"Trabajamos desde chiquitos y a veces no tenemos ni para el mate"

Otilia (centro) con su marido y algunos de sus hijos y nietos, en la puerta de su casa en Añatuya, Santiago del Estero
Otilia (centro) con su marido y algunos de sus hijos y nietos, en la puerta de su casa en Añatuya, Santiago del Estero Crédito: Haciendo Camino
María Ayuso
Evangelina Bucari
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17 de diciembre de 2019  • 00:40

En el mapa de la desigualdad de la Argentina, la localidad de Añatuya, en Santiago del Estero, es uno de los puntos rojos. El distrito donde está ubicada, General Taboada, tiene un índice crítico de pobreza crónica: casi el 34% de su población vive en situación de extrema marginalidad.

Allí vive Otilia Torrez con su familia. Cuando piensa cuándo fue la última vez que pasó hambre, Otilia no duda: "Ayer. Hay veces que no alcanza y no tenemos ni para tomar mate". Los mediodías y cuando hay yerba, en su casa se matea y se comparte una tortilla o pan. La única comida "fuerte" es la cena, que suele ser un guiso.

Los largos días de trabajo son el primer recuerdo de su infancia que se le viene a la cabeza: con la bolsa atada en la cintura, caminaba kilómetros en la localidad de Lote 26 recogiendo capullo por capullo de algodón. "Hemos pasado calor, frío, siempre descalzos. A veces les digo a mis hijos que ellos son pobres, pero no han sufrido, porque nosotros nos hemos criado sufriendo", contó.

A veces les digo a mis hijos que ellos son pobres, pero no han sufrido, porque nosotros nos hemos criado sufriendo
Otilia Torrez

Cuando era chica, los papá de Otilia -que, como ella, no fueron a la escuela-, criaban animales y su papá juntaba leña y carbón. "Vivíamos en un rancho. Yo fui a primer grado, pero una semana nomás", detallo´ la mujer, que tiene 12 hermanos, tres varones y nueve mujeres.

La casa que tiene hoy Otilia en Añatuya es de material, pero sin servicios: se ilumina con baterías, no tiene agua corriente, ni gas ni cloacas. En el mismo terreno, viven también sus padres. En total, son unos diez familiares. Ella cobra la asignación universal por sus hijos más chiquitos -tiene cinco hijos y cuatro nietos- y ese es el único ingreso fijo de la familia.

Como resultado de realizar trabajos pesados durante an~os, Jacobo Paz, el marido de Otilia, tiene problemas de columna y hoy es "rezador", una figura a la que las familias del campo convocan cuando alguien fallece o hay un aniversario para rezar a cambio de una colaboración. En tres generaciones, solamente un hijo de Otilia, que trabaja como jardinero en Pergamino, pudo acceder a un trabajo en blanco. Ninguno fue al secundario.

Los Torrez Paz son una de las 11.000 familias en situación de vulnerabilidad extrema que lleva acompañando, en el transcurso de sus 14 an~os de trabajo, Haciendo Camino en Santiago del Estero y Chaco. "Nuestro desafío es poder construir soluciones a largo plazo, sin descuidar las emergencias concretas del día a día. Para nosotros es importante mantener un balance entre brindar respuestas urgentes a necesidades básicas insatisfechas y generar soluciones reales a sus problemas para quebrar el ciclo intergeneracional de pobreza", explicó Catalina Hornos, presidenta de la ONG.

Sostiene que, en el caso de la pobreza crónica rural, son varias las privaciones que se exacerban: la falta de transporte público, las largas distancias hacia cualquier servicio y la falta de caminos en buen estado; la ausencia de establecimientos secundarios y terciarios, de agua potable y el analfabetismo.

Un estudio reciente los define como pobres crónicos, es decir, aquellas personas que integran hogares con carencias persistentes que no pueden superarse aun bajo condiciones económicas coyunturales favorables y que suelen ser "heredadas" por la siguiente generación. La plataforma digital "Mapa de georreferenciamiento de la pobreza crónica en Argentina" elaborado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) , el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA (ODSA) y el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas), permite conocer con exactitud -por provincia, departamentos y radio censal- dónde se ubican esos hogares y la proporción que representan respecto de la población de cada municipio o barrio. El objetivo es contribuir al diseño de políticas efectivas que busquen erradicar la pobreza.

"El agua de lluvia no llega a cubrir sus necesidades, consumen agua estancada o contaminada con arsénico, y no conocen formas de potabilizarla. Padecen enfermedades de la pobreza como el Hacre (por el arsénico), el Mal de Chagas por la vinchuca, y muchas otras comunes que no se diagnostican ni tratan a tiempo. La falta de acceso a la salud pública hace que muchas personas se mueran por enfermedades curables", subraya Hornos. Y agrega: "Otra de las características de las familias viviendo en pobreza crónica es el analfabetismo. En pleno siglo XXI, el 20% de las familias con las que trabajamos cuentan con miembros, tanto adultos como niños, que nunca fueron escolarizados y que no saben leer ni escribir".

La falta de acceso a la salud pública hace que muchas personas se mueran por enfermedades curables
Catalina Hornos

Según Hornos, "las familias no suelen pensar a largo plazo porque están preocupadas en qué van a comer esa misma noche". En esa línea, concluye: "Cuando sufrís grandes privaciones el futuro se vuelve incierto, el único objetivo es conseguir la siguiente comida. Es necesario entender que si no se resuelve el hambre, es difícil para una persona en situación de pobreza pensar en el largo plazo".

Las cifras de Añatuya:

  • Distrito: General Taboada.
  • Índice de pobreza crónica: crítico (33,87%)
  • Vivienda deficitaria: 62,28%
  • Niños y niñas de entre 6 y 17 años que no van a la escuela: 14,61%
  • Hogares con hacinamiento crítico: 8,97%
  • Hogares sin acceso a red cloacal: 100%
  • Hogares con jefe o jefa con primario completo o menos: 69,69%
  • Hogares con jefe o jefa con secundario incompleto o menos: 80,06%
  • Población sin obra social ni prepaga: 66,83%

El impacto de Haciendo Camino en 2019:

  • Trataron nutricionalmente a 1505 niños y niñas.
  • Recuperaron nutricionalmente y recibieron el alta 347 niños y niñas.
  • Formaron en uno o más oficios a 730 mujeres.
  • Brindaron 9.000 horas de capacitación en oficios y educación para la salud.
  • Más de 100 mujeres percibieron ingresos a partir del oficio aprendido y están encarando emprendimientos propios.
  • Acompañaron a 908 futuras mamás.
  • Atendieron 2700 consultas médicas en 10 especialidades: pediatría, clínica, familiar, otorrino, ginecología, traumatología, odontología, oftalmología, cardiología y cirugía.

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