El orgullo de Estela, la conductora salteña que manejó el primer subte que llegó a la estación Retiro de la Línea E

Estela, la primera en llegar a la estación Retiro de la Línea E
Estela, la primera en llegar a la estación Retiro de la Línea E Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo
Valeria Musse
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3 de junio de 2019  • 09:00

Esta mañana fue distinta en la vida de Estela Caballero. Aunque debió presentarse en su lugar de trabajo como lo hace todos los días, un nuevo recorrido la esperaba por delante. Después de más de 16 años conduciendo una formación del subte E, hoy, minutos después de las 8, llegaría a Retiro al mando del coche que inauguraba oficialmente el trayecto extendido.

"Estaba algo nerviosa, pero orgullosa de que me hayan elegido para esto", decía la mujer a LA NACIÓN. Es que se lo ganó con esfuerzo, dedicación y mucho amor por lo que le gusta.

Cuando tenía 12 años, Estela viajó por primera vez en la Línea A del subte sin saber que ese momento iba a ser premonitorio sobre su futuro laboral. Ingresó a Metrovias en noviembre de 1998 por un aviso clasificado en el diario y permaneció siempre en la línea E.

Oriunda de Rosario de la Frontera, en Salta, la mujer comenzó su labor como boletera. Pero quería más y presentó un informe de promoción interna para pedir que la capacitaran para ser guarda, lugar en el que prestó tareas durante poco menos de tres años.

Estela es conductora y Alicia es guarda
Estela es conductora y Alicia es guarda Fuente: LA NACION - Crédito: Silvana Colombo

"Un día, las autoridades vinieron a preguntarme si quería aprender para ser conductora", recuerda Estela, que hoy tiene 60 años. No lo dudó y, en poco tiempo, se transformó en una de las primeras tres mujeres que estuvo al mando de una formación bajo tierra.

Y ahí es donde le gusta estar. Dice jocosa: "No me quiero mover de acá, amo a esta línea". No sabe explicar bien qué la enamora de ese recorrido. Tal vez sea ese mural que decora una de las paredes de la estación Pichincha, sentido norte, y que la traslada, imaginariamente, hacia algún lugar con montañas rodeado de un cauce de agua.

O, tal vez, sea por el buen trato que muchos de los usuarios le devuelven. Caballero cuenta que horas atrás una pasajera la interceptó en la estación Bolívar cuando se disponía a hacer el cambio de cabina y le regaló dos caramelos. "Son estas cosas las que te llevas de recuerdo", enfatiza la conductora, una de las 300 mujeres que trabajan en Metrovías el área de tráfico del subte, conformada por conductoras, guardas y supervisoras.

La extensión del ramal la entusiasma, aunque tenga que despertarse una hora más temprano para cumplir con su nuevo esquema de trabajo. "Es un placer hacer este trabajo", resume, orgullosa de inaugurar la extensión de la línea E.

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