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Entre la informalidad y el autoempleo: ¿de qué trabajan los jóvenes vulnerables que quedan afuera del empleo en blanco?

Un estudio de la UBA identificó las oportunidades laborales reales a las que acceden; “no renuncian a soñar con un futuro mejor”, advierte el director de la investigación

Jóvenes de sectores vulnerables que no acceden a un trabajo formal. - Leo Carbón, un joven que trabaja como ayudante de albañil o haciendo trabajos de reparaciones por su cuenta. El es del Barrio Mitre si bien ahora vive en Pacheco.
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Agustina tiene 25 años y dice que ninguno de los trabajos que hizo la entusiasmó tanto como el actual. Armó un emprendimiento de artículos de cotillón que hace ella misma después de diseñarlos con su celular. Todos los días ofrece sus creaciones en sus estados de WhatsApp y en una cuenta de Instagram.

“Hice de todo. Fui cuidadora, empleada de limpieza y niñera, casi siempre en negro. Pero no hay comparación con trabajar de lo que te gusta. Además, desde mi casa puedo acompañar mejor a mi hijo de 8 años”, explica. “La plata que hago se parece bastante a lo que ganaba cuando trabajaba afuera. Ahora ahorro para comprarme una computadora. Por suerte ya me pude comprar una impresora”, cuenta.

"Saco más o menos la misma plata que si trabajara afuera", dice Agustina sobre su emprendimiento personal
"Saco más o menos la misma plata que si trabajara afuera", dice Agustina sobre su emprendimiento personalgentilea

Su historia le pone voz a una de las conclusiones de un informe reciente de la Universidad de Buenos Aires que analiza la forma de ganarse la vida de los jóvenes de sectores vulnerables de entre 18 y 29 años. Según el estudio, el 69% trabaja. Sin embargo, de ese universo que está en actividad, el 75,9% lo hace en la informalidad, ya sea con trabajos en negro (el 46,1%) o con emprendimientos (29,8%).

“La informalidad es el mecanismo a través del cual se genera trabajo. Dejó de ser una situación de excepción para pasar a ser dominante”, señala el sociólogo e investigador principal del Conicet Juan Cruz Esquivel, director de la investigación.

En la gran mayoría de los casos, esa informalidad se traduce en puestos de baja calificación en sus barrios o en las cercanías: empleados de comercio, bacheros, ayudantes de cocina, repartidores de comida o ayudantes de albañilería. También como cuidadoras o empleadas de limpieza.

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QUIERO CONTRATAR

Un buen trabajo es mucho más que un buen ingreso. Es muy importante un buen ambiente laboral, que no te maltraten. Pero casi nunca se dan las dos cosas juntas”

Avivgustina (25), barrio Infico, San Fernando

Un buen trabajo es aquel que no te lleva a vivir para trabajar, uno en el que no se te vaya todo el día entre viaje y jornada laboral. A veces me pregunto si un trabajo así existe”

Leo (29), barrio Mitre, CABA

El informe enumera cuáles son los rubros que más empleo generan: comercio y gastronomía (28,5%), construcción (19,8%) y ventas particulares en ferias, por internet o desde sus casas (15,6%). Uno de cada cuatro jóvenes trabaja nueve o más horas por día.

“Los jóvenes vulnerables no renunciaron al trabajo como horizonte de progreso, pero lo que parece haberse debilitado es la capacidad del mercado laboral para incorporarlos en empleos de calidad”, considera Esquivel y señala que uno de los hallazgos que más los sorprendió fue el rol que juegan las ventas por internet. “Aunque muchos podrían pensar que se trata de una changa o rebusque, hay una representación de esa tarea como emprendedurismo. Muchos la ven como la herramienta laboral que tienen a su alcance para subsistir”, plantea el especialista.

Esquivel se refiere a los grupos de Facebook y de WhatsApp barriales, a las cuentas de Instagram y los propios estados de WhatsApp, espacios que se convierten en vidrieras desde donde se ofrece ropa, manualidades, servicios de manicuría y peluquería y comida casera.

Leo (29) trabaja como ayudante de albañil y complementa sus ingresos con trabajos de plomería y arreglos domésticos
Leo (29) trabaja como ayudante de albañil y complementa sus ingresos con trabajos de plomería y arreglos domésticosRicardo Pristupluk

El “negocio” del autoempleo

Agustina Villalba difunde su emprendimiento desde la misma cuenta de Instagram con la que antes vendía productos de cosmética. Es mamá de Galo, de 8 años, y vive con él y su pareja en el barrio Infico, en el partido bonaerense de San Fernando.

“Siempre me gustó el diseño. Empecé como hobby”, dice. Hace un año trabajaba como niñera y sentía que sus empleadores la maltrataban. “Un día ofrecí en mis estados de WhatsApp hacer invitaciones de cumpleaños y me escribieron tres personas. Así que renuncié y, desde entonces, no paré”, dice entre aliviada y sorprendida. Ahora proyecta estudiar Diseño Gráfico en la UBA.

Agustina Villalba prepara un pedido que le encargaron a través de su cuenta de Instagram
Agustina Villalba prepara un pedido que le encargaron a través de su cuenta de InstagramGentileza

A pesar de los altibajos y la incertidumbre económica que implica emprender, quienes lo hacen, señala Esquivel, sienten que no hay grandes diferencias entre los ingresos que obtienen y los sueldos de quienes, en su entorno, trabajan en relación de dependencia en puestos en negro y de baja calificación.

“No es la primera generación de jóvenes vulnerables: crecieron en hogares con trabajo inestable, intermitente, informal en general. Para ellos, emprender tiene sus ventajas: no pierden estabilidad porque no la tenían y ganan autonomía”, analiza. Y continúa: “El trabajo informal al que pueden acceder ya no es garantía de progreso y ellos lo ven: los que acceden a esa clase de puestos no están mejor”.

Estudiar o comer

El estudio traza una relación directa entre el nivel educativo y el tipo de empleo que consiguen. Haber terminado el secundario duplica las posibilidades de conseguir un trabajo en blanco, mientras que los jóvenes que empezaron o completaron un terciario o una carrera universitaria multiplican por tres esas chances.

“Estos jóvenes fueron criados en un entramado de carencias estructurales”, contextualiza Esquivel. Se refiere a que viven en hogares con algún tipo de privación económica, o con hacinamiento, falta de servicios básicos o en viviendas inadecuadas, entre otras.

El abandono temprano de la escuela tiene que ver con que tuvieron que empezar a trabajar y eso los aleja del mercado de trabajo. Pero las carencias estructurales que padecieron influyen también”, sostiene el especialista.

Leo Carbón tiene 29 años y resume las palabras del especialista desde la experiencia propia. Se crió en el barrio Mitre, en la localidad porteña de Saavedra, y cursó la secundaria mientras hacía changas. “Siempre me costó acceder a un trabajo estable. Por ser del barrio Mitre no me tomaban. En una entrevista me llegaron a decir: ‘Ah, sos villero’”, recuerda.

Leo cuenta que siempre le costó conseguir un trabajo estable: "No me tomaban por ser del Barrio Mitre"
Leo cuenta que siempre le costó conseguir un trabajo estable: "No me tomaban por ser del Barrio Mitre"Ricardo Pristupluk

Intenté estudiar varias veces pero siempre terminé dejando porque tenía que trabajar y los horarios no me daban. El sistema te quiere calificado pero no te da la oportunidad de capacitarte”

Leo Carbón (29) barrio Mitre, CABA

Con mucho esfuerzo me recibí de maestra. No fue fácil porque tengo tres hijas, pero mi familia y mis amigos me ayudaron con el cuidado de las nenas cuando tenía que estudiar o hacer las prácticas”

Johana (25), barrio La Esperanza, San Fernando

La disyuntiva entre estudiar y trabajar, dice Leo, no es una elección libre. Empezó varias carreras y todas las abandonó por la misma razón: tenía que trabajar y no lograba compatibilizar ambas cosas. “A veces, más que trabajar para vivir, vivís para trabajar. Entonces te vas olvidando de la cultura del estudio”, cuenta con tristeza.

Hoy trabaja como ayudante de albañil con un contratista y, por su cuenta, hace trabajos de albañilería, plomería y herrería. Calcula que, en una semana buena, un ayudante de albañil puede llegar a cobrar entre 250 y 500 mil pesos, “si tenés laburo todos los días”.

Jornadas que nunca terminan

La brecha de género es otro de los ejes que el relevamiento expone: el 76,8% de los varones vulnerables trabaja, ya sea en la formalidad o en negro, mientras que ese porcentaje apenas llega al 59% entre las mujeres.

Sueño con estudiar Diseño Gráfico. También con tener una computadora, porque ahora trabajo desde el celular ”

Agustina (25), barrio Infico, San Fernando

A futuro me gustaría tener un comercio rentable. Ser mi propio jefe y poder darle oportunidades a otros ”

Leo (29), barrio Mitre, CABA

“Es una brecha histórica. Además, las mujeres logran trabajos en rubros que sabemos que tienen alto grado de informalidad, como limpieza, cuidados y venta por internet. A las fábricas acceden más los varones, lo mismo que a puestos en seguridad”, explica Esquivel.

Johana Giménez experimenta esa brecha. Tiene 25 años y es mamá de tres nenas, de 9, 7 y 1 año. Vive en la casa de sus padres, en el barrio La Esperanza, San Fernando, junto a su pareja y sus tres hijas. “Estamos con el proyecto de construir algo propio, pero se hace difícil”, dice preocupada.

El mismo tono se le cuela en la voz cuando cuenta que se recibió de maestra y espera acceder a algún cargo. “Es un sueño cumplido haber estudiado y proyectar un futuro como maestra. Pero no sé cómo voy a hacer con mi nena más chiquita cuando empiece a trabajar”, dice.

En la pandemia creó un emprendimiento de pastelería que maneja desde su casa. “Es ideal porque puedo estar con mis hijas, aunque siento que no paro nunca”, reconoce. Entre los pedidos y dos días fijos como educadora en un centro comunitario barrial, calcula que puede sumar unas 10 horas de trabajo. Pero sabe que hoy es su única posibilidad laboral. “La plata que junto a veces se parece a un sueldo y a veces es menos. Pero siempre me viene muy bien”, asegura.

A pesar de las dificultades en el camino, Agustina, Leo y Johana se animan a soñar. Agustina quiere terminar de construir su casa y, algún día, estudiar diseño en la UBA. Leo planea abrir un comercio propio y dar oportunidades de trabajo a otros. Johana quiere cumplir su sueño de ser maestra de grado y ver crecer su emprendimiento. “No hay una renuncia a soñar con un futuro mejor –cierra Esquivel–. Lo que se amplió, en todo caso, es la distancia entre las expectativas y las oportunidades que tienen a su alcance para lograrlas”.

Vidas Desiguales

Esta nota forma parte de Vidas Desiguales, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca promover oportunidades reales para adolescentes y jóvenes que crecen en contextos vulnerables