
"La tarea de una familia ensamblada es establecer una nueva identidad familiar"
Para éstas, las primeras vacaciones que comparten representan un gran desafío
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Familias ensambladas/reconstituidas/escalonadas/recasadas/ ampliadas. Multiplicidad de voces para nombrar un modelo de organización familiar nuevo en su extraordinaria capacidad de convocatoria, pero tradicional en muchos de sus contenidos.
La familia es una producción cultural cargada de simbolismos y significaciones propios de cada época y el siglo XXI arrastra de su predecesor conceptos que aún están en construcción. Así lo demuestra esa diversidad de vocablos que intenta representar las atribuciones de una familia constituida por una pareja, los hijos que uno o ambos integrantes tuvieron en relaciones previas y, si los hay, los hijos de la nueva relación.
Aunque la viudez dejó de ser, como antaño, el desencadenante de las nuevas "configuraciones vinculares", la elaboración de pérdidas vinculadas con proyectos familiares anteriores figura en todas sus partidas de nacimiento. Esta prehistoria define la singularidad de las familias ensambladas, y aunque a veces cargan con el estigma social del fracaso previo, el imaginario colectivo es cada vez más permisivo. A fuerza de repeticiones, ya lo incorpora como modelo alternativo que se perfila como un nuevo esquema de relación familiar.
Provenientes de distintas culturas, los integrantes de una familia reconstituida estallan frente a situaciones nimias que expresan la existencia de las microculturas de procedencia.
"Microcultura es el conjunto de ideas muy precisas acerca de cómo hacer las cosas en la familia. Por ejemplo, si las papas fritas deben ser finitas y crocantes o tiernas y gruesitas... Estos detalles suelen ocasionar no pocas situaciones enojosas en la vida cotidiana si no son manejados con paciencia y con prudencia", ejemplifica y recomienda Irene Loyácono en un artículo publicado en la revista de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar, de la que fue presidenta.
"La tarea básica de una familia ensamblada consiste en establecer una nueva identidad familiar", define Pedro Herscovici, terapeuta familiar y de pareja, miembro de la Asociación de Psicoterapia Sistémica de Buenos Aires. "En principio no son los nuevos cónyuges los que mantienen entre sí la relación más estrecha sino el padre o la madre biológicos con sus hijos y la presencia de un padrastro o madrastra saca a los hijos de esta relación estrecha y les exige una serie de ajustes", advierte el médico psiquiatra, y apunta a uno de los nudos conflictivos porque "el acomodamiento de la nueva pareja también requiere tiempos y espacios compartidos, con la consiguiente exclusión de terceros".
Herscovici recomienda que en las etapas iniciales sea el padre o madre biológico quien se haga cargo con exclusividad de las normas familiares, dejando que paulatinamente el vínculo de los chicos con la pareja del padre biológico sea más directo, hasta que todos los integrantes se vayan ensamblando en un nuevo juego de reglas de convivencia: "Los ajustes para amoldarse a la nueva forma de vida familiar no se producen rápidamente".
El tiempo es en todas las relaciones humanas, pero especialmente para las familias ensambladas, la piedra filosofal en la construcción de la nueva identidad. Los terapeutas de familia coinciden en que es entre un año y un año y medio el tiempo mínimo necesario para una reorganización satisfactoria del nuevo grupo familiar.
Escenarios temidos
De allí que sea un desafío para quienes enfrentan el reto de convertirse en una familia, la primera experiencia de convivencia, así sea durante el tiempo delimitado de las vacaciones. Y ya hay quienes comenzaron a utilizar la definición "familias instantáneas" para denominar a los grupos familiares que sin haber transitado por las encrucijadas de su propia historia se encuentran bajo el mismo techo.
Reacia a los consejos -"cada familia tiene su propia modalidad y lo que puede ser recomendable para una puede ser perjudicial para otra"-, la licenciada Rucker describe dos escenarios capaces de atentar contra la salud de las vacaciones y de la familia y los define como "la pesadilla tan temida" y "la luna de miel".
En el primero, se hace todo lo que se debe hacer para que estalle el cortocircuito: no se respetan los espacios que cada uno reclama, se producen exclusiones voluntarias o inconscientes que generan reclamos y posteriores escenas de culpa, el grupo se divide en dos bandos en donde se aglutinan, fusionados, segmentos del fragmentado grupo original.
El otro escenario, tan temido como el primero, es el de la convivencia idílica. "Se produce un estado ilusorio de bienestar, todo parece maravilloso, se desconocen las diferencias y el otro no es más que el reflejo de uno mismo o aquello que le falta a uno." El problema es que, "como todo enamoramiento, al poco tiempo se termina. Como las vacaciones. Y cuando desaparece el idilio y el otro es visto tal cual es, la situación puede resultar intolerable", alerta la terapeuta. Pero concede: "No todas las lunas de miel se quedan sin finales felices. Las familias que pueden soportar el pasaje del enamoramiento al amor irán encontrando maneras de vincularse, conocerse, escucharse, reconocerán los deseos y expectativas de cada uno, las diferencias y también descubrirán los modos de sobrellevar, en familia, el devenir de la vida".






