Autos que envejecen bien (y otros no tanto)

Simplicidad, sobriedad y evolución progresiva son las claves para que el diseño de un auto pueda perdurar en el tiempo y superar generaciones. Aquí algunos casos emblemáticos
Renato Tarditti
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10 de agosto de 2019  

Volkswagen Golf de cuarta generación
Volkswagen Golf de cuarta generación

Una experiencia bastante aterradora en Facebook es cuando nos cruzamos con ese viejo compañero de la secundaria, que se tomó el trabajo de digitalizar las fotos del viaje de egresados y ahora nos expone al mundo -para citar un caso- luciendo orgullosamente pantalones Surf Pacific mostaza y (¡horror!) un corte de pelo estilo "cola de pato". Pasa que aquello que nos parecía canchero o apropiado en un determinado momento, con el paso del tiempo puede pasar a ser visualmente incómodo o incluso motivo de vergüenza diferida.

Con los autos pasa algo similar. ¿Cuántas veces nos cruzamos por la calle con uno de esos modelos que en su momento nos volaban la peluca y ahora nos genera una mueca de duda, cuando no directamente de desagrado? Por supuesto también existe el caso contrario. Y así como en la foto de Bariloche nos vemos con esas zapatillas que nos gustaría volver a tener, puede pasar que en la calle veamos algún coche por el cual no dábamos un centavo y ahora nos hace pensar: "Pero che, ¡qué bien que envejeció este auto".

Obviamente, como cualquier tema relacionado a las cuestiones estéticas, todo depende de nuestros gustos personales e incluso de nuestra historia y experiencias. Para quien haya pasado su infancia yendo a visitar a su abuela a un pueblito de Córdoba en un Renault 4, ese modelo siempre será uno de los más lindos de la historia. Tampoco trata esta nota sobre los autos considerados "clásicos". Porque a nadie se le ocurriría considerar si un Jaguar E-Type, un Citroën DS o un Mercedes-Benz SL "Pagoda", envejecieron bien o mal. Todos esos modelos ya son indiscutibles.

Aquí se trata los autos más terrenales, esos con los que hemos convivido años atrás y ahora nos obligan a validar si nuestro gusto en materia de diseño se mantiene o si ha ido cambiando con el correr del tiempo.

La tiranía de la moda

"Moda" es la palabra clave en todo este embrollo. Entender por qué determinadas formas se dan en tal o cuál período es una tarea colosal, donde se cruzan desde determinados estadíos socioculturales hasta nuevas técnicas de diseño y fabricación que habilitan nuevas posibilidades formales.

A modo de ejemplo, la moda de las formas aeronáuticas y espaciales en los autos estadounidense de la década de 1950 respondió a un clima social muy específico. Una conjunción entre el optimismo por la victoria en la Segunda Guerra Mundial y un poderoso crecimiento económico, que motivó una avidez de los consumidores por adentrarse en un futuro promisorio de la mano de los cohetes y los aviones a reacción.

El Audi A3, de buena evolución en el tiempo
El Audi A3, de buena evolución en el tiempo

Como contraejemplo, la época de los autos cuadrados y estilísticamente austeros en las décadas de los 1970 y 1980, es en buena medida producto de la crisis del petróleo y la consecuente recesión económica mundial, que obligó a los fabricantes a tener un abordaje más racional en sus productos y privilegiar cuestiones como la facilidad de fabricación, la practicidad (de ahí la "forma de caja") y el bajo consumo de combustible. Más allá de las simplificaciones, lo cierto es que cuando una determinada moda estilística se instala como el estándar en el gusto de los consumidores, es muy difícil para los fabricantes salirse de ella, a riesgo de quedar marginados del mercado.

Los riesgos

Una de las razones principales para que un producto caiga en la obsolescencia estética es, justamente, que quede pasado de moda. Podemos establecer entonces la primera regla para un envejecimiento digno: aquellos productos que menos concesiones hicieron a la moda imperante en el momento, son los que más chances tienen de sobrellevar bien el paso del tiempo.

Las marcas alemanas, especialmente Audi y Volkswagen, supieron ser expertas en evitar saltos abruptos en su estilo para adecuarse a las tendencias. Lo lograron con un diseño sutilmente evolutivo, en el que cada generación avanza de a pequeños pasitos, incorporando solo lo justo y necesario para mantenerse modernos. Tanto es así, que muchas veces fueron tildadas de excesivamente conservadoras y hasta de aburridas. Y hay que decir que en ocasiones los cambios propuestos son tan imperceptibles que es difícil para un ojo inexperto notar las diferencias entre una generación y otra. Un buen ejemplo de esto es el actual A3, que apenas se diferencia de su antecesor que, paradójicamente, luce casi tan actual como su sucesor.

En la vereda opuesta están, por ejemplo, Ford y Renault. Ford fue pasando de un estilo muy recto en los '80 (ejemplo, el Escort); a uno bulboso y redondeado en los '90 (el primer Mondeo, el Taurus); a uno de líneas curvas y ángulos muy marcados en los '90 (el famoso estilo New Edge inaugurado por el primer Focus); hasta el actual Kinetic Design (ya en retirada), con posturas muy lanzadas hacia adelante y pliegues de chapa prominentes. Vistos a la distancia, incluso con diseños exitosísimos en su momento (caso del Sierra o del mencionado Focus), esta falta de continuidad dificulta que la mayoría de los modelos envejezcan bien. Con Renault pasó algo similar: saltos de un estilo a otro, sin mucha solución de continuidad. Un buen ejemplo es el Mégane, que en su primera generación abrazó la moda de las formas orgánicas en los 90 (el llamado Biodesign), y sus diseñadores se jactaban de que no había una arista recta en su carrocería. Como la mayoría de los modelos que incorporaron ese estilo -muy popular entre los primeros productos de Hyundai y Kia, por ejemplo-, no envejeció nada bien. Más suerte tuvo su sucesor (el famoso "cola de sapo"), que polarizó opiniones en su lanzamiento, pero con el tiempo, a fuerza de personalidad, es hoy mucho más valorado en el ambiente del diseño.

El Mitsubishi Lancer en su versión Wagon
El Mitsubishi Lancer en su versión Wagon

Para envejecer bien, "menos es más"

Un caso interesante son los autos japoneses. A partir de mediados de los '80, cuando las marcas niponas emprendieron la conquista del mercado global, adoptaron en general un estilo muy neutro, algo genérico y decididamente poco conflictivo. Sin embargo, muchos de esos modelos poco emocionantes en su momento envejecieron más que dignamente. Autos como el modesto Mitsubishi Lancer de mediados de los noventa, hoy se roban miradas de aprobación y admiración. ¿La clave? Líneas muy simples y claras, poca ornamentación y un gran trabajo de proporciones, tan sutil que pasa casi inadvertido.

La simplicidad es otra de las claves para envejecer bien. Pasa que el exceso de estilo en general termina siendo percibido como algo anticuado con el correr de los años. Pasó con el mencionado estilo aeronáutico de los '50 (las aletas y toberas pueden resultar carismáticas, pero dan la sensación de algo vetusto y obsoleto); pasó con el también mencionado Biodesign (demasiado mórbido, blando y a veces rebuscado); y sobre todo con el estilo retro de fines de los '90 que, salvo excepciones como el Mini y el Fiat 500, terminó siendo percibido como algo falso e impostado. No hay mejor ejemplo de esto último que el Chrysler PT Cruiser, que en su momento hizo furor y hoy es uno de esos autos que dan un poco de vergüencita ajena.

Por el contrario, estilos más simples y racionales como el de los '70 y '80, aún con esas formas de caja, dan una mejor sensación de envejecimiento en la actualidad. ¿A quién no se le escapa un suspiro cuando ve un cuadradísimo Volvo 244, o mismo un más aerodinámico 740? Sin dudas estos dos modelos envejecieron mejor que sus sucesores, que fueron haciéndose más redondeados y recargados. Pasa algo similar con el Peugeot 205 con respecto al 206 (que cuando salió parecía una nave espacial), el Clio I con respecto al Clio II, y tantos otros ejemplos.

Dos casos. El Mégane, en su primera generación, abrazó la moda de las formas orgánicas (arriba); el PT Cruiser fue furor en su momento
Dos casos. El Mégane, en su primera generación, abrazó la moda de las formas orgánicas (arriba); el PT Cruiser fue furor en su momento

Un buen caso de estudio, que combina diseño evolutivo con simplicidad formal, es el Volkswagen Golf. Como el Porsche 911, es un auto que siempre se mantuvo más fiel a sí mismo que a las distintas modas, y cada generación envejeció comparativamente mejor que sus rivales contemporáneos. En términos de buen envejecimiento, el punto más alto -a juzgar para quien escribe- es la cuarta generación (1997-2004). Con un diseño que es un canto a la síntesis y la precisión, hoy sigue luciendo más moderna incluso que las dos generaciones posteriores (que ya comenzaron a abundar en redondeces y cromados). Tan atemporal luce el Golf IV que hasta podría ser visto como un antecesor directo de la versión actual.

Otra forma de ver el diseño

Esto de pensar cómo el transcurso del tiempo afecta nuestra percepción sobre los autos viejos, es también un buen ejercicio para juzgar el diseño de los modelos actuales. La receta es simple: tratar de abstraerse de la moda imperante e imaginarse como lucirán en 10 o 20 años.

Si nos guiamos por la premisa de que la simplicidad hace que el paso de los años sea más benévolo, la moda actual -caracterizada por el exceso de recursos, ornamentos, detalles, torsiones en las superficies, pliegues marcados, etcétera- probablemente no sea muy favorable para el buen envejecimiento de la mayoría de los productos. Ese ejercicio de la imaginación nos permite apreciar que autos actualmente considerados anodinos, demasiado conservadores o directamente aburridos van a envejecer mejor que otros más llamativos, recargados y agresivos. Seguramente el VW Vento de la generación anterior va a envejecer mejor que su sucesor, y ambos lo van a hacer mejor que el espectacular Honda Civic actual.

Para cerrar, el diseño atemporal siempre pareciera ser una meta deseable. Pero no todas las marcas se pueden dar ese lujo, y lo cierto es que la verdadera tarea de los diseñadores es hacer autos lo suficientemente atractivos como para que se vendan en el momento en el que se tienen que vender. Para lo demás, el tiempo siempre tendrá la última palabra.

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