
De marca registrada
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Allí, donde sobran las carencias, donde la tierra se parte, el polvo es más polvo y el agua es un milagro, es posible vivir de lo nuestro. Colonia Rural Nueva Esperanza, un barrio de la ciudad de Neuquén, nutre el paisaje más inhóspito. Para muchos es la nada. Enclavada en la meseta, asiste a un desarrollo productivo de gran escala. Trece crianceros de cerdos reconvirtieron su actividad productiva y ya cuentan con una marca propia: Lechón Criollo Magro Patagónico.
Antes convivían entre escombros y desperdicios. Muchos hasta reciclaban basura. No tenían agua potable de red ni luz ni cloacas. Sobre una chacra de una a dos hectáreas armaban corrales de chapa, cartón o pallet para la cría de cerdos con alimento orgánico. Producían en época estacional, para consumo propio y algunos particulares. Cada uno tenía un promedio de tres chanchas, que realizaban una parición estacional al año, y los seis lechones que llegaban a tener como máximo tardaban no menos de tres meses para llegar a los 10 kilos.
Hoy sostienen chiqueros de calidad y colocan sus productos en el mercado regional (carnicería, empresas de catering y clientela propia). No es sólo mérito de ellos. Es la iniciativa de la asociación civil Contribuir al Desarrollo Local ( www.contribuir.org.ar ). Desde 2006 implementa este proyecto, al que denomina Vivir de lo nuestro.
Cuenta con el apoyo de un consorcio de empresas liderado por Total Austral SA, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), la Asociación de Fomento Rural del barrio y otros organismos públicos como el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y el municipio de Neuquén. Incluso colaboró la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) con un estudio de mercado, en virtud de lo cual confirmaron sus expectativas de desarrollo. "La producción es rentable, tiene mucho mercado por explotar y a muy buen precio", comentó el director técnico de la iniciativa, Ariel Garralda. "Tampoco tiene techo", agregó el presidente de la asociación, Juan Sicardi.
Preseleccionados por la Fundación Hueche, que administra el Centro de Formación Profesional de la Colonia, los criadores de chanchos fueron capacitados por contribuir al desarrollo local, que además facilitó las mejoras para optimizar e incrementar la producción. Los chiqueros fueron subdivididos con bolleros eléctricos, tienen comederos con alimento balanceado, incorporaron buenas prácticas de manejo y disponen de un botiquín para desparasitar a los animales. Hoy tienen electricidad.
También implementaron tecnología para optimizar el agua potable suministrada en camiones y genética para mejorar la calidad de los chanchos. Para Garralda la producción aumentó exponencialmente. Los productores tienen hasta doce cerdas madre, que pueden realizar dos pariciones anuales y llegar a tener un promedio de 16 lechones cada una. En unos 45 días alcanzan los 10 kilos. Esto es posible gracias a un trabajo asociativo, coordinado por un equipo interdisciplinario que enfoca el proyecto desde distintos ángulos.
"Cada uno es dueño de su propiedad, pero comparte la gestión. Por medio de la asociación comercializan sus productos a gran escala. Hay un trabajo de articulación entre lo público y lo privado muy importante", destacó Sicardi. De los 13, nueve siguen formando parte de este proyecto. El resto, no obstante, continúa produciendo chanchos. Y un grupo de 14 crianceros más recibe capacitación para seguir sus pasos. Ahora requieren de financiamiento para hacer las parideras. El modelo también se quiere replicar en otras zonas del país y en localidades aledañas como Centenario y Senillosa. Para el año que viene tienen pensado incorporar otro grupo.
"La idea es convertir la colonia en un centro de calidad", adelantó Sicardi. Unas 420 familias residen en este lugar y cerca de 150 se dedican a esta actividad. "Es mucho lo que se puede hacer", indicó Garralda. En un futuro no lejano dijo que la expectativa es incorporar inseminación artificial. Más que conformes con los resultados, Vivir de lo nuestro no sólo mejoró la producción, sino el hábitat.
Por su labor en el proyecto, la organización fue galardonada este año por la revista Chacras y el Banco Galicia, entre otras 56 instituciones desperdigadas a lo largo y ancho del país. Recibió el primer premio en concepto de Gestión Solidaria del Campo.
"Confirma que es posible salir de la pobreza. La transformación ha sido muy importante. Eran tenedores, ahora son productores y aspiramos a que puedan ser empresarios de cerdos", concluyó Sicardi.
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