¿A los políticos les sirve que haya pobres?

Micaela Urdinez
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26 de julio de 2019  • 19:11

En estos días estamos inundados de publicidad política y de promesas de campañas electorales con miras a octubre. Con diferentes propuestas, ideologías y enfoques, todos los partidos se comprometen a lo mismo: trabajar para sacar a la gente de la pobreza.

¿Alguien les cree? Parece que no. El 74% de los argentinos afirma que a los políticos les sirve que haya pobres, según un estudio realizado por la consultora Voices! en exclusiva para el proyecto Redes Invisibles de LA NACION. La creencia crece entre los mayores de 30, entre ciudadanos de mayor nivel educativo y en GBA.

Vale la pena adentrarse en cuáles son los argumentos que refuerzan la idea de que existe una "utilización política" de la pobreza. En los focus group que se llevaron adelante para el mismo estudio, se escucharon frases como "es más fácil manejar y manipular a la gente ignorante"; "hay pobreza por falta de una decisión política, la riqueza está muy mal distribuida"; "es más cómodo para el político dar el plan social que sostener una estructura"; "no se les enseña a estudiar, a trabajar y a luchar por lo que quieren"; o que "el narcotráfico es un negocio y la pobreza está ligada con el narcotráfico".

Siguiendo estos argumentos, los políticos "hacen como" que luchan contra la pobreza pero en el fondo la sostienen para su propio beneficio: en la medida que las personas más vulnerables necesiten de planes sociales para poder sobrevivir, las estructuras de poder pueden aprovecharse y presionarlos para obtener su voto. Sería algo así como abusar de la desesperación y el hambre del pueblo.

Este prejuicio hacia la clase dirigente no es nuevo y no distingue banderas políticas. ¿En qué se basa esta desconfianza? Los especialistas señalan dos sentimientos generalizados: miedo y desesperanza. Miedo porque la gente ve cada vez más personas en las calles, familias que no pueden llegar a fin de mes, fábricas y pymes que tienen que cerrar sus puertas y tienen pánico de terminar ellos mismos cayendo en la pobreza.

El Indec señala que en el segundo semestre de 2018 la pobreza monetaria alcanzaba al 32% de los argentinos. Pero la percepción social de este fenómeno es que hay muchos más: para el 52% de los argentinos el nivel de pobreza es de 50% o más y algunos hasta llegan a hablar de un 80%.

"Esta cifra es emocional, nos habla de lo inmensa que sienten a la pobreza las personas. Consideran además que mientras más pobreza hay, más difícil es hacer algo. Ven la problemática como irreversible. Esto promueve emociones de angustia, preocupación y bronca, como también el miedo a vivir en un contexto con tanta pobreza", explica Constanza Cilley, directora ejecutiva de Voices!

La percepción de que la pobreza es un fenómeno irreversible se transforma sin escalas en el segundo sentimiento: la desesperanza. Cuando a los argentinos se les pregunta por la performance de las instituciones en la reducción de la pobreza solo el 15% le adjudica una performance positiva al Estado, mientras que el 80% cree que es el máximo responsable de combatirla, según el mismo relevamiento.

Lo cierto es que en la Argentina existe un nivel de pobreza estructural que no se ha logrado resolver desde el inicio de la democracia. El desempeño del Estado en la reducción de la pobreza puede analizarse desde diferentes perspectivas. Según el estudio "El desafío de la pobreza en Argentina" publicado por el Cedlas y Cippec esta semana, el nivel de pobreza de ingresos en 2018 es superior al existente en 1983. "Este resultado está estrechamente ligado al fracaso productivo: el PBI per cápita creció a menos del 1% anual en promedio entre 1983-2018, con enormes oscilaciones en el tiempo", sostiene.

En cambio, en los últimos 40 años, la pobreza multidimensional - que incluye otras variables como acceso a bienes, servicios y derechos básicos; educación de calidad; seguro de salud y vivienda digna - se ha reducido progresivamente en la Argentina. El estudio de Cedlas y Cippec concluye que los avances registrados en nuestro país han ocurrido a un ritmo semejante al promedio de países latinoamericanos.

Entonces, ¿por qué la percepción de los ciudadanos es tan negativa en estos momentos? Cilley sostiene que las causas son diversas. "En primer lugar debe mencionarse la alta inflación con suba de precios de la canasta familiar superiores a la propia inflación que impacta más fuertemente en los sectores carenciados. Y a la pérdida de poder adquisitivo se suma la recesión, el crecimiento de trabajo precario e informal y las changas. Afecta también la percepción de pobreza la creciente cantidad de personas pidiendo ayuda y viviendo en situación de calle", explica.

En épocas de crisis el malestar social aumenta porque lo que prima es lo urgente. Y eso hace aflorar las emociones. Ver que hay cada vez más personas sin trabajo, que la plata vuela de las manos, que el changuito está cada día más flaco o que los chicos van a la escuela a comer, va minando el ánimo en cuentagotas.

En el informe de Voices no solo se evalúa críticamente al gobierno sino también a las empresas, mientras las opiniones acerca del accionar de la sociedad en general, de las ONG, de la Iglesia y de las organizaciones sociales son vistas de forma más positiva por entre 5 y 6 de cada 10 argentinos.

Cuando en los hogares falta de todo no hay tiempo para pensar en el largo plazo o hacer análisis macroeconómicos. A la población se le muestra números cuando lo que pide a gritos son resultados palpables, salir de la emergencia, tener un mínimo de estabilidad y poder soñar con un futuro mejor para ellos y para su entorno.

Hasta que esto no ocurra, ni el gobierno ni los políticos van a poder ganarse el apoyo popular.

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