
El consumo doméstico, también en la lupa
La falta de hábitos de consumo responsables hace que en las casas se terminen tirando toneladas de comida en buen estado
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Se estima, a nivel mundial, que la mitad de la basura que producen los hogares es comida. De ésta, aproximadamente la mitad podría evitarse y se podría haber consumido si se hubiera tratado de forma diferente. De hecho, a lo largo de toda la cadena alimentaria, la mayor cantidad de desperdicios que podrían evitarse son los de los hogares.
"Lo que está faltando es una función pedagógica del Estado. Así como hay una mayor conciencia sobre los temas medioambientales, esto no se asocia con la alimentación. Antes de los años 70 tirar la comida era pecado y eso se ha ido perdiendo, en parte por la comida chatarra, por la velocidad, porque ha cambiado la manera de comer en el hogar. Y por eso lo que faltan son campañas de concientización sobre un consumo responsable que implica no comprar ni tirar de cualquier manera y saber que si yo soy más responsable estoy beneficiando a otro necesitado", explica Daniel Arroyo, ex viceministro de Desarrollo Social de la Nación.
Los principales motivos por los cuales las familias tiran la comida es porque compran demasiado, porque dejan restos en el plato, porque los productos superan la fecha de caducidad, porque los alimentos tienen mal aspecto, olor o sabor, o porque se generan sobras después de cocinar.
Según el Estudio de calidad de los residuos sólidos urbanos realizado en 2011 por el Instituto de Ingeniería Sanitaria de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, "la cantidad de desechos alimenticios en la ciudad de Buenos Aires se mantiene estable desde el 72, representando entre el 20 y el 25% de los residuos totales. "Pero en los últimos 10 años se ve el mal consumo del material, porque llega mucho desecho alimenticio que se pone feo por no estar en la heladera. El yogur vencido, las tapas de empanada sin usar. Antes, este tipo de basura estaba compuesto en mayor medida por restos de elaboración de la comida y ahora encontramos mucha más comida que podría ser reutilizada si se hubieran mantenido las condiciones de refrigeración y cuidado adecuadas", dice Marcela De Luca, docente del Instituto de Ingeniería Sanitaria de la Facultad de Ingeniería de la UBA.
¿Qué se puede hacer? Además de tomar conciencia sobre la importancia de no comprar más de lo que uno necesita y de aplicar medidas cotidianas para tratar de aprovechar al máximo las comidas, los especialistas alertan sobre la diferencia entre la fecha de vencimiento y la de consumo preferente. La fecha de caducidad o vencimiento indica que una vez superada la fecha impresa en el producto, su consumo podría ocasionar daños a la salud, por lo tanto se recomienda evitar su ingesta. En cambio, la de consumo preferente indica que una vez superada la fecha, el producto no ofrece plena calidad y puede haber perdido alguna de sus cualidades como sabor, olor o textura, pero desde el punto de vista sanitario es totalmente comestible. Así, un alimento puede ser consumido pasada su fecha de consumo preferente sin provocar riesgos para la salud, aunque quizá sufra algunas alteraciones en su color o textura.
"También sugiero que las personas traten de comprar los elementos que tengan la menor cantidad de envases y embalaje, ya que representan el 20% de los residuos. Se pueden hacer muchas cosas con políticas muy pequeñas. La gente tiene que tener conciencia de lo que está comprando", concluye De Luca.
CONSEJOS PARA NO DERROCHAR
- Planificar las compras con una lista antes de ir al supermercado.
- Evitar las compras compulsivas producto de los descuentos o promociones.
- Evitar los envases grandes de comida fresca.
- Mantener el refrigerador y la alacena organizados.
- Recordar que la fecha de caducidad es sólo una recomendación.
- No cocinar demasiada comida. Usar porciones pequeñas.
- Utilizar los restos de comida y la imaginación para hacer comidas nuevas.
- Si la comida está próxima a la fecha de caducidad, congelarla en lugar de tirarla.
- El pan en rebanadas puede congelarse y sacarse de una a una.
- Pedir la comida que sobra en los restaurantes para llevar a sus casas
- Comprar las frutas y verduras por piezas, ajustándolas a la cantidad justa que se necesita.
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