¿Cuáles son los peligros de las dietas extremas?

Las dietas restrictivas pueden desencadenar en un trastorno de la alimentación
Las dietas restrictivas pueden desencadenar en un trastorno de la alimentación
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13 de noviembre de 2019  • 13:13

Empezó el calor, se acerca el verano y crecen las dietas de todo tipo que nos prometen bajar esos kilos de más en tiempo récord. La dieta keto, el ayuno intermitente, los polvos para adelgazar y la lista sigue. ¿Qué es lo que le pasa a nuestro cuerpo y mente cuando nos sometemos a dietas muy restrictivas? ¿Cuáles son los riesgos a los que nos exponemos obnubilados por la obsesión de vernos más flacos?

"Lo que sucede con las dietas hipocalóricas (que implican consumir menos de 1200 calorías diarias), es que nuestras habilidades para pensar, tener energía y estar contentos disminuyen y esto genera situaciones de estrés internas. El cortisol aumenta y provoca cuadros de ansiedad y de depresión, a la vez que nos obsesionamos por la comida, en vez de estar relajados", explica Juana Poulisis, psiquiatra y especialista en trastornos de la alimentación.

Los expertos explican que estas dietas express además pueden generar irritabilidad, insomnio, dolores de cabeza y frío recurrente en manos y pies ya que el cuerpo disminuye su temperatura para conservar la poca energía disponible. También, otra de las consecuencias negativas es el conocido "efecto robote" debido a que los planes de alimentación tan restrictivos son difíciles de mantener en el largo plazo y terminan llevándonos al descontrol. Por este motivo es importante saber que muchas veces las dietas hipocalóricas son la puerta de ingreso a un trastorno de la alimentación y están contraindicadas en adolescentes.

"Este tipo de dietas tiene un altísimo índice de fracaso", asevera Alejandra Freire, licenciada en Nutrición en el Hospital de Clínicas José de San Martín y docente en la Universidad Favaloro. Para la especialista, esto se debe a que las personas van buscando planes de alimentación innovadores con resultados rápidos pero insostenibles por más de un mes, ya que son demasiadas las restricciones impuestas. Esto genera irritabilidad y las personas se vuelven insociables ya que tienden a evitar determinados lugares con el fin de poder seguir las indicaciones de la dieta "milagrosa", por lo que terminan asilándose.

Por otro lado, ser dietante crónico disminuye el gasto metabólico basal, es decir que baja la cantidad de energía que consume el organismo a lo largo del día para cumplir con sus funciones básicas vitales como dormir, respirar o hacer la digestión. Esto significa que en la adultez las personas que hicieron dieta durante toda su vida presentan dificultad para bajar de peso porque disminuyó el gasto energético del cuerpo. En este sentido, esto quiere decir que a medida que va pasando el tiempo, por este motivo, necesitan realizar dietas más estrictas para poder bajar de peso.

Poulisis asegura que nuestro cerebro gasta 500 calorías diarias y por eso "es fundamental tomar conciencia sobre estas dietas locas que nos imponen una cantidad mínima de calorías". Su consejo es desterrar la idea de hacer dieta: "Pensemos en un plan moderado y saludable. Porque si te dicen que hay algo que no podés, lo prohibido te va a dar más ganas y vas a pensar más en eso. Entonces flexibilicemos, si nos gusta un determinado alimento es conveniente disminuir la cantidad pero no restringir".

El peligro en la adolescencia

Según los expertos, quienes más recurren a estas dietas son chicas adolescentes. "Los jóvenes quieren todo ya y cuanto más rápido y sin sacrificio, mejor. Entonces estos planes de alimentación tienen todas las cualidades para seducir a una adolescente: son rápidos, mágicos y online", explica Freire y deja al descubierto los riesgos adherentes. "Para todas es la misma dieta sin tener en cuenta las particularidades de cada persona: sus gustos, hábitos y necesidades nutricionales. Entonces sienten que las que fracasan son ellas y no la dieta. Quedan atrapadas en este circuito: hacen dietas restrictivas, descontrolan, rebotan en el peso y vuelven a empezar otra vez la dieta."

"Generalmente esa dieta no la da un nutricionista, sino que la encuentran en las redes sociales o se las recomienda una amiga y la hacen solas en una edad vulnerable", añade Freire.

Cuando un trastorno de la alimentación golpea la vida de una persona, existen diferentes daños provocados en la salud, entre algunos de los estragos se encuentran:

  • Daños cardíacos: uno de los efectos de la restricción alimentaria extrema es la pérdida de masa muscular a nivel general, que en el caso de alguien con anorexia puede incluir el adelgazamiento del musculo cardíaco.
  • Hipotensión: la baja presión arterial está asociada a la mala alimentación.
  • Anemia: por un bajo nivel de hierro en sangre.
  • Caries: los vómitos traen problemas en los dientes debido al ácido clorhídrico del estómago que desgasta el esmalte y potencia la aparición de caries y esofagitis.
  • Problemas gástricos: la alta frecuencia de los vómitos puede provocar reflujo gastro-esofágico. Además, el modo como se introduce el vómito trae lesiones en la garganta, en el paladar, en las encías y en el esófago.
  • Nivel de potasio: en las personas que vomitan para purgar sus ingestas se verifican muy bajos niveles de potasio, comprometiendo seriamente la función cardíaca.
  • Deterioro de la estructura y fuerza de los huesos
  • Resquebrajamiento del cabello y de la piel que se vuelve áspera y reseca por la falta de hidratación y nutrientes.

¿Cómo debe ser un plan de alimentación saludable?

Entre los errores más frecuentes que conducen al fracaso de las dietas se destacan: saltear comidas, disminuir porciones a una cantidad mínima de calorías, quitar variedad (por ejemplo: comer todo fruta o verdura) y no incluir cosas ricas. "Todo eso después nos va a llevar al descontrol, porque la manera de reincorporar los alimentos prohibidos es de forma compulsiva", sostiene Poulisis y agrega que esto puede desencadenar en un trastorno de la alimentación.

La recomendación es evitar las dietas que tienen un principio y un fin ya que no existen las soluciones mágicas, sino que debe darse un cambio de hábitos que podamos sostener en el tiempo. "El plan de alimentación tiene que ser acorde al tipo de vida que tenga el paciente, a su gasto calórico, a sus hábitos y a sus gustos para que puedan ser sostenidos en el tiempo. Por eso tienen que ser individualizados", enfatiza Freire.

Un plan de alimentación saludable debe incluir los macronutrientes (hidratos, proteínas y grasas), tiene que ser armónico, variado, adecuado a la edad y al tipo de actividad que realice la persona. "Lo ideal es que de tus calorías un 50% sean hidratos, un 20% proteínas y un 30% de grasas de buena calidad. Después, con cada paciente hay que personalizar para que se conviertan en planes adecuados a la realidad de cada uno (desde sus posibilidades económicas hasta la disponibilidad de tiempo para cocinar). Lo bueno es buscar algo que la gente pueda sostener para generar hábitos saludables que los acompañen a lo largo de toda la vida", concluye la especialista en Nutrición.

A dónde recurrir en busca de ayuda frente a un trastorno de la alimentación

  • La Casita: es un Centro de atención y prevención para adolescentes y jóvenes y su familia. Para el abordaje de la problemática que pueda surgir, trabaja enfatizando los recursos de la persona y su sistema familiar apoyándose principalmente en el grupo de pares. Tel.: (011) 4787-5432.
  • Hospital Durand. Tel.: (011) 4982-5555 / 5655.
  • Hospital Piñero. Tel.: (011) 4631-8100 / 0526
  • Hospital Borda Tel.: (011) 4305-6666 / 6485

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