Controversia por plantas medicinales

En Brasil, por las especies del Amazonas
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31 de diciembre de 2001  

SAO LUIS, Brasil (The New York Times News Service).- El gobierno brasileño, cada vez más temeroso de lo que considera "biopiratería" por parte de las compañías farmacéuticas, universidades y laboratorios extranjeros, está empezando a actuar para imponer controles más severos sobre las plantas medicinales en el Amazonas.

Este esfuerzo está motivado en gran parte por el deseo de crear y obtener utilidades de una industria nacional de biotecnología en lugar de permitir que los no brasileños reciban la mayor parte de los beneficios. Pero el gobierno también está enfrentado a una presión creciente por parte de los chamanes y ancianos de los 230 grupos indígenas de Brasil, quienes temen estar perdiendo el control de la sabiduría tribal y también desean una parte de los ingresos potenciales.

En esta zona se encuentra casi una cuarta parte de las especies vegetales que existen en el mundo. Muchas de ellas crecen únicamente en Brasil y aún no han sido sometidas a investigaciones por los científicos occidentales, aunque han sido usadas durante miles de años por los indígenas para tratar una gran variedad de padecimientos. Eso da a Brasil un lugar privilegiado en la regulación de la biotecnología, superior a cualquier país del trópico, que es la región que muchos consideran la más prometedora para el desarrollo de nuevos medicamentos.

"Los brasileños son los líderes en esto -dice Mark Plotkin, etnobotánico-. El potencial en este campo es fenomenal, pero no se ha concretado todavía, así que depende de ellos crear reglamentos claros."

El robo de la biodiversidad

En una reunión realizada en el borde oriental del Amazonas, chamanes de una décima parte de las tribus de Brasil exhortaron al gobierno a "crear mecanismos de castigo para frenar el robo de nuestra biodiversidad". Sugirieron que quizás incluso fuera necesario imponer una "moratoria total de la explotación comercial de la sabiduría tradicional de recursos genéticos" hasta crear un sistema más justo.

"No estamos en contra de la ciencia, pero tampoco deseamos ser sólo abastecedores de datos", dijo Marcos Terena, de la tribu terena.

El sistema por el que ha optado el gobierno brasileño es el de una base de datos centralizada que acumularía todos los conocimientos recogidos por los "científicos tradicionales", como a veces se llama aquí a los chamanes. Cualquier investigador que desee utilizar esa información tendría que pagar una cuota inicial de acceso, a lo que seguirían pagos regulares durante el proceso de investigación y una parte de las utilidades si los resultados finales resultaran en un medicamento comercialmente viable.

"Necesitamos un mecanismo que proteja a las comunidades que poseen conocimiento tradicional, y no sólo a los investigadores", dice José Grava Aranha, director del Instituto Nacional de Propiedad Industrial, la agencia gubernamental que otorga patentes y marcas. "Lo importante es que haya una coparticipación de beneficios, lo cual no es posible dentro del sistema actual."

En su mayor parte, la promesa de drogas milagrosas elaboradas mediante plantas de la selva sigue siendo elusiva, debido al costoso y largo proceso de investigación que es necesario. Sin embargo, funcionarios del gobierno brasileño y defensores de los pueblos indígenas denunciaron lo que describieron como un patrón de apropiación indebida de plantas y bacterias nativas, e incluso de muestras de sangre de indígenas.

Qué dicen las leyes

Una empresa farmacéutica japonesa, por ejemplo, ha tratado de patentar un extracto derivado de una raíz llamada muirapuana , considerada un afrodisiaco aquí y conocida localmente como la "Viagra amazónica". Además, un hombre de negocios estadounidense trató de patentar la ayahuasca , un alucinógeno que se utiliza para fines religiosos por chamanes del Amazonas, pero que también tendría efectos terapéuticos.

Las compañías farmacéuticas y otras instituciones de investigación en Estados Unidos y Europa dicen que ninguna de sus actividades es ilegal dentro de las leyes brasileñas o la ley internacional de patentes. En 1992, una Convención Internacional de Diversidad Biológica otorgó algunas protecciones sobre patentes a los "conocimientos tradicionales". Estados Unidos, sin embargo, no ha ratificado el tratado, en parte debido a un intenso cabildeo en el Congreso por parte de los grupos farmacéuticos.

La legislación para proteger la "bioprospección" en Brasil fue aprobada por la Cámara baja del Congreso en 1998, pero quedó estancada en el Senado, mientras la oposición acusa al gobierno de ser demasiado condescendiente con las firmas farmacéuticas y el gobierno alega que si adopta una posición demasiado intransigente desalentaría una investigación que Brasil no puede darse el lujo de realizar por su cuenta.

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