Fueron pioneros en entender su negocio como parte de una comunidad que también necesitaba florecer; por eso pusieron el foco en el bienestar de sus empleados
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Mucho antes que la ley lo garantizara, varios empresarios ya ofrecían a sus empleados aguinaldo, salario familiar, vacaciones, vivienda, educación y salud.
El crecimiento económico no es automáticamente sinónimo de progreso: cobra sentido cuando genera progreso social. Esa fue la premisa de muchos empresarios que desarrollaron sus negocios en la Argentina que se estaba creando, incluso antes de que se reglamentaran las leyes laborales y los derechos sociales.
Corrían las primeras décadas del 1900 y reinaba un concepto de autoridad jerárquica, vertical, donde el dueño de la empresa ejercía un rol paternalista y consideraba a sus empleados como una extensión de su familia. En algunos casos, esta visión se sostenía desde miradas religiosas, como el catolicismo social, pero en otros, simplemente se trataba de un compromiso con la comunidad donde se establecían.
"No es casual que en Quilmes, Zárate o Luján las fábricas estuvieran rodeadas por los barrios obreros que se abastecían con el agua y la luz generadas por la planta fabril, donde había dispensarios y escuelas para el personal y sus hijos, y que más de uno de estos emprendimientos -literalmente- ponía la camiseta de la empresa a sus trabajadores y se formaban equipos de fútbol o clubes de recreación. Las identidades sociales se construían, así, en el marco de un país que avanzaba en conjunto, como un todo", afirman María Susana Azzi y Ricardo de Titto en su libro Pioneros de la industria argentina.
Quizás el mejor ejemplo sea la Algodonera Flandria, creada a mediados de la década del 20 por Julio Steverlynck en Jáuregui, en las cercanías de Luján. Don Julio, como lo llamaban todos, era un belga que había pensado en una fábrica que produjera y vendiera a precios competitivos, pero también en todo lo que necesitarían los trabajadores: las horas de trabajo, sus salarios y viviendas, además del tiempo ocioso que tendrían.
Por eso, impulsó la creación de un poblado circundante donde, con enormes facilidades, entregaba a sus trabajadores terrenos de 800 metros cuadrados para que construyeran sus casas. Pero, además, propició la creación de escuelas, hospitales, iglesias, instituciones deportivas y recreativas, que aún perduran.
En ese sentido, el Club Social y Deportivo Flandria estuvo íntimamente ligado a la vida de la planta y antes de adoptar el apodo de Los Canarios, se lo conocía simplemente como El Equipo de la Fábrica.
La música también estaba presente a través de Rerum Novarum, que nació con 38 obreros en 1937 y hoy es la banda de música no militar más antigua de la Argentina, con la que Steverlynck quiso emular la tradición belga, donde cada fábrica tenía su orquesta.
El nombre coincide con la política empresarial de Steverlynck, inspirada en el catolicismo social de la Encíclica Rerum Novarum, que ofrecía condiciones de trabajo que, antes del peronismo, eran distintivas, como salarios elevados, vacaciones, jornadas de trabajo de ocho horas, atención de la salud, licencia por casamiento y créditos para lotes, viviendas y bicicletas, que se descontaban proporcionalmente según cada sueldo.
Quizá por eso en 1948 don Julio se entrevistó con Eva Perón y ella, palmeándole la pierna, le dijo: "El general y yo nunca le vamos a perdonar una cosa, don Julio: que haya sido peronista antes de Perón".
La cantidad de obreros que registró la empresa fue creciendo desde su apertura hasta los años 60. En 1925 eran 26 trabajadores que se convirtieron en 1800 para 1960. Luego, con la muerte del fundador en 1975, sumado a la política de desindustrialización que se extendió hasta los 90, la curva se invirtió hasta su quiebra en 1995. Sin embargo, ése no sería el fin de la fábrica.
Un polo textil en Bernal
Otra textil con características similares fue La Bernalesa, que nació en la década del 30 como hilandería y se consolidó hacia los años 50 albergando a más de 4000 empleados e industrializando esa zona del partido de Quilmes. "No hay una persona en Bernal que no tenga un familiar de primera o segunda generación que no haya trabajado en La Bernalesa", afirma Leonardo Wagner, encargado del proyecto que busca crear allí un nuevo parque industrial de la mano de la empresa Valot.
"La fábrica se convirtió en el primer polo textil de América latina y el tercero del mundo emparentado con Flandria, pero a mediados de los 70 la presión sindical fue tan desmedida que los dueños la entregan a la gestión gremial, que la vacía en cinco años y luego de la quiebra Valot la compra para unir su giro comercial y darle lugar a terceras industrias", continúa.
Los 90 encontraron a la empresa al borde de la quiebra por la apertura de la importación de papel, pero con un inmueble de 100.000 metros casi inutilizado. Por eso, Eduardo Valot decidió darle la oportunidad a la gente del Club del Trueque para que desarrollara allí sus actividades y hacerle un espacio a microemprendedores para que comercializaran sus trabajos. "Pero ninguna de las dos actividades funcionó y decidimos a principios de 2000 desactivarlas y comenzar a planear el parque industrial", agrega Wagner.
El proyecto, ya en marcha, va a ocupar entre 1500 y 2000 personas en 30 unidades fabriles y se basa en las experiencias de La Cantábrica y Flandria, que pudieron reconvertirse.
La fábrica de don Julio, que había cerrado en 1995, tuvo su revancha a partir de fines de 2001 cuando Carlos Diforti, dueño de una pyme textil de San Martín invirtió sus ahorros para comprar en plena crisis todo el inmueble de Flandria.
Cuando todavía no sabía qué hacer en el predio, el primer día hábil de 2002 recibió una llamada de su empresa donde le informaban que en la puerta había cerca de 600 personas que hacían cola para anotarse y trabajar en la Flandria. En esos días también exhibían en el cine la película Rerum Novarum sobre la banda de la fábrica. Al verla, Diforti pensó: "No había comprado una fábrica, había comprado una historia y una responsabilidad", afirma.
Así, de a poco, se gestó el Parque Industrial Villa Flandria, que comenzó a funcionar en 2003, donde además de la empresa de Diforti, que pasó a llamarse Algoselán Flandria, funcionan otras 20 compañías. Hoy, Diforti ocupa el lugar de Steverlynck y la comparación es inevitable. "Flandria era una fábrica paternalista y todos esperaban cosas de ella. Nosotros tratamos de seguir esa idea, pero no tenemos tantos recursos. Hoy tenemos la fábrica paternalista, pero con un papá pobre", finaliza.
Liderazgo empresarial y social
Flandria y La Bernalesa no eran las únicas empresas que ofrecían beneficios a sus empleados. Era una tendencia que seguían empresarios como los Bemberg con la Cervecería Quilmes, Alfredo Hirsch en Bunge & Born o Víctor Elías Navajas en Las Marías, por mencionar algunos. Con sus matices, todos compartían los beneficios del progreso con los trabajadores de sus empresas.
Mucho antes que la ley lo garantizara, Las Marías, el mayor productor de yerba mate del mundo, por ejemplo, ofrecía en Misiones aguinaldo y vacaciones pagas a su gente, así como aseguraba a sus familias una vivienda, educación y salud con la creación de la primera escuela y del servicio médico dentro del establecimiento.
También en una pequeña localidad, pero de Córdoba, Fulvio Pagani se convirtió en un benefactor social. En 1951 cuando fundó Arcor -hoy el primer productor mundial de caramelos, además de otros productos alimenticios- Arroyito tenía 3000 habitantes y estaba en decadencia al agotarse la explotación de bosques de algarrobo. Pero con el impulso de su empresa, presidió durante más de 30 años la cooperativa de servicios y convirtió el pueblo en una ciudad moderna y cuidada, con más de 18.000 habitantes.
Pagani fue el impulsor de la Cooperativa Eléctrica, pero también fundó y ayudó a sostener la Asociación Friuliana de Córdoba, la Fundación Doménico Facchin y su hogar de ancianos en Colonia Caroya, la escuela Gino Ermacora, el Hospital Italiano de la capital provincial y la Cámara de Comercio Italo-Argentina, más la Fundación Acción para la Iniciativa Privada.
Hoy, con casi 60 años de vida, la empresa es manejada por sus hijos y tiene un plantel de 20.000 personas en el mundo, y a través de su fundación apoyan a más de 1600 proyectos educativos, que involucran a más de 1.200.000 chicos y adolescentes de toda la Argentina.
El empresario beato
El caso de Enrique Shaw es único en el mundo, pues puede llegar a ser el primer empresario del mundo canonizado. En 1945 sintió que Dios lo llamaba a cumplir una misión especial y pensó en hacerse obrero por su vocación apostólica social, pero un sacerdote lo persuadió de llevar el Evangelio al mundo empresarial y "trabajar desde arriba para todos".
Así, el fundador de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) llegó a ser el director de la Cristalería Rigolleau, donde tenía a cargo 3400 obreros, y mantuvo el liderazgo basado en la preocupación por el bienestar de sus empleados.
Allí, impulsó la caja previsional propia, que aseguraba una buena jubilación para todos los empleados, además de la mutual para brindar servicios médicos, subsidios por enfermedad y préstamos para casamiento, nacimiento o fallecimiento.
En 1961, cuando la Cristalería se vendió a capitales americanos que querían despedir a 1200 obreros, Shaw, que ya padecía cáncer, se opuso terminantemente y viajó a Estados Unidos para debatir con soluciones que evitaran los despidos, que finalmente logró suspender.
Por acciones como ésta sus obreros tenían una gran estima por él. Quizás el mejor ejemplo sea en los momentos cúlmines de su corta vida, cuando la enfermedad se generalizó y necesitó sangre para sus frecuentes transfusiones. En el sanatorio donde estaba internado se presentaron casi 300 obreros de la fábrica, que fueron desde Berazategui hasta la Capital sólo para donar sangre para su patrón.
Enrique Shaw murió a los 41 años y hoy su causa espera llegar a Roma a fin de año para tratar de concretar su beatificación.
Cómo colaborar
Parque Industrial Flandria: www.parqueflandria.com.ar
Valot: www.valot.com.ar
Establecimiento Las Marías: www.lasmarias.com.ar
Arcor: www.arcor.com.ar
ACDE: www.acde.org.ar
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