
Trincheras para limpiar los contaminantes
Construirán una planta ecotecnológica para el tratamiento de aguas residuales
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"Lo que se pesca allí hay que cocinarlo muy bien", rezonga el licenciado Roberto Escaray, investigador del equipo de acuicultura del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas-Instituto Tecnológico Chascomús (IIB-Intech). Es que los índices de bacterias coliformes fecales de las Encadenadas son muy bajos en la laguna Vitel (aguas arriba de Chascomús), altos en Chascomús, y altísimos en el arroyo Girado y la laguna Adela. Es paradójico que este enorme espejo de agua, tan despoblado en sus orillas, las tenga en buena medida taponadas de colchones de algas azules, cianófitas filamentosas, indicadoras de contaminacion.
Estas burbujeantes masas vegetales necesitan de tantas bacterias para pudrirse, al morir, que éstas consumen todo el oxígeno del agua costera. "Es inútil buscar pejerrey por ahí: es la única especie de valor pesquero que tenemos, pero necesita 8 miligramos de oxígeno por milímetro de agua, casi como una trucha montañesa", comenta el doctor Victor Conzonno, del mismo equipo. Si las cosas siguen así, mucho antes de que desaparezcan las lagunas, lo habrán hecho los pescadores y turistas.
Pero, por una vez, van ser diferentes. Aunque ahora la planta de tratamiento de aguas residuales está siendo reparada, nunca tendrá la capacidad de eliminar el fósforo y el nitrógeno: simplemente no fue diseñada para eso. Pero tiene ventajas que la municipalidad de Chascomús y el IIB-Intech piensan aprovechar: no ha sido concesionada y cuenta con amplios terrenos propios. Según el doctor Alejandro Mariñelarena, limnólogo del Instituto Ringuelet, permite experimentos en cierta escala.
Y el que se piensa hacer es la primera planta bonaerense ecotecnológica de tratamiento de aguas residuales. Se trata de un conjunto de trincheras que funcionarán como humedales artificiales, tapizados densamente de plantas típicas de la región, algo muy distinto de una instalación ingenieril, y con más aspecto de paisaje que de artefacto. Esta planta tomará el agua saliente de la unidad municipal y procederá a extraerle su enorme carga de nitrógeno y fósforo, y a añadirle oxígeno.
El fósforo y el nitrógeno quedarán atrapados en la biomasa de bacterias, juncos, lentejas de agua y carrizos que alfombre las trincheras, en lugar de eutrofizar la laguna. Y el oxígeno, producido por la fotosíntesis de esas plantas macroscópicas, será inyectado en el agua a través de las mismas raíces. La idea es que de este complejo circuito vegetal salga a Chascomús un caudal de agua idéntica a la de cualquier laguna bonaerense en estado virgen. Y todo esto se hará de modo natural: sin motores, sin agitadores, sin piletones de burbujeo, sin paredes, sin caños, sin olores, sin gastos de energía eléctrica ni deterioro visual del paisaje.
En las diversas trincheras de esta instalación se ensayarán distintas combinaciones de plantas y microorganismos hasta encontrar el mejor mix para el clima local. Luego se le pasará la receta a los barrios cerrados y countries, que deberán forzosamente tener sus propias unidades para que el crecimiento demográfico (y económico) que le imprimirán a las Encadenadas tenga impacto cero .
Todo esto se hará con el trabajo de los expertos del IIB-Intech (que no se factura), y un aporte de 50.000 dólares donados por la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA): para alivio de las autoridades bonaerenses, nunca habrá sido tan económico salvar un ecosistema tan enorme.
La originalidad de esta historia es triple: por una parte, hubo una municipalidad que, como la de Chascomús, dependía demasiado de la salud de las Lagunas Encadenadas como para seguir contaminándolas. Por otra, el que estuviera "a tiro" un instituto totalmente orientado hacia la solución de los problemas regionales, como el IIB-Intech, dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y la Unsam (Universidad Nacional de General San Martín), y que este equipo estuviera enraizado en la comunidad como muy pocas reparticiones científicas nacionales.
Es también un dato original que en la actual inopia nacional y provincial para todo proyecto público, apareciera un donante como la JICA, la Agencia de Cooperación Internacional del Japón, con 50.000 dólares. Este país tiene una vieja ligazón casi sentimental y poco conocida con la laguna de Chascomús: de ahí salieron los ejemplares de pejerrey salvaje que, tras treinta años de adaptación a cautiverio, hoy se crían en estanques en el archipiélago nipón, donde alcanzan los dos o tres kilogramos de peso, alimentan a millones de personas y son base de una industria muy fuerte.
Finalmente, los resultados de esta experiencia piloto para la pampa húmeda tal vez podrán aplicarse en decenas de ciudades que, hoy por hoy contaminan, sin saber cómo parar, las ríos, lagunas y napas de la llanura.






