
El mercado de la estepa es el reino del comercio directo
Sin intermediarios y en equipo, contagian su modelo
1 minuto de lectura'
Bob Killmeate, ojos azules como el color del mar en las costas patagónicas, eligió el Sur como su lugar en el mundo, y creó un sistema de producción y venta de alimentos y artesanías sin intermediarios para mejorar el sustento de las personas aisladas y dispersas en la provincia de Neuquén.
Su espíritu inquieto, marcado por una predisposición al servicio, lo llevó a buscar mecanismos de transformación comunitarios después de vivir en Santiago del Estero, donde se ocupó de la tenencia de la tierra. De Santiago pasó a Cinco Saltos, cerca de Cipolletti, Neuquén, para instalar una minigranja con invernáculos.
"Como estaba cerca de la Universidad del Comahue -cuenta- me conecté con los investigadores y organicé una granja educativa. Tenía una vaca lechera, verduras y gallinas. Parte de los productos que obtenía los utilizaba para el consumo propio, y vendía los excedentes. Pasé cinco años en Salto, hasta que un amigo encontró cuatro hectáreas en Dina Huapi, a la entrada de Bariloche, y me impulsó para que pusiera en práctica un proyecto que anhelaba: crear una cooperativa de producción sin intermediarios."
Para acortar la distancia entre productores y consumidores, en 1999, junto a sus amigos, abre Surcos Patagónicos, asociación que luego suscribe un convenio con el INTA y el Programa Social Agropecuario. Fue un éxito la idea de unir productores del área de Pilcaniyeu en un mercado, con el apoyo de entidades técnicas.
Hoy integran el mercado 130 productores de lana, miel, cuero, artesanías, dulce, piedras talladas, conservas y licores. El edificio de 2000 metros cuadrados, que aparece en la foto, lo construyeron con la ayuda de Parques Nacionales, Techint, Cristina Míguens y Estancias San Ramón. Es un centro de abastecimiento atendido por los productores, que viven en diferentes departamentos, algunos ubicados a 500 kilómetros, sitios a los que no se acerca el transporte público o lo hace cada tanto.
Las mercaderías provienen, por ejemplo, de Comallo, que tiene un valle encajonado, y gente dedicada a la cría de ovejas y al cultivo de alfalfa; de Corralito, donde habitan 100 personas; de Villa Llanquín, y de Valcheta. En un año, los productores del particular mercado vendieron 58 mil pesos en mercadería.
El precio de cada producto lo pone el dueño y están enseñándoles a ver cómo llegan al mismo. Surcos capacita a su gente y busca que la calidad, el origen y la identidad cultural se conviertan en el valor agregado de cada producto.
En el silencio de la estepa, donde no abunda el agua, las heladas son intensas y las vías de comunicación un milagro, se despliega este proyecto que busca equidad y trabajo solidario. Por lo general lo que ocurre es que nadie se une solo al mercado. Lo hace desde un paraje y un representante del mismo.
"Tenemos control de fichaje de las ventas; cada etiqueta tiene el nombre de la persona que hizo el producto y la dirección donde vive. Ahora proponen que el comprador visite los lugares de producción, así conoce que detrás de cada prensa, artesanía o alimento hay una persona. Acompañamos los procesos productivos con enseñanzas e intentamos incorporar nuevas comunidades", culmina Bob Killmeate, quien sigue armando tramas de contención y amplía horizontes regionales con marcas registradas.
1
2La experiencia que marcó a una joven: “No podía volver del Impenetrable a casa y olvidarme de lo que vi”
3“No saben qué tipo de agua toman”: el drama de un millón de niños que crecen en 6000 barrios de todo el país
- 4
Volvió a crecer la cantidad de personas que viven en las calles de CABA, pero hay menos niños en esa situación


