Mendoza ganó un espacio para la cultura
El nuevo Auditorio del Centro de Congresos y Exposiciones de la ciudad de Mendoza es un conjunto emblemático de la provincia, porque responde a la demanda de edificios multipropósito aptos para gran cantidad de público y con equipamiento tecnológico del más alto nivel
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Se inauguró en la ciudad de Mendoza el Auditorio del Centro de Congresos y Exposiciones , cuya construcción comenzó en julio de 1997 y finalizó en marzo último con un presupuesto de US$ 8.300.000 ( 4.300.000 para la obra y el resto para el equipamiento).
Del concurso organizado en julio de 1994 se presentaron trece proyectos y ganó la propuesta del equipo integrado por el estudio de los arquitectos Baudizzone-Lestard-Varas, los arquitectos asociados Blinder-Gradel-Janches y los colaboradores arquitectos Ferrari-Donoso-Izraelewicz-Frenkel, que luego de un análisis exhaustivo decidieron que "la nueva sala de 3000 m2 no debía tener una imagen tradicional, sino otra más tecnológica y de gran escala debido a la presencia de la cordillera como telón de fondo", explicó el arquitecto Alberto Varas a La Nación . Por otro lado, la ubicación de la sala y el partido adoptado responden al análisis de los complejos requerimientos del terreno y su entorno.
El resultado fue el diseño de un edificio accesible desde los distintos puntos, situaciones espaciales variadas y que ofrece visuales dinámicas desde y hacia el edificio. "Nuestra forma de trabajar -dijo Varas- es la de comenzar proyectando formas muy simples que se van complejizando, y donde la perspectiva y el ingreso de la luz natural enriquecen el espacio". La resultante fue un volumen único que contiene todo el programa logrado a partir de la intersección perpendicular de dos cilindros (el del alzado del edificio y el de la cubierta) materializados en metal, vidrio y hormigón.
Dentro del edificio (1) se inserta un prisma rectangular de 33,40 x 54 m. que contiene la sala propiamente dicha (con capacidad para 2000 personas, piso plano horizontal, ingreso de luz natural y un escenario elevado 1,20 m sobre la cabecera principal), que puede dividirse en dos salas menores (una de 1000 m2 con capacidad para 1000 personas y otra de 800 m2 con capacidad para 800) mediante un tabique acústico colgante plegadizo, que se acciona mecánicamente. Este fue realizado en estructura metálica, una lámina de plomo en su interior y revestimiento de pana.
El volumen lleva adosado un foyer curvo más bajo que sirve de espacio de transición entre una austera plaza seca (2), que mide 20 x 20 m, que linda con el Parque Ecológico (3) y el acceso ubicado en la calle Virgen del Carmen de Cuyo. La fachada sobre esta calle tiene una marquesina backlight diseñada por el estudio de diseño gráfico García Balza-González.
Múltiples usos
Según detalló Varas, el edificio que servía como Sala de Congresos (4), con entrada por la avenida Peltier, ahora sirve de acceso a la nueva Sala de Congresos, ofreciendo una perspectiva muy interesante del interior. El criterio constructivo de ésta se basó en preservar al máximo la calidad acústica y funcional, combinando las funciones estructurales sismorresistentes, constructivas y estéticas (calculadas por el ingeniero A. Stescovich), y logrando una solución integrada que disminuye los futuros costos de mantenimiento.
La caja de la sala es estructural, muraria y acústica, de hormigón armado calado de distintas granulometrías. Encima de este muro apoya una estructura de vigas reticuladas con una cubierta compuesta por dos techos de chapa metálica aluminizada con lana mineral en su interior de 30 cm de espesor. El piso de la sala es de cemento alisado cubierto con alfombra.
Las instalaciones sanitarias y termomecánicas fueron realizadas por el arquitecto J.C. Beverati y los ingenieros Gaviño-Nieto, respectivamente.
Para servir como salón multipropósito la sala permite su rápida adecuación a usos variados, como exhibiciones, banquetes, convenciones y congresos y actividades deportivas y culturales. El sistema acústico-lumínico se autoexcita por el nivel de ruido al ingresar en la sala y se ajusta automáticamente para cada uso previsto. La instalación eléctrica estuvo a cargo del ingeniero Luis Grinner.
Se usó un sistema de dispersores de residuo cuadrático (QDR, diseñados por el ingeniero Fenzi) colocados en el cielo raso con una inclinación de 30º, y otros, en las paredes laterales de la sala, compuestos por elementos de absorción de baja frecuencia. En la pared del escenario, en el fondo, se dispusieron superficies convexas diseñadas acorde con las dimensiones de la sala en madera laminada curvada y pintada con cuadernas dispuestas asimétricamente con el fin de evitar frecuencias predominantes.
"Como la mayoría de las actividades del nuevo centro son nocturnas, se estudió su iluminación para que luzca como una gran linterna en el parque", resume el arquitecto Varas.



