El desafío de la primera obra
Cinco arquitectos dieron sus primeros pasos fuera de la Facultad y cuentan cómo es la experiencia de remodelar y construir edificios; su visión sobre la realidad profesional, y la relación con los clientes
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Remodelar un baño, reciclar una clínica médica o construir una casa es el sueño de todo estudiante al concluir la carrera de Arquitectura. Federico Zavala, Elena Leguía y Luciano Gastaldo, Rodrigo Kommers Wender y Ezequiel Safar, son ejemplos de esa aspiración. Recién recibidos o a un paso de recibir su título, creen que la Facultad les proveyó las herramientas necesarias para relacionarse con sus clientes y resolver los problemas de la profesión, admitiendo limitaciones por la falta de experiencia.
Federico Zavala, aunque todavía debe algunas materias para recibirse en la FADU-UBA, se impuso el desafío de convertir su baño, "que no tenía ni bidet", en uno completo: "La realidad inmobiliaria nos impone células básicas de 1,5 x 2 m; repensé el baño desde cada uno de sus elementos, articulándolos y relacionándolos entre sí, y basándome en las distintas posiciones y movimientos del cuerpo".
El resultado fue un ambiente confortable que incluye hasta hidromasaje y música funcional, y que parece más amplio por la disposición fuera de escuadra de los artefactos, hechos a medida. "Todo, en un volumen de 7 m3", recuerda Zavala.
Elena Leguía estudió en la FADU-UBA y Luciano Gastaldo, en la Universidad Nacional de Rosario, pero se conocieron trabajando en un estudio de Buenos Aires. Una vez egresados, se asociaron con Soledad Perna (que ahora reside en Barcelona), para reciclar una vieja imprenta como clínica de rehabilitación kinesiológica, dirigida por un profesional cubano: "Para responder a un programa de necesidades tan complejo, y contando con un presupuesto bastante limitado, buscamos crear una atmósfera que cubriese las necesidades físicas y psicológicas de los pacientes. Para esto, conservamos elementos de la estructura original (donde se alojaron las oficinas, boxes de atención y gimnasio) y construimos espacios nuevos (vestuarios y piscina). Logramos una atmósfera apacible regulando la calidad de la luz natural y la artificial, y combinando colores y texturas de materiales como madera, goma, lajas y venecitas, y chapas de fibra translúcida", dicen.
Los arquitectos Rodrigo Kommers Wender y Ezequiel Safar fueron compañeros en la Universidad de Palermo y proyectaron una moderna vivienda en un country poblado de chalets, para el padre de uno de ellos: "En un terreno de 430 m2, propusimos un volumen cúbico de casi la misma superficie cubierta (350 m2), con una serie de sustracciones que generan situaciones híbridas que suavizan la relación entre interior y exterior (un patio, una terraza y la pileta). El proyecto empezó meses antes de que termináramos la Facultad, pero recibirnos no cambió de ningún modo nuestra condición de aprendices", coinciden los autores.
-¿Es muy diferente la realidad de lo que se aprende en la Facultad?
Kommers Wender: -La diferencia está en que la práctica te permite desarrollar cierta sensibilidad por lo constructivo, entender el comportamiento de los materiales. Literalmente, esto ocurre cuando ponés manos en la obra.
Zavala: -Al principio tuve algunos inconvenientes en la construcción, tanto con los gremios como en la resolución de los detalles. El agua y la humedad era el problema por resolver; por eso tuve que rehacer una puerta de inspección de madera en perfilería metálica, y aprendí que para revestir todo con venecitas hay que agregar un componente hidrófugo, porque si no se despegan.
Safar: -La Facultad te da mecanismos para resolver problemas, aunque no te prepara para relacionarte con los clientes y cobrar honorarios. De todas formas, nuestra camada tiene la suerte de empezar a ejercer en un momento del país bastante interesante, en el que la sociedad mira más hacia adentro que hacia afuera para buscar valores e identificarse. Esto va a repercutir en las futuras construcciones.
-¿Qué creen que cambió?
Safar: -Creo que hay una mayor apertura mental, pero el cambio verdadero está presente en el uso de los espacios, porque antes tenías un salón para fumar y ahora una sala con TV y multimedia. Hay que animarse a romper con los prejuicios sobre los countries, materiales y gustos del cliente. No hicimos algo muy común para un country; sin embargo, mucha gente que vio nuestra casa de hormigón armado dijo que le gustó; hasta conseguimos otro cliente.
-¿Cómo fue el trato con sus clientes durante la obra?
Kommers Wender: -La casa se hizo acordando al máximo. Uno sabe por qué una decisión es mejor que otra, pero además hay que saber dar una explicación sólida.
Leguía: -También es cierto que el cliente no tiene tantas ambiciones estéticas como arquetipos arraigados. Es muy posible que si querés modificar alguna puerta o ventana, porque te gusta como queda en el dibujo, tu cliente ni se dé cuenta; en cambio, puede exigirte que hagas una cocina cerrada porque no quiere que se le llene la casa de humo cuando cocina un bife.
Zavala: -Pienso que uno es su mejor cliente. Mientras proyectaba, hice varias maquetas a escala para ir viendo cómo se vería el espacio, pero la realidad es muy diferente. Un día dije: Basta, no puedo seguir haciendo maquetitas de cartón, entonces decidí dejar la Facultad un año para construirlo. Ahora estoy comprobando si todo lo que pensé era así.
Gastaldo: -Sí, pero sólo en tu caso podías hacer un diseño tan complejo; se nota que tenías todo el tiempo del mundo para hacer y rehacer detalles y terminaciones. Tus decisiones están sustentadas por horas de trabajo, y el costo es necesariamente mayor.
Zavala: -No creas que es tanto así; el tiempo de la obra era clave. Viví dos meses con la mezcladora a los pies de la cama. Imaginate lo que puede ser el acopio de materiales en un departamento de dos ambientes. ¡Era un campo de batalla!
Mi familia y mis vecinos pensaban que me había vuelto loco, y sólo me entendieron cuando lo vieron terminado. En cambio, otros arquitectos que lo vieron me demostraron su aprobación. Y mostrarlo hasta me permitió conseguir el encargo de un proyecto bastante original.
Profesionales y comitentes, en sintonía
Los jóvenes arquitectos, lejos de cualquier prejuicio, creen que hay que saber responder a las necesidades del cliente: "Hasta ahora hemos tenido buenas relaciones con ellos. Todos los puntos en que no estuvimos de acuerdo por alguna razón los hemos conversado hasta llegar a un denominador común. Es un aprendizaje mutuo, pues al discutir los problemas pensamos conjuntamente las alternativas y soluciones posibles, y eso ya es de por sí muy enriquecedor. El arquitecto es un prestador de servicios. La pregunta, de la cual ya tenemos respuesta, es ¿para qué y para quién presta ese servicio?
"Desde nuestro punto de vista, el resultado pasa a ser entonces lo mejor que pudimos hacer todos en una situación dada, con determinadas condiciones, sin la nostalgia de lo que podría haber sido; eso no existe", opinan los arquitectos Rodrigo Kommers Wender y Ezequiel Safar.



