Aislados y sin acceso a la salud de calidad
Las localidades rurales del norte del país tienen un pobre acceso a la salud por falta de centros y de médicos; allí subsisten el mal de Chagas, la tuberculosis y la sífilis
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Diana Zarza se acerca a la salita de primeros auxilios de General Pizarro, en Salta, con la intención de pegar unos carteles de prevención. Es una vecina más que trabaja en la cosecha de berenjenas, pimientos y zapallitos. A los pocos minutos llega una mujer a punto de parir. Gritos y desesperación. No hay nadie. Ni el doctor de guardia ni la enfermera. A Diana la sobra empatía pero le faltan conocimientos. Se solidariza. Le baja los pantalones y distingue la cabeza que quiere salir. Duda, se emociona. Recibe a ese nuevo bebe que tiene el cordón umbilical apretandole el cuello. Se le viene a la mente el video del nacimiento de su propia hija que tuvo el mismo inconveniente, y replica los ademanes que recuerda de la partera. Con unos movimientos le desenrieda el cordón y la criatura consigue respirar normalmente.
Un verdadero milagro poder dar vida en esas condiciones donde el aislamiento, la pobreza y la falta de políticas públicas ponen a prueba, todos los días, los niveles de supervivencia del ser humano. Son millones de personas que por vivir en zonas rurales o alejadas están a la deriva en su enfermedad, huérfanos de salud.
Porque tiene que caminar o trasladarse cientos de kilómetros para poder acceder a una atención médica a la que muchas veces no llegan por falta de tiempo o recursos, o porque la vida se les queda a mitad de camino, o que cuando llegan, ya es tarde y quedan con secuelas, con discapacidades de por vida.

Según cifras del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA el 47,8% de la población presenta un déficit de estado de salud, un 7,8% un déficit de servicio sanitario; un 11% tiene viviendas precarias y el 6,7% vive en situación de hacinamiento. Si a esto le sumamos que el NEA y el NOA son las zonas con mayores índices de pobreza (39,3% y 30,4% respectivamente según el ATE-Indec), las zonas rurales del norte del país son las más afectadas por aspectos que inciden directamente en el estado de salud de las comunidades.
En General Pizarro viven 3000 personas. Muchas de ellas trabajan en las fincas cosechando hortalizas, en condiciones inhumanas. Viven de la misma manera. No tienen luz, ni agua, construyen casas improvisadas de madera sobre pisos de tierra, no tienen cloacas. El hospitalito del pueblo cuenta con una buena infraestructura pero con escaso personal. Por eso, en los hechos, funciona como una sala de primeros auxilios. No tienen pediatras, ni cardiólogos, ni rayos, ni laboratorio. Sólo un médico que atiende de lunes a viernes y una enfermera, que hacen atención primaria y derivan todo lo demás a Apolinario Saravio, un pueblo ubicado a 25 kilómetros.
Hasta este lugar llegó el tren hospital pediátrico de la Fundación Alma, en su viaje 200, para atender las necesidades de salud de la población, aunque sea una vez al año. Entre ellos se encuentra Diana Zarza, que llega con sus hijos Santiago (2) y Valentina (4).
"Los traigo acá porque sino no hay otro lugar. El nene no me quiere comer. Tiene el mismo peso que hace 6 meses. Sólo lo traje a la salita una vez que estaba engripado pero el médico no sabe nada", dice esta mujer de 21 años, que se separó hace 6 meses y hoy tiene que hacerse cargo de sus dos hijos. Por eso eligió pasar de trabajar en el colegio de ayudante de ordenanza a cosechar berenjenas, pimientos y zapallitos. "Voy los viernes, sábados y lunes, de 7 a 20. Saco, como mucho, $180 por día. Es un trabajo muy duro pero gano más. o no me hago chequeos. Fui a la salita porque hace varios meses que no me viene el período y me dieron Ipuprofeno y sertal pero me sigue doliendo", dice Zarza, quien cobra la asignación universal por hijo (AUH) desde octubre.
"El nene está muy bien de peso. Le voy a hacer una derivación al oftalmólogo por estrabismo en un ojo", le dice la pediatra Vanina Agüero y Zarza respira aliviada.
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Abandono, lejanía, exclusión. Todas estas realidades se confluyen en las comunidades que quedan lejos de los grandes centros urbanos, dónde las necesidades básicas están cada vez menos satisfechas y dónde sus reclamos – cuando los hay porque se acostumbran al no tener – no son escuchados.
A estas geografías, es que diferentes organizaciones sociales se acercan para llevar salud, oídos, abrazos y educación a los más necesitados. Porque entienden que todos tienen el mismo derecho a ser sanos, sin importar el lugar en el mapa o la condición socio-económica.
Son 11 los profesionales voluntarios (3 pediatras, 3 odontólogos, 1 asistente social, 1 enfermera, 1 bioquímica y 2 radiólogas) que llegaron en junio pasado a las localidades de General Pizarro y Coronel Mollinedo, en Salta, junto al Tren Hospital Alma. Este hospital móvil llega hace 35 años a localidades del norte argentino (Salta, Santa Fe, Chaco, Tucumán y Jujuy) que no tienen servicios permanentes de atención médica pediátrica. Básicamente, desarrolla dos actividades: atención primaria de la salud para chicos y adolescentes de 0 a 18 años -incluyendo servicios médicos, odontológicos y medicamentos- y educación sanitaria dirigida a toda la comunidad.
En el camino, un descarrilamiento obliga a hacer una parada de dos días en Monte Quemado, Santiago del Estero. Allí, a pesar de tener una población de 40.000 habitantes, las urgencias médicas son las mismas. Porque si bien el Hospital Regional del Norte Grande Francisco David fue inaugurado en 2007 con fuegos artificiales, hoy es la imagen más absurda del abandono y del despilfarro de recursos. Un candado puesto en la puerta de entrada, es la imagen clara de que su funcionamiento está limitado al mínimo. La gente ingresa por la guardia – 1 médico y 2 enfermeras – que sólo atienden lo básico y tienen como consigna estabilizar al paciente para después trasladarlo a Saenz Peña (a 2 horas) o a Santiago del Estero (a 4 horas).
"El hospital se inauguró el 2007 y está vacío. El norte de Santiago está olvidado. Estas zonas tienen serios problemas de comunicación y aislamiento. La educación y la salud no se vienen a supervisar. Existe una fuerte falta de políticas", explica preocupado Juano Chalbaud, director de Haciendo Caminos de Monte Quemado.
Es un hospital fantasma. No hay ginecólogos, ni pediatras, ni traumatólogos, ni anestesistas ni obstetras. Ni aparatos. Sala de Neonatología y maternidad, cerrada. Terapia intensiva, cerrada. Radiología, cerrada. Sólo primeros auxilios y partos naturales sin complicaciones.
Allí se encuentran los rostros más difíciles de una pobreza en la que todavía existen enfermedades como tuberculosis, sífilis o Chagas; la violencia familiar y los abusos dicen presente en todos los hogares; los niños están desnutridos, tienen baja talla o son obesos producto de una mala alimentación.
¿Qué impide al Estado hacerse cargo de brindar un derecho tan básico como la salud? Rosa Nélida Rodríguez, presidenta del Honorable Consejo Deliberante de Monte Quemado explica que el problema de salud está presente en toda la provincia. "Estamos desde 2010 peleando con el Ministro de Salud provincial por conseguir profesionales pero no tenemos respuesta. Este es un hospital provincial que se hizo para atender a toda la comunidad rural de la zona pero existe un problema de presupuesto. No tenemos médicos oriundos y un otro no va a venir por 3 pesos a Monte Quemado porque estamos lejos de todo. Si no les dan un buen sueldo, no les conviene venir. De vez en cuando viene algún médico especialista que les da estudios o turnos pero nadie les puede hacer el seguimiento", explica la funcionaria, perdida entre laberintos de responsabilidades que dejan más al descubierto la falta de respuestas.
El Tren Alma aprovechó la parada para atender a las personas que se acercaron en Monte Quemado a los vagones hospital, como también a los niños que asisten al centro de Haciendo Caminos.
Ana Arias, una de las odontólogas del equipo, compartió al segundo día toda su impotencia. "La realidad es terrible. Nos contaron que el 20% de los chicos están indocumentados porque hasta que no terminan de pagar el parto en las clínicas privadas que les cobran cerca de $10.000, No hay vacunatorio
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