Guía para prevenir accidentes infantiles a la hora de ir a jugar

Hay que prestar atención al estado de los juegos y la limpieza de parques y plazas
(0)
31 de enero de 2002  

El verano sorprendió a muchas familias en plena ciudad. Así, parques y plazas se han transformado en espacios casi obligados de recreación y esparcimiento. Pero allí, sin embargo, también pueden existir situaciones de riesgo que ponen en peligro la seguridad de los más chicos.

El doctor Alberto Iñón, presidente de la Subcomisión de Prevención de Accidentes de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), explica que "en las grandes ciudades, las plazas y los parques son algo así como los pulmones de los departamentos. Y revelan de cierta manera la cultura de un pueblo. Si están sucios, suponen un riesgo potencial para cualquier chico, tanto en materia de accidentes como de enfermedades".

El pediatra destaca que en muchas plazas y parques perros y gatos comparten los areneros con la gente menuda "y esto es una fuente muy importante de parasitosis. Ni qué hablar de las plazas donde hay jeringas... Otro aspecto es que en plazas y parques se da la convivencia de personas de distintas edades e intereses. Así, hay gente que juega al fútbol como si estuviera disputando una copa internacional. Si un chico queda atrapado en medio de ese partido , puede sufrir lesiones, incluso graves. Por eso, si existe un espacio reservado para los chicos, lejos de las mascotas y los juegos violentos, hay que conducirlos allí".

Riesgos que no se advierten

El doctor Iñón se refiere también a los riesgos de los juegos. "Hamacas, toboganes, subibajas, calesitas, son elementos en movimiento y muy apropiados para los chicos -afirma-. Pero hay que cuidar varias cosas: que estén bien construidos, bien conservados, que no tengan clavos, tornillos, astillas u objetos cortantes sobre la superficie. Lamentablemente, además, de vez en cuando aparece gente perversa que puede dejar elementos agresivos en los juegos para niños, por eso es de buena práctica revisarlos antes de que los chicos los utilicen."

El especialista señala que, en materia de toboganes, "muy a menudo se usan para trepar, y no están diseñados para eso. Otro problema es que algunos son muy altos y no tienen protección adecuada; es decir, una especie de caja que cuando el chico llega arriba impide que se caiga para uno u otro costado. Las protecciones de baranda son simplemente un arco y no ayudan demasiado, ya que no siempre evitan una caída. Y hay que tener en cuenta que son alturas peligrosas, que normalmente requieren casco y arnés en cualquier operario que tiene que trabajar a ese nivel. El chico no va a utilizarlos, pero sí hay que observarlos con atención".

Cuando los toboganes son altos entrañan otro riesgo: pueden tener una caída muy brusca. "Al caer -explica el doctor Iñón- se lo hace a mucha velocidad. Entonces, pueden golpear el suelo con los talones y sufrir fracturas a través de un golpe directo. Pero también están las caídas en que, por la transmisión de la energía, siguiendo un vector, se lesiona otra parte del cuerpo. Por ejemplo, se fractura el hueso del pie, pero toda la energía se transmite a lo largo de la pierna y se quiebra la cadera o se rompe el hígado, simplemente por transmisión de energía."

Las inocentes calesitas que se hacen girar a mano también pueden exponer a riesgos. "Hay que cuidar el límite de velocidad -advierte el pediatra-. Si la hace girar un chico grande, el menor puede salir disparado por la fuerza centrífuga, o asustarse, bajarse y accidentarse."

Educar para proteger

Las hamacas son uno de los entretenimientos preferidos de los chicos, pero antes de que las utilicen "se debe observar las condiciones de las cadenas y si son para niños pequeños, deben tener correas u otro sistema de seguridad", señala el pediatra.

En cuanto al subibaja, los niños pequeños pueden estar expuestos a lesiones a la altura del abdomen, ya que la manija queda a esa altura.

El calzado que vuelve más segura la estada en plazas y parques son las zapatillas o zapatos cerrados.

Si bien no hay recetas fijas, el pediatra indica que normalmente un chico puede comenzar a ir solo a la plaza alrededor de los 10 años. "Todo depende de la madurez y de cómo fue educado -afirma-. Hay chicos que pueden hacerlo antes o después. No hay que olvidar que la educación del niño puede ayudar a la prevención de accidentes. No se trata de dar una educación restrictiva, basada en no toques, no hagas , etcétera, que no lo prepara. Si, en cambio, se le ofrecen indicaciones precisas y explicaciones, ese chico podrá tomar decisiones, será más autónomo, tendrá conciencia del riesgo, pero no una parálisis frente a todo."

Seguridad sobre dos ruedas

Tipo y tamaño : la bicicleta debe adecuarse a la edad y necesidad del chico. Para mantener el equilibrio, debe poder apoyar el antepie con comodidad mientras está sentado.

Protección : el manubrio y los frenos deben tener protección de goma para evitar golpes que pueden producir severas lesiones (por ejemplo, pancreatitis).

Visualización : la bicicleta debe tener adecuadas señales para ser visualizada, además de protector sobre la rueda trasera y la cadena, para evitar lastimaduras.

Conducción : no es apropiado andar por plazas o parques donde también circulan peatones. Si se circula por la calle (ciclovías), hay que respetar las mismas reglas que los automovilistas.

Para la cabeza : el casco es imprescindible para evitar severos traumatismos de cráneo.

Pasajeros: no deben transportarse personas paradas o sobre el caño, ni llevar pesos en forma inadecuada (se ubican sobre la rueda trasera, en un portaequipajes).

Pequeños : hay un asiento diseñado para niños pequeños, que evita que las piernitas queden colgando (si no, existe el riesgo de aprisionar los tobillos entre los rayos de la rueda). Los chiquitos también deben usar casco y estar bien asegurados sobre su asiento.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?