fundacion-ln

Era pediatra, heredó una empresa y hoy busca tender puentes entre dos Argentinas: “Hay chicos que solo necesitan una oportunidad”

Adrián Saporiti tuvo que reinventarse tras la muerte de su hermano; hoy impulsa una fundación que conecta a jóvenes vulnerables con empleos formales; “si uno ya subió el escalón, está bueno ayudar a subir a otros”, dice

Adrián Saporiti
9'
Compartir

Antes de ser empresario, Adrián Saporiti dedicó más de 20 años de su vida a la medicina. Era pediatra y uno de sus principales aportes fue contribuir a la creación del área de terapia intensiva pediátrica en el Hospital de Clínicas.

Pero a principios de este siglo, la muerte de un hermano que iba a liderar la empresa familiar de insumos para la industria gastronómica lo obligó a cambiar de tipo de ambo. La reinvención no estuvo exenta de incomodidad. “Cuando querés insultar a un médico le decís ‘comerciante’. Y yo me había convertido en uno”, dice.

Dejar de encarnar una posición prestigiosa como la de médico y empezar a habitar un nuevo rol que generaba, de mínima, cierta desconfianza social lo llevó a hacerse preguntas: ¿Por qué el sector tiene tan mala reputación? ¿Qué responsabilidad le cabe a los propios empresarios en eso?

En busca de respuestas, en 2013, junto a otros empresarios creó la Fundación Empujar, que busca acercar capacitación y oportunidades de empleo formal a jóvenes de hogares muy pobres. Por sus aulas ya pasaron más de 7.000 chicas y chicos.

Para este empresario de 69 años, se trata de mucho más que filantropía: es una manera de tender un puente entre dos mundos que se miran con desconfianza y de demostrar que el rol del empresario es clave para el desarrollo de una sociedad.

Cuando dejaste la medicina y te hiciste cargo de la empresa familiar, ¿cómo viviste ese cambio tan abrupto?

–Cuando yo trabajaba de médico, mi forma de ganarme la vida y mi razón de ser en el mundo eran casi lo mismo. Pero en el mundo de las empresas está bastante claro que uno tiene que generar riqueza. Y no es que no me guste el dinero. Pero eso no me alcanzaba, no llenaba mi razón de ser.

Venías de ser médico, una de las profesiones más prestigiosas…

–Para un médico, decirle a otro que es “comerciante” es un insulto. Y yo me había convertido en uno. Ahí está la esencia del problema: ¿por qué los comerciantes tienen que estar mal vistos? Debe ser porque algo hicieron mal o porque les falta hacer algo. En esa búsqueda, me conecté con otros empresarios y fundamos Empujar. Nuestro objetivo general es lograr que un chico que vive en la pobreza consiga trabajo, que acceda a las oportunidades que tienen nuestros hijos, que acceda a la sociedad en la que están nuestros hijos.

¿No son parte de la misma sociedad?

–Aunque hablemos de “la sociedad argentina”, no hay una sola sociedad. Los chicos que trabajan de ayudantes del verdulero en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, que a los 17 años no terminaron el secundario, no están en la misma sociedad que nosotros. Ni siquiera es solo cuestión de plata, sino que existe una diferencia de apertura mental, de conexiones que permiten hacer cosas. Por eso, una de las dos misiones de Empujar es buscarle la vuelta para que el chico que sale a la calle con menos 10 en relación a mi hijo, que sale con más 10, tenga más oportunidades.

–¿Qué hacen para lograrlo?

–Les damos formación en habilidades blandas para que conecten con empleos formales. Y como son chicos que buscan esas oportunidades, suelen ser empleados modelo. Por supuesto que hay excepciones. Algunos que no responden, pero son ampliamente minoritarios. La regla es que son chicos con ganas de crecer y terminan siendo los mejores empleados. Además, les hacemos seguimiento. Al empresario le decimos: “No te preocupes, con este chico no vas a tener problema porque nosotros vamos a estar atrás de él”.

Sumá talento joven a tu equipo

Si trabajás en recursos humanos, sos empresario o tenés un comercio o emprendimiento, podés emplear egresados de Empujar, una organización que capacita y ayuda a conectar a jóvenes vulnerables con el mundo del trabajo formal.

QUIERO CONTRATAR

¿Cuál sería la otra misión de Empujar?

–Tratar de reconciliar o mejorar las relaciones entre la sociedad civil y los empresarios, para que en vez de ser vistos como gente mala que le chupa la sangre a los demás, se los vea también como personas que pueden ayudar.

¿Le pasó alguna vez sentir este desprestigio?

–Una vez, durante el cierre de uno de los cursos que da la Fundación, un señor me dijo, sin ninguna chicana, sinceramente sorprendido: “Acá me di cuenta de que los empresarios no son mala gente”.

A principio de julio egresó una nueva camada de jóvenes capacitados por Empujar, la organización que cofundó Saporiti y que busca acercar oportunidades de empleo formal a chicos de hogares muy pobres
A principio de julio egresó una nueva camada de jóvenes capacitados por Empujar, la organización que cofundó Saporiti y que busca acercar oportunidades de empleo formal a chicos de hogares muy pobres

Esa incomodidad que sentís en relación con esta mirada social, ¿creés que es compartida por tus colegas empresarios?

–Lamentablemente, mi respuesta ahí es “más o menos”. Por supuesto que hay gente muy comprometida, mucho más que yo. Pero me parece que a los empresarios nos hace falta un baño de humildad, de autocrítica. No digo que seamos mala gente. Pero si los empresarios somos capaces de ganar plata vendiendo cigarrillos que dan cáncer, ¿cómo puede ser que no seamos capaces de transmitir la idea de que un empresario que funciona bien suma a la sociedad? Algo estamos haciendo mal.

En esto de buscar una razón de ser, una manera de cambiar la narrativa social sobre el empresariado, había diferentes caminos. Algunos optan, de hecho, por el cuidado del ambiente. ¿Por qué elegiste lo social?

–Yo era de los pocos que había vivido en el mundo de la gente más humilde, no lo había leído en el diario. Trabajé en el Hospital de Niños y después en el Garrahan. Y más del 80 por ciento de los pacientes era gente humilde. A mí no me habían contado cómo era ser pobre o tener un hijo enfermo: lo había vivido con esa gente. Ese contacto real me marcó. Probablemente tenga que ver también con la historia de mi viejo, que era hijo de un albañil y terminó siendo dueño de una empresa.

¿Qué reparos existen hoy en las empresas para darle oportunidades, por ejemplo, al hijo de un albañil?

–Cuando un empresario ve a un chico con dos tatuajes y tres piercings, ve un enemigo potencial más que un futuro colaborador. Ve alguien que va a hacer lío. Vemos arquetipos en lugar de personas. El arquetipo de “los jóvenes ahora no quieren trabajar, quieren planes pero no esforzarse”, “les importa el peinado pero no levantarse temprano cuando hace frío”. Y es cierto que hay chicos con mala voluntad, así como existen empresarios impresentables. Pero ninguno de los dos es la mayoría. La mayoría, de ambos lados, es gente que se esfuerza. Empujar es un esfuerzo para potenciar lo bueno, para que el chico que consiguió trabajo sea un modelo para el primo, el hermano, el vecino, y así entren más chicos por ese camino. Para eso también hace falta que haya más lugares con oportunidades.

"Si todos los empresarsios hacemos un poquito, todo junto es un montón", afirma Saporiti
"Si todos los empresarsios hacemos un poquito, todo junto es un montón", afirma SaporitiFabian Malavolta

Un empresario podría estar leyendo esto y pensar: “Yo no soy político, mi rol es lograr que mi empresa funcione”. ¿Qué le dirías?

–Lo más cómodo es decir: “Yo no voy a hacer nada, no me pidan que cambie la sociedad, hago mi trabajo y me voy”. El que tiene posibilidades y se borra, se lo pierde.

¿Qué se pierde?

–Ver que la vida es mucho más que acumular cosas. Ir a Europa en business está buenísimo. Es lindo, uno se siente bien. Pero a mí me da mucha más felicidad, y creo que es una felicidad más sustentable, ir al cierre de una edición de Empujar y estar con esos chicos. Una vez, en Pilar, me reconoció una chica y me dijo: “¿Cómo le va? ¿Sabe qué? Hice el curso de Empujar y ahora cambié de trabajo porque conseguí uno mejor”. Eso te cambia la semana.

–¿Por qué?

–Porque muy probablemente esa chica, antes del curso, no podía elegir de qué trabajar. Trabajaba de lo que podía. Hay cosas que nosotros damos por sentadas, como vacaciones, obra social, que si estás enfermo tenés antibióticos, que si te lastimás igual te pagan el sueldo. Son condiciones que para estos chicos no existen. Hay un adentro y un afuera. Y esta sociedad deja a muchos afuera. Y no se entra solo con plata: las oportunidades de crecimiento no vienen solo con el dinero, vienen con otras cosas, como conseguir trabajo o tener conexiones.

La empresa de Saporiti ya contrató a varios egresados de Empujar
La empresa de Saporiti ya contrató a varios egresados de Empujar

–Entre los empresarios está muy instalada esta idea de la “industria del juicio”. Ese miedo, ¿puede operar como freno a la hora de dar oportunidades?

–Es cierto que hay gente que se abusa y eso genera excusas reales: “Cuidado con tomar un chico, a ver si después te hace juicio”. Pero eso no debería ser una excusa para no hacerlo. Si tenés una pyme de tres personas, no te voy a pedir que tomes un cuarto empleado si tenés miedo. Pero si tenés una empresa de 40, tomar uno más no te va a fundir. Y esto no es ideológico. No es que le deba todo a la sociedad porque tengo más plata que el señor que vive a 10 cuadras en una casa humilde. No le debo todo, pero sí un poco: si uno ya subió el escalón, si de vez en cuando ayuda a subir a dos o tres, está bueno. Si todos hacemos un poquito, todo junto es un montón.

–¿Su empresa toma chicos egresados de Empujar?

–Sí, claro. Además, en nuestra empresa funciona una de las sedes de Empujar, así que los chicos están más presentes, entran, salen, se los ve. El trabajo con Empujar dentro de la empresa es voluntario. Pero cuando uno mira el desempeño de la gente que levanta la mano para colaborar, suele ser la que mejor trabaja. Nadie lo hace para no trabajar, son personas que además le dan tiempo a esto. Eso mantiene más contenta a la mejor gente y hace que otros tomen como modelo a esas personas para ir creciendo. Para la empresa es, seguro, un buen negocio.

Sumá talento joven a tu equipo

  • Si trabajás en recursos humanos, sos empresario o tenés un comercio o emprendimiento, podés emplear egresados de Empujar, una organización que capacita y ayuda a conectar a jóvenes vulnerables con el mundo del trabajo formal. Podés contactar a Empujar desde este link.

Vidas Desiguales

Esta nota forma parte de Vidas Desiguales, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca promover oportunidades reales para adolescentes y jóvenes que crecen en contextos vulnerables