Eduardo Charreau, académico de Medicina

La emotiva ceremonia fue a sala llena
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14 de mayo de 2004  

Personalidades de la ciencia, la medicina y la universidad, ministros y embajadores colmaron ayer el Aula Magna de la Academia Nacional de Medicina para presenciar la incorporación del doctor Eduardo Charreau, presidente del Conicet.

En el escenario iluminado se encontraban personalidades tales como el secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, ingeniero Tulio Del Bono; el rector de la Universidad de Buenos Aires, doctor Guillermo Jaim Etcheverry; el decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Favaloro, doctor Branco Mautner, y el ministro de Salud, Ginés González García.

El académico Alejandro Paladini pronunció las palabras de bienvenida, en las que recordó algunos rasgos sobresalientes del nuevo miembro.

Doctorado en 1965 y profesor titular de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA en 1975, el doctor Charreau ingresó algunos años antes en el Instituto de Biología y Medicina Experimental (Ibyme), donde trabajó con la guía del doctor Houssay. Allí creó una activa escuela de endocrinología molecular, dirigió a 50 graduados argentinos y latinoamericanos, y publicó más de 200 trabajos científicos. A lo largo de su carrera, Charreau también continuó la obra de su maestro en lugares clave, como la presidencia de la Asociación Argentina para el Avance de la Ciencia y la del Conicet.

"La grandeza de los maestros se conoce por la grandeza de los discípulos", afirmó Paladini.

Durante su alocución, el nuevo académico pasó revista a su largo camino en la vida científica local y defendió el valor del conocimiento.

"Así como soy un ferviente defensor de la visión de atender el valor agregado inteligente que somos capaces de producir los argentinos [...], deseo advertir que no debe caerse en la equivocación de convertir la investigación solamente en una actividad de negociación financiera, verdadero ejercicio de oferta y demanda."

Y más adelante expresó: "Esta designación trasunta la responsabilidad de servir con amor el progreso de las ciencias biomédicas, sin orgullosos dogmatismos, sin excesos tumultuosos".

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