Opuestos que se atraen
La muestra puso en el valor el arte de mezclar: arte étnico y lámparas de diseño, sillones franceses tapizados con estampas modernas, entre otros
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Dicen que los opuestos se atraen tanto que, como en una telenovela, ese amor-odio concluye en la pregunta de si en realidad conviene que vayan juntos o no. Esta tensión se puso a prueba en Kontrast Concept, muestra de diseño que del 13 al 16 del actual, en el centro de exposiciones Costa Salguero, tuvo como consigna el contraste.
La puesta en crisis de estéticas tan diferentes -que ya se advierte en la dualidad del logo de la muestra- permitió que un maravilloso mueble de madera, de Ricardo Paz, conviva en feliz armonía con un futurista chez longue de aluminio anodizado y tientos de cuero diseño, de Fernando Poggio. Una puesta en escena teatral que Jorge Fernández pensó como la imagen que al público le gustaría tener, en la que los diseños de cada una de las firmas convocadas serían los personajes.
Llegaron de distintas regiones del país Arte Etnico Argentino, de Santiago del Estero; Enrique Salvatierra y Arte Pampa, de Catamarca, y Gabriel Romero, de Guasú, Corrientes, que por primera vez participa de una muestra en Buenos Aires.
Se presentaron diseñadores emergentes como Cristian Mohaded y Jorge Schmeda, de Mosch (con sus novedosas bibliotecas Cons realizadas en lenga); Martín Irizar, de IK (muebles en madera, espuma poliuretánica, aluminio), y María Rusconi (con lámparas y muebles-lámparas, en madera y tecnología LED).
Además, Fernando Poggio presentó un nuevo revestimiento realizado en aluminio con doble anodizado de color y grabado que pueden aplicarse en seco sobre diversas superficies. Algunos objetos de Raval reflejaban el espíritu Kontrast: "A través de la restauración de mobiliario y textiles buscamos el contraste de colores y materiales", comenta Alejandro Wasserreich, a propósito de un sillón Luis XV tapizado con un aguayo, donde en el objeto mismo se juega con el contraste.
En el pasillo central, en espacios comunes o escenarios ambientados por Verónica Firpo y Liliana Flugelman, se sucedían diferentes postales como una silla de Gabriel del Campo junto a una lámpara de Dos + Uno, por ejemplo. Increíble, pero el juego resultaba desconcertante para los visitantes que se acercaban a preguntar de quién era el stand . Entonces, el que quería ver cómo resultaría una combinación propia acudía con los productos seleccionados a un estudio de fotografía, donde la estilista Laura Saint Agne experimentaba las fusiones, y Lucila Cummins lo registraba con sus fotos.
A partir de la certeza de lo tangible, de este juego dialéctico surgen el desarrollo de nuevas ideas y propuestas, lo cual no es poco decir.



