Nació en un barrio carenciado y, con la ONG que fundó, lo mejora pintando murales

Acuña y los voluntarios con los que sale a pintar el barrio
Acuña y los voluntarios con los que sale a pintar el barrio Crédito: Ignacio Sánchez
Mariano Acuña vive en Santa Rita, Boulogne; dicta clases para chicos vecinos e interviene artísticamente la zona, inspirador
María Nöllmann
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3 de marzo de 2020  

Cuando tenía 27 años, Mariano Acuña dejó de trabajar como vendedor en una mueblería, su primera labor en blanco, para tomar un puesto de barrendero municipal en su barrio, Santa Rita, en Boulogne. La idea lo entusiasmaba. Sus familiares y amistades, en cambio, cuestionaban la decisión. "Ustedes no entienden -les respondía él-. No es que a mí me interesa barrer calles. Lo que yo más quiero es limpiar el barrio".

Acuña se había propuesto que su zona, en ese entonces un área precaria de casillas con techos de chapa, se transformara. Después de su horario laboral, él empezaba a pintar. Pintaba murales, fachadas de casas y hasta palos de luz. También daba clases voluntarias de arte, su mayor talento, en el comedor comunitario del barrio. Sin embargo, como la concepción de merendero no le agradaba porque no ayudaba a desarrollar a las familias, decidió abrir una ONG.

Así surgió Starte, un espacio que se mantiene con changas, donaciones y ferias mensuales. Allí se dan clases de apoyo escolar, talleres y cursos de orientación vocacional, dictadas con ayuda de voluntarios. Pero su principal insignia es el arte: su fundador y los chicos más grandes que concurren a la ONG salen permanentemente a pintar murales y casas del barrio. Algunos de estos jóvenes fueron, años atrás, los niños que iban al merendero. "Antes yo les daba clases a ellos y ahora ellos son quienes pintan y enseñan", cuenta Acuña, que hoy tiene 33 años.

El primer trabajo en blanco de Acuña fue en una mueblería
El primer trabajo en blanco de Acuña fue en una mueblería Crédito: Ignacio Sanchez

La ONG funciona en uno de los dúplex homogéneos que construyó el gobierno provincial hace más de 20 años para urbanizar el barrio. La zona no ha dejado de ser conflictiva y, en el último tiempo, el barrio se mediatizó debido a múltiples casos de violencia.

"Acá hay que tenerlos muy cortitos", explica Acuña, mientras prepara un mate en la cocina de Starte. Sobre la puerta, cuelga un papel escrito a mano: "En hora de trabajo, el celular, ¡no!". En las paredes, en cambio, la libertad es absoluta: fueron dibujadas y pintadas desde el techo hasta el piso por los mismos jóvenes que ayudan con los murales del barrio. Son unos 11 adolescentes de entre 17 y 18 años, que también enseñan arte y contribuyen con el apoyo escolar.

"Mariano llamó la atención; el barrio no estaba acostumbrado a este tipo de actitud desinteresada que no viniera de la Iglesia o de un partido político. Por eso tanta gente lo sigue", cuenta Sergio Instanto, un amigo de Acuña que lo ayuda con Starte.

Ejemplo

Según Acuña, su vertiente solidaria surgió del ejemplo de Adriana, una mujer que vivía cerca de su barrio cuando él era chico. Les abría las puertas de su casa cuando él y dos amigos más salían a pedir alguna ayuda. Con el tiempo, los dos otros chicos siguieron rumbos diferentes, pero Acuña siguió visitándola durante años, hasta que murió. "Ella y su familia me hicieron conocer la vida que existía fuera del barrio. Adriana era luz. Era quien más me alentaba, la única que me iba a ver jugar al fútbol. Siempre me decía: 'Vos nunca te vas a drogar ni vas a robar', y me enseñaba con el ejemplo a preocuparme por el prójimo", recuerda.

La ONG se mantiene con changas y donacions
La ONG se mantiene con changas y donacions Crédito: Ignacio Sanchez

Durante aquellos años, después del horario escolar, Acuña cortaba el pasto y vendía monederitos en la estación de Boulogne. Según cuenta, hacía cualquier trabajo que le pidieran con tal de ganar plata. Su vida cambió a los 17, cuando lo contrataron como vendedor en una mueblería. Recibió su primer sueldo en blanco. "Cuando cobré, sentí un gran alivio. Pero, al rato, me puse a pensar en los chicos de mi barrio, en aquellos que, como yo, nunca habían recibido un regalo. El barrio estaba lleno de injusticias", dice.

El alivio por el sueldo se transformó en un malestar interno. Decidió usar el dinero para comprar juguetes, todos los que pudo durante varios meses, y los acumuló en su habitación hasta que llegó el Día del Niño. En esa tarde de 2007, Acuña se disfrazó de payaso y, con ayuda de Instanto y algunos vecinos, cortó una calle para hacer la fiesta. "Lo repetimos los años siguientes y hoy se sigue haciendo", explica.

"Yo me drogaba -cuenta Pamela Leiva, una exvecina del barrio que está de visita en Starte-, a mis hijos no les daba atención, y Mariano fue el primero que les hizo un regalo. Nos cambió a todos. Desde muy chiquito ya se notaba que era distinto. Con solo 11 años, venía y me decía que me iba a denunciar por pegarles a mis hijos y andar drogada". Hoy, está recuperada de sus adicciones.

Como Leiva, el grupo de jóvenes voluntarios se instala ahí casi todas las tardes. "Starte fue el pilar de todo", dice Alexis Mansilla, uno de ellos. Es cantante y compositor de rap; en el último año grabó para Spotify, fue contratado por Radio Disney para tocar en el Movistar Arena y se presentó en Cosquín Rock. "Yo andaba siempre muy desmotivado. Pero los chicos de acá me apoyaron, me dijeron que era bueno. Fueron los únicos que me vinieron a ver en mi primera fecha", recuerda.

"Ayer también nos juntamos acá con los chicos -cuenta Acuña-. Yo los miraba y pensaba: Román está jugando al tenis y está empezando el profesorado. Luciano está trabajando con Sergio en fotografía y edición de imágenes. Es un orgullo".

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