"El chico no tiene la voluntad de terminar preso"

Micaela Urdinez
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8 de septiembre de 2019  • 00:04

Está convencida de que los prejuicios son el factor que más condiciona el futuro de los jóvenes de contextos vulnerables y que lo más difícil del trabajo que hacen con los chicos que están privados de su libertad, es poder romper con la autopercepción de que no tienen otro destino posible.

Fiorella Canoni, directora nacional de Readaptación Social del Ministerio de Justicia de la Nación, afirma que "en este colectivo funciona destructivamente el prejuicio, en el sentido de que termina siendo constitutivo de la identidad de ellos. Por eso nosotros estamos trabajando con las escuelas y la sociedad en general para deconstruir estos mitos", señala.

Si bien Canoni sostiene que en los últimos años se ha avanzado mucho a través del Programa de Readaptación Social para que cuando recuperan su libertad tengan un sistema de apoyo, también reconoce que "pensar en lo pos penitenciario es la gran deuda pendiente que tenemos".

Este programa se desarrolla en el ámbito federal con el grupo de jóvenes adultos, que abarca a chicos de 18 a 21 años y comprenden solo al 7% de la población total.

Fiorella Canoni es directora nacional de Readaptación Social del Ministerio de Justicia de la Nación
Fiorella Canoni es directora nacional de Readaptación Social del Ministerio de Justicia de la Nación

-¿Cuál es el perfil de los jóvenes adultos que están privados de su libertad?

- No me gusta generalizar. Pero podemos decir que en general tienen un historial de institucionalización desde edades muy tempranas, vienen de contextos de vulnerabilidad social en donde hay pobreza, falta de educación y falta de experiencia en un oficio laboral. La mayoría tiene 18 años y está terminando la primaria dentro del penal, con lo cuál eso quiere decir que en algún momento se interrumpió la trayectoria escolar. No es que no tuvieron la oportunidad de estar escolarizados sino que la escuela los termina expulsando. Hay una sistemática expulsión del chico a todos los procesos de institucionalización porque no tienen herramientas para contenerlos.

-¿Cómo incide en ellos la estigmatización de que inevitablemente van a ser a ser violentos y criminales por ser pobres o por vivir en una villa?

- El prejuicio estigmatizador es lo que los lleva hasta ahí. No esperan nada. Es un pibe que nace con la realidad de que el delito atraviesa su subjetividad y cada vez vemos que va ganando más lugar. En la medida que los chicos entienden que no tienen la posibilidad de poder construir algo distinto a la mirada que el otro tiene sobre ellos, te encontrás con jóvenes adultos que muy tempranamente entendieron que ese iba a ser su camino.

-También debe incidir mucho en sus oportunidades el entorno en el que se mueven.

- Cuando ellos salen de estar privados de su libertad su grupo de pertenencia es el mismo y entonces se hace muy difícil poder pensarse desde otro lugar, resolverlo individualmente. Vuelven a ese lugar en el que saben estar, como todos, solo que en su caso eso representa un peligro. Lo más difícil es poder quebrar cómo construyeron su subjetividad.

-¿Cómo se puede intervenir para que puedan pensar otras trayectorias para ellos?

-Cuando encuentran un ámbito positivo para trabajar, que los tratan bien, una mirada distinta que no estigmatiza y refuerza un lugar en el que ellos están en la sociedad, sí son receptores. Es una población a la que le cuesta mucho más entrar en confianza.

-A nivel social, ¿cómo se cambia la mirada condenatoria?

- Yo creo que es más holístico. Durante su corta vida estos chicos atraviesan un rechazo social muy fuerte. En un encuentro con ellos citábamos a Sarte que decía "el infierno son los otros". Y en ese contexto Sartre plantea que si tiene que ser ladrón, va a ser el mejor de los ladrones. Cuando vos sos un chico y la sociedad ve una trayectoria para vos, vos la tomás. El chico no tiene la voluntad de terminar en donde termina. En la medida que la sociedad no pueda darle a este chico la oportunidad de ser quien realmente tiene el potencial de ser, no van a poder cambiar.

- El gran desafío es enfrentarse al día después de salir en libertad. ¿Cómo los acompañan en ese período para que no vuelvan a caer?

- Pensar lo pos penitenciario es la gran deuda que tenemos. Hoy tenemos un mejor desarrollo pero no se agota en la readaptación. Seis meses antes de que una persona esté por recuperar la libertad se genera una entrevista, para intentar pensar los perfiles, con quien vive, qué posibilidades tiene. Estamos haciendo un trabajo muy fuerte con todos los Patronatos del todo el país. Antes tenían más un trabajo de supervisión y control del tutelado y hoy están más enfocados en que estos chicos puedan desarrollar un proyecto de vida.

-Me imagino que lo más complejo debe ser que consigan un trabajo.

-En este punto se fueron transitando bastante los prejuicios porque nosotros la primera vez que tocamos la puerta de una empresa nos resultó muy difícil que quisieran trabajar con este colectivo y hoy ya son varias. Algunas son empresas grandes, otras pymes y otras cooperativas. Son todos movimientos que se van dando en esta línea de ir decontruyendo los prejuicios. Tenemos que dejar de pensar que son monstruos.

-¿Durante cuánto tiempo los acompañan una vez que salen en libertad?

- Es a largo plazo. Sí o sí los acompañamos desde la dirección durante un año porque es la ventana más crítica. Si los jóvenes no se quiebran durante el primer año, es muy difícil que vuelvan a caer. Pero tenemos chicos que los seguimos mucho más tiempo.

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