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Hambre de futuro

El Futuro Está en el Monte, un proyecto que busca potenciar los saberes ancestrales de las comunidades

Micaela Urdinez
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10 de noviembre de 2018  • 00:00

Para Elda Rojis y el resto de las mujeres Wichi que integran la asociación Chitsaj de artesanas, el monte es una especie de supermercado del que pueden obtener alimentos sin tener que pagar.

"Siempre nos dio de comer por sus animales y plantas. De ahí sacamos la planta de chaguar rompiéndonos las manos y los pies, para hacer artesanías y también para comer. Cuando llega la época de frío el chaguar se hace chiquito y cuando está nublado, lo quemamos y lo comemos. Hacemos una montaña de ramas y tiramos las plantas arriba. Es parecido al ananá, es dulce", agrega Rojis.

En su casa cuelga un cartel que dice "Artesanías Wichi" porque allí funciona esta asociación integrada por 185 mujeres que viven en diferentes parajes y barrios.

Todas las semanas, las coordinadoras de cada grupo se reúnen para organizar mejor el trabajo. Paulina Quiroga, Marta Azarte, Francisca Polo, Graciela Yacante, Lorena Maciel y Guillermina Gómez, son algunas de las mujeres que están sentadas en ronda debajo de la sombra de un árbol.

El salón es el espacio de encuentro de las mujeres que integran Chitsaj. Allí se reúnen tres veces por semana para compartir sus saberes, trabajar sus artesanías en chaguar, recibir a los turistas, realizar talleres de diseño, cuidado del agua, y educación sexual. Allí también toman decisiones, se reparten los diferentes encargos, se capacitan en distintos temas como costura, y aprenden a usar celulares táctiles, tablets y computadoras.

"El lugar tiene conexión a Internet porque se convirtió en el Gran Chaco Nanum Village y forma parte de una red de centros de aprendizaje a partir del acceso a la tecnología en donde las organizaciones pueden fortalecer la actividad productiva o de servicios que llevan adelante", explica Melissa Rojas, licenciada en trabajo social e integrante del equipo de la Fundación Gran Chaco. Mientras tanto, un grupo de tres mujeres largan carcajadas mientras miran fotos en una Tablet.

Están necesitando la donación de telares para poder seguir trabajando
Están necesitando la donación de telares para poder seguir trabajando

Francisca Polo, una de las artesanas, se pone a tejer con el chaguar, y explica cómo van haciendo los diferentes dibujos. A los 17 años, su mamá le empezó a enseñar cómo trabajar con el telar. "Me gusta mucho hacer artesanías. Tardo bastante porque además tengo que cocinar y lavar. Entonces lo hago en mis tiempos libres", dice.

Chitsaj es una de las asociaciones que forman parte de El Futuro Está en el Monte, una articulación entre el sector social ( Fundación Gran Chaco, ACDI, Copsol, Fundación Avina y la Fundación Los Grobo), las empresas y el Estado que impulsa en la región del Gran Chaco modelos de negocios que promuevan un desarrollo sustentable, competitivo e inclusivo, a través de la puesta en valor del capital natural y cultural, combinando la innovación con los saberes locales. Lo hacen apoyando a organizaciones de base que trabajan en temas vinculados con la ganadería, la producción forestal, la agricultura, las artesanías o la apicultura, en las provincias de Chaco, Santiago del Estero, Salta, Jujuy y Formosa, pero además se extiende al Paraguay y Bolivia.

Las artesanas también aprenden tecnologías de información y comunicación (TIC) para mejorar sus vidas y su producción
Las artesanas también aprenden tecnologías de información y comunicación (TIC) para mejorar sus vidas y su producción

"Esto lo hacemos de forma amigable con el medio ambiente y superadora a los cambios climáticos para los pobladores. Los productores y artesanas son en su mayoría de vulnerabilidad económica o en vías de desarrollo, y la red los provee de capacitación técnica", explica Horacio Duk, coordinador del programa de autoconstrucción de cisternas de Fundación Gran Chaco. También promueve el fortalecimiento de las comunidades, la innovación y el cuidado y restauración del ecosistema.

Los productos que más vende Chitsaj son los telares, los dibujos y los atrapasueños. Las mujeres se capacitan en tejidos, y las que más saben transmiten los conocimientos de generación en generación, como la calidad de los puntos y las técnicas de teñido. La asociación tiene personería jurídica y monotributo para poder facturar.

Gracias a su página de Facebook pueden recibir pedidos de todas partes del país
Gracias a su página de Facebook pueden recibir pedidos de todas partes del país

Paulina Quiroga es su presidenta y también la encargada de las 27 artesanas del Paraje Nazario en donde el principal problema que tienen es el agua. "Sin agua no podemos vivir y es muy difícil poder tener una huerta. Para teñir el chaguar también necesitamos agua porque hay que hervir los frutos de las plantas en ollas. El agua de la laguna sirve para este proceso pero hay que limpiarla con un trapo para filtrarla.

A mis hijas les voy a querer enseñar todo lo que se. Cuando yo tejo, ellas están a mi lado aprendiendo", dice.

Uno de los objetivos del acompañamiento de El Futuro Está en el Monte es que estas familias puedan ampliar sus horizontes de futuro y aprendan a diversificarse. "Nosotros las acompañamos en su proceso de desarrollo. La artesanía es uno de los componentes que las pueden ayudar a salir adelante, es la actividad que tradicionalmente realizan las comunidades, y además les mostramos que existen otras posibilidades. Una de ellas es la huerta, otra es la inclusión de la tecnología a sus vidas aprendiendo a usar herramientas que fortalezcan en ellas competencias para enfrentar los desafíos del mundo de hoy", dice Rojas.

Por ejemplo, junto con el Ministerio de Desarrollo Social de La Nación están desarrollando 12 huertas familiares. Las mujeres eligieron los lugares, y el principal criterio fue la cercanía al agua. "Están ubicadas en las casas de algunas de las mujeres pero trabajan varias personas de la comunidad. Ellos se ocupan del mantenimiento, del sistema de media sombra, el riego y el sembrado. Se hizo desde la limpieza de los predios hasta lo que es la preparación de la tierra", cuenta Rojas.

Los productos que más se venden son los telares, los dibujos y los atrapasueños.
Los productos que más se venden son los telares, los dibujos y los atrapasueños.

En algunos parajes llega la electricidad, otros en los que se manejan con paneles solares y lugares en los que no hay nada. Guillermina Gómez, por ejemplo, es una de las que no tiene luz y ha llegado a tejer con linternas. "Le ponemos precios a los artículos entre todas. Recibimos un pedido y lo distribuimos en los diferentes grupos", explica.

En este momento, Chistaj está construyendo un andamiaje para la venta mayorista que es incipiente, buscando generar la pata de la comercialización y de una clientela fija. "Se están dando los primeros pasos, y se necesita muchísima inversión. Ahora están trabajando con clientes particulares como por ejemplo el área de Turismo de la Provincia de Chaco, que le hicieron un pedido de 200 artículos, que pueden ser cartucheras o escarapelas", agrega Rojas.

Las mujeres se capacitan en tejidos, y las que más saben transmiten los conocimientos de generación en generación, como la calidad de los puntos y las técnicas de teñido.
Las mujeres se capacitan en tejidos, y las que más saben transmiten los conocimientos de generación en generación, como la calidad de los puntos y las técnicas de teñido.

Por otro lado se van abrieron otros proyectos como la plantación de chaguar en los predios de las mujeres y la producción de tintes naturales. Chitsaj lleva adelante también un plan de forestación y actualmente las mujeres llevan más de 2000 árboles de algarrobo plantados en tierra comunitaria. Esta plantación es cuidada, regada por las mismas mujeres y en algunos años se espera aprovechar la fruta del algarrobo para la preparación de la harina que se puede utilizar para hacer alimentos", explica Rojas.

Marta Azarte es una de las encargadas de regar los plantines desparramados en cuatro hectáreas con agua que sacan con una bomba del arroyo. "Lo que más nos molesta son las vizcachas que se comen todo. Hacemos un fuego en el hueco para espantarlas. Yo pienso que vienen por el agua", cuenta.

Un proyecto que busca potenciar los saberes ancestrales de las comunidades

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Tablets en el monte

A sus casi 40 años, Graciela Yacante está aprendiendo a usar la computadora y se abrió una cuenta persona de Facebook con la que se comunica con parientes y amigos. Le resulta muy difícil pero ella afirma que tiene mucho interés. "También hacemos planillas y sirve para poner los precios y organizarnos", cuenta.

Ella es una de las mujeres que gracias al Nanum Village, recibe alfabetización en nuevas tecnologías. Es así como tienen su primer contacto con una Tablet, un correo electrónico o las redes sociales.

"La idea es que rompan el hielo, que se empiecen a familiarizar con este idioma y que le pierdan el miedo", explica Lorena Maciel, la responsable de esa tarea.En la mayoría de los parajes no hay Internet asi que todas aprovechan cuando están en la Asociación Chistaj para conectarse. "Creen que si aprietan mal un botón van a romper la computadora. Yo tengo mucha paciencia y les digo que si no entienden algo, me lo vuelvan a preguntar. Y así van ganando de a poco confianza", agrega Maciel.

Todas las semanas, las coordinadoras de cada grupo se reúnen para organizar mejor el trabajo.
Todas las semanas, las coordinadoras de cada grupo se reúnen para organizar mejor el trabajo.

Los contenidos van desde cómo rellenar una planilla de ventas o de stock, pasando por cómo manejar el Excel o el Word, hasta hacer notas. "Es muy importante el FB de la organización porque a través de esa red ellas reciben muchos encargos. Siempre subimos fotos para que las personas vean lo que hacen.

Ellas han incorporado la Tablet y los celulares a su vida cotidiana", dice Maciel.

Una canilla propia

Lo más importante para Juanita Miranda era poder tener una canilla propia así no dependía más de los bidones de agua que le mandaba la municipalidad. Junto al resto de los integrantes de la Asociación Civil Pro Monte participó del Programa de Autoconstrucción de Cisternas y techos recolectores de agua de lluvia. Así, pudo cumplir con el sueño de disponer del agua cuando lo necesitara.

"Durante muchos años tenía huerta en mi casa y vivíamos de eso. En ese tiempo era lindo porque llovía. Después empezó a azotar la sequía y tuve que buscar otra manera de vivir. Y me puse con la majada de chivas y ovejas. Ellas siempre fueron mi sueldo", explica Miranda, que tiene cuatro hijos y nunca pensó que iba a poder llegar a tener una casa de material como la que tiene ahora.

También se abrieron otros proyectos como las huertas comunitarias, la forestación de 2000 árboles de algarrobo y las plantaciones de chaguar en las casas de algunas mujeres.
También se abrieron otros proyectos como las huertas comunitarias, la forestación de 2000 árboles de algarrobo y las plantaciones de chaguar en las casas de algunas mujeres.

Además de tener cerca de 200 animales, un panel solar y un horno de barro, ahora cuenta con una cisterna de 2000 litros. "El agua de lluvia viene del techo, cae por las canaletas y baja a la cisterna. Antes todos los días íbamos como hormiguitas a la represa a buscar agua. Ahora que tenemos la cisterna es un descanso total, una vida muy feliz".

Su próxima meta es poder tener el tendido de luz eléctrica desde la ruta para poder tener una heladera, un freezer y un ventilador. "Después de ocuparme del chiquero, me tengo que ir al pueblo a buscar hielo porque no se aguanta el calor y se nos pudren los alimentos", dice.

Este proyecto está enmarcado dentro de la obra del acueducto Wichi- Pompeya-Sauzal, que busca dar solución a algunas de las problemáticas de los campesinos.

"Antes de esta obra el problema del agua era apremiante. La gente consumía el agua de las lagunas, los esteros y los ríos de muy mala calidad, con un impacto negativo en la salud. Las personas que integraban diferentes organizaciones de base propusieron esta solución", explica Duk.

El Banco Mundial financia la obra que prevee la construcción de 1000 cisternas. Ya se conformaron 16 equipos de trabajo con mano de obra local, que son los que construyen las cisternas.

La Asociación Chitsaj está integrada por 185 mujeres que viven en diferentes parajes y barrios
La Asociación Chitsaj está integrada por 185 mujeres que viven en diferentes parajes y barrios

"La producción en la zona no sería posible sin agua de calidad para consumo. Y también para los animales y la agricultura. La obra del acueducto también contempla la red dispersa que provee agua a las comunidades que están más retiradas de los centros poblados", agrega Duk.

QUE NECESITAN

La asociación Chitsaj quiere construir más huertas comunitarias, un salón más amplio para las mujeres y conseguir una camioneta para poder ir a juntar el chaguar. Además, solicitan la donación de bastidores, mesas y sillas. Las personas interesadas en colaborar pueden comunicarse con Melissa Rojas al 0370-4084343 o a la Fundación Gran Chaco al 0370 442-0945.

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