
Premian estudios sobre cómo se copia la información genética
Roger Kornberg logró fotografiar el proceso de "transcripción" en el nivel molecular
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Si se compara la vida con una máquina, el norteamericano Roger Kornberg -consagrado ayer único ganador del Premio Nobel de Química 2006- puede ufanarse de haber visto sus más minúsculos y fundamentales engranajes.
A lo largo de tres décadas de estudios, logró desentrañar ¡y fotografiar! en el nivel molecular uno de los procesos centrales de todas las formas de vida: la transcripción genética; es decir, el mecanismo por el cual un gen produce una copia "complementaria" de sí mismo capaz de salir del núcleo e ingresar en el citoplasma celular con la receta para ensamblar una proteína.
"El Nobel de Química resultó más biológico que el de Fisiología o Medicina -observa Alberto Kornblihtt, director del Departamento de Fisiología, Biología Molecular y Celular de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y research scholar del Howard Hughes Medical Institute de los Estados Unidos-. En este caso, se otorgó mucho más por una gran trayectoria que por un descubrimiento individual, ya que Kornberg hizo aportes en distintas etapas del proceso de transcripción."
El científico -cuyo padre, Arthur Kornberg, también recibió el Nobel, en 1959, y es considerado "un prócer" de la bioquímica por su descubrimiento de la primera enzima capaz de duplicar el ADN- analizó con precisión infinitesimal todos los pasos que siguen los genes de las células eucariotas (las de todos los seres vivos menos las bacterias), cuyo material genético se encuentra recluido en el núcleo y asociado con proteínas llamadas histonas, formando un complejo denominado cromatina.
"Los genes son porciones de ADN con instrucciones para formar proteínas -explica Kornblihtt-. Para que esa orden se cumpla, el gen debe primero copiarse a una molécula de ARN «mensajero». A esto se lo llama «transcripción». Luego, el ARN mensajero sale del núcleo, se dirige al citoplasma y allí fabrica la proteína correspondiente. Lo más interesante es que el proceso de transcripción está altamente regulado y las encargadas de llevarlo a cabo son una serie de proteínas ya fabricadas por la célula que reconocen al gen, modifican la cromatina y lo copian. Kornberg descifró las propiedades, las funciones y las asociaciones entre sí de las proteínas que forman la cromatina y que efectúan la transcripción de los genes."
Tal como explica el comunicado de la Academia Sueca de Ciencias, el código de la receta escrita en la molécula de ADN tiene sólo cuatro letras: G, C, A y T, y su orden determina la información genética. En el momento de la transcripción, la doble hélice del ADN se abre como un cierre, de tal modo que una de las cadenas se convierte en un molde para crear un segmento de ARN mensajero. Una enzima se ocupa de que cada uno de los ladrillos constitutivos del ARNm se ensamblen en el orden correcto: la ARN polimerasa II, clave de la transcripción. Kornberg descubrió que también intervienen mediadores, es decir, "asociaciones de un cierto número de proteínas distintas y específicas que regulan la transcripción de un gen positiva o negativamente", detalla Kornblihtt.
Entre los hitos científicos citados por el jurado del Instituto Karolinska como fundamento del premio se encuentra la primera "foto" de este proceso, publicada en 2001 y obtenida utilizando un método físico llamado "cristalografía de rayos X".
"Se trata de una forma de determinar con mucha precisión la estructura tridimensional; es decir, la forma de las moléculas de proteínas -dice el investigador argentino-. Es importante determinar la forma, porque de ella depende la función de cada proteína. Primero hay que purificar la proteína que uno quiere estudiar, luego cristalizarla como si fuera un mineral y al final se la somete a una especie de «radiografía», cuya foto debe interpretarse mediante algoritmos matemáticos complejos que permiten deducir la estructura tridimensional."
Roger Kornberg tiene 59 años y es profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford. Esta es la sexta oportunidad en que padre e hijo son premiados con el Nobel. "Siempre fui un admirador de su trabajo y del de muchos otros que me precedieron -dijo ayer Kornberg a los medios periodísticos-. Los veo como verdaderos gigantes de los últimos 50 años. Es difícil contarme entre ellos." Sin embargo, según el comité Nobel, su trabajo es "realmente revolucionario".





