
¿El dinero no hace la felicidad?
Para Aristóteles, la felicidad es de los que se bastan a sí mismos.
Para Montesquieu, si nos bastase ser felices, la cosa sería facilísima; pero queremos ser más felices que los demás, y esto es casi siempre imposible porque creemos que los demás son bastante más felices de lo que son en realidad.
Para Keyserling, el ser humano no busca la felicidad, sino un equilibrio entre felicidad y sufrimiento apropiado a su naturaleza.
Para Tolstoi, el secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer siempre lo que se hace.
Y un axioma popular explica que con la felicidad pasa como con los relojes: los menos complicados son los que menos se descomponen.
Es indudable que los escritores conocen el alma humana. Pero si se pretende un enfoque más científico del tema, el trabajo que acaba de ser publicado en el Journal of Personality and Social Psichology, firmado por Kennon Sheldon y coautores, tal vez pueda ofrecer una respuesta.
Los psicólogos interrogaron a grupos de jóvenes de tres diferentes universidades, en los Estados Unidos y en Corea del Sur, acerca de cuáles fueron los acontecimientos que los hicieron más felices. También compararon 10 necesidades psicológicas para determinar cuáles nos resultan verdaderamente fundamentales.
Según estos autores, las cuatro condiciones determinantes para ser feliz son la autonomía, la competencia (sentir que se es efectivo en las actividades que se emprenden), los vínculos con otras personas y la autoestima.
Luego vienen la determinación (tener metas propias) y ser físicamente atractivo. Y sólo en último lugar -escuchen esto-: la popularidad y el dinero.
No es la primera vez que los psicólogos se preguntan acerca de la felicidad. Para Mihaly Csikszentmihalyi, de la American Psychological Association, lo que hace felices a las personas no son las casas ni los autos. Su estudio entre 1000 jóvenes demostró que los que provenían de hogares más acomodados se consideraban menos felices que los de hogares más humildes.
Y David Myers y Edward Diener, del Hope College y la Universidad de Illinois, afirman que mientras en los Estados Unidos los ingresos personales se duplicaron entre 1960 y 1990, el porcentaje de gente que se considera feliz disminuyó.
Sin embargo, y a pesar de que todo indica que la riqueza no hace la felicidad, otro estudio de la Universidad de Michigan demostró que cuando a las personas se les pregunta qué piensan que mejoraría su calidad de vida, la mayoría elige el dinero.
Me pregunto qué contestarían los argentinos. Seguramente que, como decía Jacinto Benavente, "Eso de que el dinero no da la felicidad son voces que hacen correr los ricos para que los pobres no los envidien demasiado".







