
Mal de Chagas: perros y gallinas, afuera
Si no se mantuvieran en las viviendas, se reduciría mucho el riesgo de infección
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Para quienes viven en las zonas rurales pobres del centro y del norte de la Argentina, así como en otros países de América Central y del Sur, la afirmación de que el perro es el mejor amigo del hombre tal vez no siempre sea cierta.
Al menos eso parece indicar un trabajo que este viernes se publica en Science. Demuestra que si se mantuvieran los pollos y, en especial, los perros fuera de los dormitorios de las viviendas, se podría reducir el riesgo de infección por el mal de Chagas estrictamente al mínimo.
Hace diez años, los autores de este estudio -el matemático y doctor en salud pública norteamericano Joel Cohen, de las Universidades Rockefeller y Columbia, y el biólogo argentino Ricardo Gürtler, investigador del Conicet y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA- comenzaron a estudiar la transmisión y el control del mal de Chagas en las comunidades rurales de Santiago del Estero.
Los científicos se internaron en lo que se considera el infierno del Chagas , los obrajes empobrecidos del bosque de quebracho santiagueño. Estudiaron la dinámica de la transmisión de la enfermedad y utilizaron toda la información reunida para desarrollar un modelo matemático que describe el riesgo de infección.
"Es la primera vez que se construye un modelo matemático basado en observaciones empíricas en varias comunidades rurales completas, durante muchos años de observación longitudinal", explica Gürtler, que ayer dialogó telefónicamente con LA NACION desde Nueva York, donde se encuentra trabajando con Cohen.
Para trazar su modelo, los científicos reunieron un voluminoso corpus de observaciones que se remonta a finales de la década del 80 e incorpora observaciones previas. Una de las preguntas que se plantearon fue cuáles son los efectos de los animales domésticos sobre el riesgo de transmisión del parásito a la gente. "Encontramos que su papel es protagónico -afirma el investigador-. Por dos cosas: la vinchuca (transmisor del Trypanozoma cruzi , agente causal de la enfermedad) prefiere alimentarse de los perros más que de personas, y prácticamente todos los perros que analizamos estaban infectados."
Gürtler y Cohen cuantificaron las probabilidades de infección, obtuvieron el índice de preferencia de la vinchuca (nombre científico: Triatoma infestans ) y comprobaron que variaban estacionalmente. "El contagio no es igual durante todo el año -dice el científico-. Básicamente, las vinchucas se alimentan y se reproducen durante la estación cálida. Por debajo de los 16 o 17 grados, no se desarrollan y tampoco ponen huevos. Pero cuando llega la primavera salen a alimentarse y se encuentran con que dentro de las viviendas hay gente, perros y gallinas. Todavía no hace mucho calor; entonces, las personas no salen a dormir al patio y, además, guardan las gallinas y los pollos dentro de las viviendas para protegerlos de los predadores y del robo."
En estas condiciones, el escenario para el contagio está preparado. Las vinchucas prefieren alimentarse de las gallinas. Estas son inmunes al T. cruzi, pero están empollando alrededor de 45 días, a partir de los cuales se verifica un crecimiento acelerado en la población de vinchucas, que comienzan a alimentarse de lo que hay: perros, y personas que duermen sobre catres.
A dormir al patio
"Investigaciones de tiempos del sanitarista argentino Romaña demuestran que la infección por Chagas aumenta aceleradamente en primavera -puntualiza Gürtler-. Cuando llega el verano, la gente sale a dormir al patio y de ese modo se protege de las vinchucas, ya sea directa y voluntariamente, o indirectamente. En medio del camino quedan los perros. Las personas se infectan, pero en menor proporción que si estuvieran totalmente expuestas y sin ninguna otra barrera."
El modelo matemático desarrollado por Cohen y Gürtler no deja lugar a dudas: "Si se eliminaran los perros, el riesgo de infección se reduciría a un mínimo -asegura el investigador argentino-. Si llegara un grupo familiar sano a una zona endémica y no mantuviera perros y gallinas dentro de la vivienda, el riesgo de infección sería prácticamente nulo. Pero los sistemas son abiertos, y en ese caso tienen importancia, por ejemplo, los vecinos y la invasión de vinchucas infectadas desde otras viviendas. Lo que vimos es que la gente muchas veces incorpora perros infectados en otras viviendas o localidades. El promedio por vivienda es de cinco personas y dos a tres perros".
Según los investigadores, para erradicar el Chagas habría que implementar dos medidas fundamentales: primero, combatir las vinchucas con insecticida y, en segundo lugar, remover los perros y las gallinas de las viviendas. La investigación de Cohen y Gürtler fue realizada en cooperación ininterrumpida durante diez años con el Ministerio de Salud, el Instituto Fatala Chaben, el Servicio Nacional de Chagas y la Universidad Rockefeller.
Un flagelo para la región
El mal de Chagas-Mazza, o tripanosomiasis americana , es una infección crónica, frecuentemente letal, producida por el parásito Trypanozoma cruzi , un pariente americano del que causa la enfermedad del sueño en Africa. El T. cruzi es transmitido por las heces infectadas de la vinchuca.
Según la Organización Mundial de la Salud, entre 16 millones y 18 millones de personas, desde México hasta la Argentina, están afectados por la enfermedad de Chagas, y otros 100 millones, o sea, el 25 por ciento de la población de la región, se encuentran en riesgo. La infección por mal de Chagas dura toda la vida y puede causar daños cardíacos mortales.
A partir de sus estudios, Gürtler y Cohen esperan que gobiernos, antropólogos y educadores en salud puedan ayudar a difundir el mensaje de que mantener los animales domésticos fuera de los dormitorios puede reducir significativamente la diseminación del parásito del Chagas y el riesgo de infección para los humanos.






