
El ofensor sexual fue maltratado o abusado durante la infancia
La falta de educación sobre la sexualidad, factor determinante de su conducta
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No son seres desequilibrados, de esos que golpean sus cabezas contra el suelo o deliran en público. Pueden resultar perfectos padres de familia, excelentes profesionales, seres pulcros, ejemplares en sus modales. Sin embargo, su goce reside en practicar conductas clandestinas, socialmente prohibidas, que dañan a otros.
Los ofensores sexuales -de ellos se trata- son, según los define la International Association for Therapy of Sexual Ofenders (Iatso), personas que con su conducta sexual someten a otros a un contacto físico, verbal, visual o táctil, con intenciones sexuales que el ofendido no sabe (por inexperiencia), no puede (por predominio de los juegos de poder del ofensor) o no se anima (por sometimiento) a rechazar".
La gama de posibilidades es amplia: la designación de ofensor sexual, acuñada en 1998, incluye desde los exhibicionistas hasta los abusadores y los violadores. Prevalecen los hombres, heterosexuales, de todas las clases sociales. Suelen ser, dicen los expertos, personas dogmáticas y profundamente machistas.
Aunque victimarios, muchos ocuparon alguna vez el lugar de víctimas: "La experiencia internacional demuestra que la gran mayoría de los ofensores sexuales (siendo éste un elemento de comprensión y no de justificación) ha sido maltratada, abusada, violada o abandonada -afirma la licenciada Isabel Boschi, miembro de Iatso, psicóloga, especialista en sexología clínica y educación sexual, presidenta de la fundación que lleva su nombre y del Instituto de Sexología del Desarrollo (ISDE), entidad miembro de la World Association for Sexology (WAS)-. También predomina en ellos un alto grado de ignorancia de la sexualidad humana".
Difícil es hablar de ofensores sexuales sin hacer referencia a las parafilias : "Porque el ofensor sexual puede serlo una vez en la vida, o por el contrario sostener una conducta parafílica", dice Boschi. Las parafilias -paralelos del amor- incluyen, para nombrar sólo algunos ejemplos, el froteurismo (placer por el roce), el exhibicionismo, el voyeurismo , el sadomasoquismo y el fetichismo (excitación con objetos).
El mapa del amor
"Los parafílicos son individuos compulsivos, con un imaginario erótico de larga data, y cuya conducta ofensiva se les autoimpone." Aunque el subregistro y diagnóstico son considerables, "los que más abundan son los frotteurs, esos que tocan a las mujeres en los transportes públicos o en las aglomeraciones".
La ignorancia sobre la sexualidad en los ofensores sexuales no es un tema secundario: "Como explica el reconocido sexólogo John Money, todas las personas configuran, desde la infancia, su mapa del amor. Esto se da a partir de la exploración del propio cuerpo, de los juegos con chicos de la misma edad, del vínculo con sus padres. Para Money, el ofensor sexual es producto de una vandalización de los mapas del amor".
¿Qué es un mapa del amor vandalizado? Los sexólogos diferencian "el mapa del amor sano del vandalizado. Este último se conforma de ese modo cuando se castiga permanentemente a un niño que explora sus genitales, se niega la información sobre sexualidad o se presentan situaciones graves, como la de abuso sexual en la infancia".
Boschi asegura que "vivimos en una cultura que de algún modo fomenta las parafilias". ¿Por qué? Punto uno: la educación sexual es escasa... o nula. Punto dos: si la hubiera, no sólo debería referirse a la sexualidad humana como un hecho vinculado con el amor, sino también a que "esta sexualidad tiene sus aspectos oscuros. Hay que explicarles a los chicos que estos aspectos existen, romper el tabú del silencio, incluso para que puedan identificar a un ofensor sexual, tanto en la infancia como en la adultez, y se puedan defender".
En cuanto a los ofensores, "merecen un tratamiento sexológico que el Estado debería garantizar. Existen terapias individuales, grupales y familiares -afirma la licenciada Boschi-. El ofensor sexual es responsable por su conducta, pero a veces la familia la niega durante años. Cuando un ofensor sexual se trata puede llegar a un cambio psíquico profundo. Si su condición no es curable, al menos puede ser controlada".
Cómo defenderse de un ofensor
Padres y docentes: deben explicarles a los chicos que tienen derecho a decir: "Esto no me gusta, no quiero que me toques".
Consejo: es conveniente que si en el colectivo o en el subte alguien se acerca demasiado o toca a los chicos, se lo comuniquen a un adulto o al chofer.
En voz alta: no deben sentir vergüenza de decirlo en voz alta, aunque el ofensor lo niegue o diga que en realidad lo provocaron.
Persecución: es importante que sepan que los frotteurs y los exhibicionistas generalmente se escapan.
Para evitar abusos severos: no dejar a los chicos solos en lugares desconocidos, no dejar que hagan mandados solos, garantizar que haya personas conocidas en los lugares que frecuentan y conocer mínimamente sus horarios, dice la sexóloga.






