A través de un taller de construcción de botes, enseña álgebra y trigonometría a chicos en Tigre

Daniel Helft junto a sus ayudantes Denise Lencina, Gabriel Ramis y Tomás Rodríguez (de izquierda a derecha).
Daniel Helft junto a sus ayudantes Denise Lencina, Gabriel Ramis y Tomás Rodríguez (de izquierda a derecha). Crédito: Bianca Moli
Victoria Mortimer
(0)
7 de febrero de 2019  • 13:14

En un galpón, seis chicos del barrio La Esperanza, en Tigre, disfrutan de una merienda con jugo y galletitas entre piezas de madera, herramientas y planos de pequeños barcos. Hace ya tres semanas que asisten a Bote al Agua, un taller donde se les enseña a construir botes de madera que –después de un mes de trabajo– podrán navegar en el río.

"Este curso tiene que ver directamente con mi historia y con lo que a mí me hizo feliz", expresa Daniel Helft (58), que comenzó a pensar el proyecto en agosto del año pasado y al que hoy asisten dos grupos de chicos, entre 11 y 17 años, de barrios vulnerables, en el distrito Tigre Sur.

A Daniel siempre le apasionaron el agua y los barcos. Por eso, impulsado por su amor al remo, hace unos años aprendió a construir sus propios botes y comenzó a navegar con objetos hechos por él, para luego emprender un nuevo camino: combinar esta pasión con el trabajo social. "Sentí un llamado muy fuerte y finalmente me decidí a hacerlo", confiesa.

Así fue como, luego de restaurar un astillero abandonado, comenzó con los talleres gratuitos, convencido de que el futuro del barrio depende íntimamente de promover el vínculo con el río. "Cuando amás algo también lo cuidás, y creo que uno aprende a amar estas cosas desde chico", reflexiona.

A través de un taller de construcción de botes, enseña álgebra y trigonometría a jóvenes en Tigre

01:16
Video

Transmitir la pasión

Bote al Agua trabaja con el aprendizaje basado en proyectos, una forma de enseñar que busca que los alumnos logren aplicar conceptos a través de la práctica, en este caso, al construir un bote en tamaño natural.

Unos meses antes de decidir poner el taller en práctica, Daniel viajó a Estados Unidos, donde se capacitó con el director de la fundación estadounidense Teaching With Small Boats Alliance que hace su mismo tipo de trabajo y aplica esta metodología.

"La idea central se basa en que los chicos aprenden mejor cuando se sienten protagonistas; esta forma de educar les enseña a planificar, a trabajar en equipo, a llevar a cabo un objetivo y ver un resultado concreto", asegura.

Además, explica que ponen en práctica principios de álgebra y trigonometría como, por ejemplo, al indicarles que tienen que asegurarse de que una madera esté perpendicular o paralela a la otra.

“El bote tiene una técnica de construcción que es bastante rápida, pero, sobre todo, tiene la gratificación instantánea. En la primera clase, los chicos ya pueden ver algo parecido a un bote”, explica el fundador del taller.
“El bote tiene una técnica de construcción que es bastante rápida, pero, sobre todo, tiene la gratificación instantánea. En la primera clase, los chicos ya pueden ver algo parecido a un bote”, explica el fundador del taller. Crédito: Bianca Moli

Otro de los beneficios para los más jóvenes es el reconocimiento social y la posibilidad que tienen de compartir: "Muchas veces, cuando estamos construyendo el bote, llega algún adulto que se interesa y pregunta ‘¿Cuándo vamos a pescar?’".

"La conexión con el río te puede cambiar la vida; quería trabajar con chicos que tal vez no tuvieron la oportunidad de tenerla y abrirles las puertas a este mundo", señala Daniel cuando piensa cuál fue su inspiración para cambiar el rumbo de su vida como periodista y dedicarse a la construcción y a la educación.

Durante las dos horas que los chicos pasan en el taller, ninguno usa el celular. Por turnos y con música de fondo, martillan, aplican el pegamento y otros diseñan con planos las piezas del barco.

"Lo que más me gusta es poder pasar tiempo con ellos y sacarlos un rato de la tecnología; trabajar con la madera y la construcción significa volver a lo de antes", dice Denise Lencina (27), carpintera y una de las ayudantes de Daniel.

“Cada chico es distinto y yo estoy acá para tomar lo que traen y trabajar con eso”, señala Daniel.
“Cada chico es distinto y yo estoy acá para tomar lo que traen y trabajar con eso”, señala Daniel. Crédito: Bianca Moli

Bote al Agua nació en el marco de un proyecto en el que, junto a otros emprendedores, buscan desarrollar y transformar los terrenos baldíos y áreas abandonadas del distrito en espacios artísticos, innovadores y sustentables, con el valor agregado de generar un cambio social, desde brindar oportunidades de trabajo hasta educar a los chicos que más lo necesitan.

Así como él decidió transmitir su amor por el río a través de sus talleres, Daniel invita a que otros decidan hacer lo mismo y poder expandirse a otras zonas del país. "Mi intención es generar un espacio seguro, divertido y creativo para pensar y poder decir lo que piensan", destaca.

Para Daniel, el principal objetivo de este taller es sembrar la semilla de la educación en las nuevas generaciones y ayudar a que estos chicos puedan desarrollar su potencial y descubrir qué es lo que les gusta hacer y en qué se destacan. "Puede ser remar, construir o hasta educar", concluye.

Instagram: @botealagua

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.