
El imperio del conocimiento
Hace ya más de medio siglo, Einstein advertía que los imperios del futuro se construirían sobre el conocimiento, y que sólo serían exitosos los pueblos que entendieran cómo generarlos y protegerlos, y cómo atraer y retener a los jóvenes capaces de desarrollarlos.
Juan Enriquez, investigador mexicano que dirige el Proyecto de Ciencias de la Vida, de la Escuela de Negocios de Harvard, volvió una y otra vez sobre esta idea durante la conferencia que dictó no hace mucho en la Asociación de Productores de Siembra Directa, en Rosario, y que acaba de llegar a mi mesa de trabajo.
Enriquez -analista de las íntimas relaciones que se establecen entre la ciencia, la economía y la política, y estudioso de la revolución digital y genómica- fue tajante: "Los países que hablan el alfabeto digital son los países ricos. Los países que no lo hablan (...) son los que cada día se vuelven más pobres. ¿Por qué? Porque son analfabetos en el idioma que domina la economía del planeta", advirtió.
Para el investigador, el mundo está cambiando tan acelerada y radicalmente que muchos no alcanzan a darse cuenta de las profundas transformaciones de todo tipo que esto implica. "Imagínense que estuviéramos sentados en un café, en una ciudad europea como Londres, París, o Madrid -propuso-. Es 12 de octubre de 1492. No nos daríamos cuenta de que el mundo acaba de cambiar (...) El 12 de febrero de 2001, cuando se completó la decodificación del genoma humano, también cambió el mundo: muchos de nosotros todavía no entendemos a qué continente llegamos."
Es aquí, justamente, donde Enriquez encuentra la explicación de las desventuras de los países latinoamericanos. "Parece que nos imaginamos inmunes, pero nadie lo es a la tecnología -dijo-. Quienes controlan su inflación y presupuesto, pero no adoptan y generan nuevos conocimientos se pueden volver irrelevantes y desaparecer. Mientras hay un crecimiento sin precedente en genética, electrónica, cómputo y micromateriales, la mayor parte de América latina sigue al margen de estos cambios y su población se vuelve cada día más pobre."
Habló también de la Argentina: "Hasta 1960 -puntualizó-, la tercera parte de la economía mundial era agricultura, la tercera parte era industria y el resto, servicios. (...) Pero avancemos de 1960 a 1998: el 4% de la economía mundial es agricultura,y no porque la agricultura en términos de volumen o en términos numéricos sea menor, sino porque la economía mundial creció a tal nivel en otros aspectos que la agricultura parece, comparativamente, mucho menor. La industria sigue casi en el mismo nivel y los servicios son ahora dos terceras partes del crecimiento mundial."
Según el especialista, un commodity , una materia prima, vale hoy el 20 por ciento de lo que valía en 1845. Aquellos que siguen tratando de competir vendiendo materias primas sin conocimiento, fracasan, y los países que no le prestan atención a su gente que puede generar patentes, ideas, empresas, acaban quebrando. "La agenda de desarrollo económico es equivocada, porque seguimos discutiendo si vamos a hacer una fábrica, una represa o un puerto. Nada de eso importa hoy. Lo que importa son las mentes, la educación, la ciencia", dictaminó.
A este paso, todo indica que el conocimiento no sólo será necesario para construir imperios; será imprescindible, incluso, para sobrevivir...
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