y Sarmiento, donde comenzó a funcionar como uno de los principales polos de atracción cultural.
Esa noble construcción neoclásica que había alojado al bazar Dos Mundos se fue convirtiendo, merced a una inteligente gestión cultural, en cita obligada del circuito artístico porteño.
Ahora, y en un hecho que merece celebrarse, la Fundación está reciclando un antiguo silo en Puerto Madero para convertirlo en su nueva sede. El silo, que perteneció a la Junta Nacional de Granos y que se construyó en la década del veinte, se convertirá en un gran contenedor cultural.
Hay dos hechos que a primera vista vale la pena destacar. En primer lugar, la fuerte apuesta al desarrollo de la oferta cultural de la ciudad que significa la construcción de esta nueva sede que triplicará la superficie de la actual y que sucede simultáneamente junto con la construcción del Museo Costantini y del Museo Fortabat.
Y, en segundo término, el notorio cambio del perfil que ésta, junto con la realización del centro de convenciones emplazado frente al dique vecino, le imprimirá al área del Puerto Madero, limitada hasta el presente a usos de oficinas y gastronómico.
Un instrumento de cultura
Los autores del proyecto, el estudio Mariano Bilik y Asociados y Sergio Fryd y Juan Jose Szewc Arquitectos (que contaron con la colaboración de los arquitectos Antonio Ledesma, Pablo Capria, Laura Arienza, Pablo Battista y Ezequiel Alvarez y del ingeniero Guillermo Sambresqui) destacan que el edificio se sitúa en el eje histórico de la ciudad configurado por el Congreso nacional, la Avenida de Mayo y la Casa Rosada.
A diferencia de lo que sucede con la sede actual -realizada por los mismos profesionales- en la que sacaron un inteligente provecho de la nobleza constructiva del edificio al restaurar sus molduras y aventanamientos, en el caso del silo, la propuesta es aprovechar la envolvente cilíndrica de los depósitos adaptándola a las nuevas necesidades funcionales.
Tratándose de una construcción cuyo valor reside en los fuertes y únicos condicionantes funcionales que le dieron origen, la propuesta de los arquitectos hace hincapié en el contraste que producirá la adaptación de tolvas y mangas que fueron depósito y transporte de granos y que serán, una vez finalizada, singulares portadoras de un mensaje cultural.
El proyecto consta de tres grandes sectores. Los silos específicamente alojarán salas de exposiciones, el Instituto Universitario Patricios, la biblioteca y áreas de administración, además de los nuevos núcleos de circulación vertical.
Un cuerpo nuevo, paralelo a los silos, funcionará como acceso principal, a cuyos lados se alojarán un auditorio para 300 personas y una gran sala de exposiciones. Y por último, el sector que se extenderá desde el silo hasta el borde del dique 3, que contendrá un auditorio para 850 espectadores, un restaurante y por sobre ellos un auditorio a cielo abierto con capacidad para 1500 personas, librería confitería y una plaza de esculturas.
Las salas de teatro estarán equipadas con tecnología de avanzada acorde con las necesidades de un centro de espectáculos de fin de milenio. Otro tanto sucederá, según afirman los autores, con las características de las salas de exposición, que cumplirán con las más exigentes normativas museográficas internacionales para permitir la realización de exhibiciones provenientes de museos del exterior.
La construcción, cuya finalización se prevé para octubre del año próximo, dispondrá de 15.000 m2 cubiertos y dos niveles de cocheras.
Para permitir su aventanamiento, los silos serán perforados en sentido vertical en toda su altura y tendrán un coronamiento de dos niveles agregados que permitirán una inigualable vista de la ciudad y el río. Vista que también será protagonista en la manga que antiguamente alojaba a la cinta transportadora y que será una inédita sala de exposición longitudinal suspendida en el aire a 20 metros de altura.
Cirugía profunda
Al recorrer la obra junto con el arquitecto Mariano Bilik y su equipo se tiene la sensación de estar casi en una construcción metafísica. Resulta extraño introducirse paulatinamente en la estructura del antiguo silo que poco a poco va dejando lugar a los nuevos tabiques y perfilerías del futuro centro cultural.
Bilik la describe como una operación de cirugía, y no porque sea cosmética, sino porque "hay que cortar aquí y unir allá casi al mismo tiempo".
El objetivo de esa compleja tarea de incisión y pegado es aprovechar el perímetro portante de los cilindros de hormigón al tiempo que se los vacía en su interior y se construyen pórticos vinculados con la cáscara de las tolvas para permitir el desarrollo de actividades que requieren de grandes espacios sin particiones.
Así, las salas de exposiciones y aulas constarán de recintos flexibles y no condicionados por su antiguo uso. Entre las rarezas de la obra cabe mencionar también que en algunos sectores se construye desafiando las leyes del oficio, de arriba abajo en lugar de hacerlo de abajo arriba. En efecto, los tabiques de hormigón correspondientes al núcleo de circulación comenzaron a ejecutarse primero en los niveles superiores, y se apoyan transitoriamente en la cáscara de hormigón de los cilindros, con el objeto de no retardar los tiempos de obra y disponer de espacio en la planta baja para poder hincar los nuevos pilotes de la fundación.
Quien hoy visita la obra se encuentra con el extraño espectáculo de nuevos muros de hormigón colgados de los antiguos como si fueran piezas móviles de una escenografía cambiante.



