
Fernando Álvarez de Celis, geógrafo, sobre el Súper Niño: “Se esperan precipitaciones muy intensas, sobre todo en el sur de Brasil, el norte de Uruguay y el litoral argentino”
El especialista explicó qué regiones podrían recibir lluvias más intensas y recomendó reforzar las medidas preventivas; pidió que la población no se alarme
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Desde que se conoció que el “Súper Niño” pasará una vez más por la Argentina, las alarmas comenzaron a encenderse. Sin embargo, el geógrafo Fernando Álvarez de Celis trató de llevar tranquilidad sobre la situación climática que se vivirá en los próximos meses y explicó cuáles serían las regiones más expuestas a un aumento de las precipitaciones.
El director ejecutivo de la Fundación Tejido Urbano brindó una entrevista a Canal 6 de Entre Ríos en la que remarcó que se trata de un episodio recurrente relacionado con las condiciones de temperatura y humedad en el océano Pacífico. No obstante, aclaró que, por el momento, no existe una alerta que justifique generar preocupación entre la población. “Es un fenómeno recurrente que se da cada una determinada cantidad de años”, explicó el especialista.

Según detalló, la denominación “Super Niño” responde a la intensidad que alcanzan las variables asociadas con El Niño. “Las condiciones que crean El Niño, vinculadas con la humedad y el calor en el Pacífico, están dando medidas muy altas”, señaló. Esta situación podría favorecer la formación de lluvias fuertes en algunas áreas de América del Sur. “Se esperan precipitaciones muy intensas, sobre todo en el sur de Brasil, el norte de Uruguay y el litoral argentino”, anticipó.
¿Qué regiones de la Argentina podrían verse afectadas por el Súper Niño?
A su vez, el experto indicó que el principal impacto se concentraría en el Litoral y en sectores cercanos a la cuenca del río Salado. En cambio, no se prevé que las precipitaciones más intensas alcancen de manera generalizada a la Patagonia. “En términos generales, no se esperan lluvias que lleguen hasta la Patagonia. Sí puede haber masas de humedad que traspasen la cuenca del Salado, donde se espera un impacto mayor”, precisó.

Aunque recomendó seguir la evolución de los pronósticos, el especialista buscó llevar tranquilidad. “No es para preocuparse, sí para tener algún cuidado mayor”, afirmó. Entre las medidas preventivas, mencionó la limpieza de canales y sumideros, además de evitar arrojar residuos en los desagües. “No hay que poner en alerta porque hoy todavía no existe ninguna”, remarcó.
Las recomendaciones apuntan a reducir posibles obstrucciones en los sistemas de drenaje ante episodios de lluvias intensas. De todos modos, las advertencias meteorológicas oficiales deberán consultarse a través de los organismos competentes a medida que se acerquen los eventos previstos.
¿Por qué las ciudades necesitan prepararse para lluvias extremas?
Más allá del fenómeno puntual, Álvarez de Celis advirtió que muchas ciudades no cuentan con la infraestructura suficiente para enfrentar precipitaciones extraordinarias. De acuerdo con su análisis, las obras para contener o canalizar el agua requieren grandes inversiones y no siempre logran evitar inundaciones durante episodios extremos. La infraestructura hídrica, explicó, “demanda muchísima inversión y, aun con toda esa inversión pública, muchas veces no alcanza para períodos tan fuertes de lluvias”.
El geógrafo atribuyó parte del problema a la manera en que se desarrollaron históricamente las ciudades. Durante décadas, muchas localidades fueron construidas bajo la idea de que “la naturaleza se podía controlar”, sin considerar adecuadamente los ciclos del agua ni las características del terreno.
Como consecuencia, “la población terminó asentándose en lugares no aptos”, entre ellos zonas bajas, humedales o sectores naturalmente inundables. Para el especialista, esta situación vuelve necesario “planificar mejor las ciudades y poder tenerlas más ordenadas”.

Álvarez de Celis planteó que el crecimiento urbano no debería realizarse como si todo el territorio fuera plano. En su lugar, propuso incorporar las pendientes, los cursos de agua y las áreas de absorción natural dentro de la planificación. “En el siglo XXI la ingeniería cambió. Ya no se trata solamente de obras duras, sino que se pueden hacer obras blandas, como mantener los arroyos y generar procesos de renaturalización para que los flujos de agua corran naturalmente”, explicó.
Estas soluciones incluyen la recuperación de humedales, la preservación de los cursos de agua y la creación de reservorios. Dichos espacios permiten almacenar parte del excedente durante las lluvias intensas y disponer de ese recurso durante los períodos de sequía. El objetivo, señaló, es que “cuando haya lluvias extraordinarias pueda quedar parte del agua” retenida en áreas preparadas para ese fin y evitar que alcance las zonas habitadas.
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