“Hay miles de Gonzalos Bonadeos”: la respuesta de la nadadora paralímpica Dani Gimenez tras los dichos del periodista
La nadadora, medallista paralímpica y ganadora de un diploma en Tokio 2020, reflexiona sobre los prejuicios sociales que quedaron al descubierto tras el video que se volvió viral
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En pocas horas, un video del periodista Gonzalo Bonadeo se volvió viral el fin de semana, era de 2016 y estaba dando una charla en la que exponía su mirada respecto a los Juegos Paralímpicos y los atletas con discapacidad. “Deberían sacarles un poco de ese barniz competitivo que tienen” y “la medalla de cualquiera de estos chicos la ganó cuando decidió sobrevivir a su drama”, fueron algunas de las declaraciones que salieron a la luz y por las que luego hizo un pedido de disculpas. La nadadora Daniela Gimenez, medallista paralímpica y ganadora de un diploma en Tokio 2020, fue una de las primeras que se manifestó a través de su cuenta de Instagram.
Primero lo hizo con un posteo acompañado por una foto en la que se la veía con varias de sus medallas y un gesto provocador. Luego con un video, en el que agradeció todo el apoyo recibido y en el que explicó que nunca le interesó “cancelar a alguien” y que más allá de que “Gonzalo Bonadeo salió a dar su declaración, a pedir disculpas, reconocer su ignorancia, comprometerse a ser mejor y comunicar mejor”, lo que a ella le gustaría es que “esto no termine acá”. En esa línea, la deportista agregó: “Hay cientos de miles de personas con discapacidad que tienen que cruzarse todos los días de su vida con personas que piensan igual que él, o que lo que él expresó en ese momento. Eso tiene que cambiar”.
En diálogo con LA NACION, Daniela refuerza que lo que ocurrió “no se trató de un caso aislado” y pone el dedo en la llaga que más duele: discursos como el que se difundió en los últimos días dejan al descubierto una serie de prejuicios, creencias falsas y miradas estigmatizantes que no hacen más que reforzar las barreras con las que las personas con discapacidad se encuentran todos los días. Para la atleta, la conversación que se abrió es una oportunidad única y muy necesaria “para plantearnos un montón de cosas y generar cambios”, porque “todos tenemos que estar dispuestos a revisarnos y reconocer dónde la pifiamos para poder aprender y ser mejores”.
¿Por qué te pareció importante compartir tu mirada tras los dichos que se conocieron de Bonadeo?
No fue por él. Esto fue por todos nosotros, porque no es uno solo: hay miles de Gonzalos Bonaedeos dando vueltas y con los que nos tenemos que cruzar todos los días. Cuando ya de entrada tiene esa mirada hacia las personas con discapacidad, ¿cómo no se va a entender su desprestigio al deporte paralímpico? Es lógico: 2 más 2.
¿Qué miradas o prejuicios sociales te parece que quedaron al descubierto con su discurso?
El infantilismo en el que nos ponen, por ejemplo, al hablar de “la chiquita esta” para hacer referencia a una mujer adulta ganadora de una medalla de oro paralímpica, como Yani Martínez. También habló de esta mirada, que bien subrayó la remera Brenda Sardón, del “porno inspiracional”: esto de creer que inspiramos al mundo por el simple hecho de levantarnos todos los días a la mañana y no querer pegarnos un tiro por tener una discapacidad. Habló de “sobrevivir al drama” o de nuestra vida como una sobrevida, como que estamos sobreviviendo. Realmente, muy ignorante y muy poco empático. Me parece que una persona en su posición no se puede dar el lujo de tener ese nivel de ignorancia y menos que menos de largarlo al mundo con tanta liviandad. Hay muchos profesionales dentro del periodismo que lo admiran un montón y creen que, si él lo dice, “debe ser verdad”.
¿En qué ámbitos consideras que siguen arraigados esos pensamientos?
Los encontramos todo el tiempo, en todos los ámbitos. Por ejemplo, con gente que te cruzás en la calle y que te frena para decirte que te va a tener en sus oraciones, o en las instituciones que te ponen barreras constantemente. Yo tengo una discapacidad que cuando necesito ser incluida en un lugar, ese lugar no necesita hacer mucho: solo abrir la puerta, porque me falta la mano. Ahora, si yo me pongo a pensar en muchos de mis compañeros o amigos que tienen distintos tipos de discapacidad, las dificultades que me cuentan que tienen para poder acceder a la educación, por ejemplo, porque el edificio no está preparado o porque tienen cero interés en hacer algo extra para que puedas desarrollar tu vida, son enormes. Es como que a la sociedad le da fiaca incluir a todo este gran porcentaje de la población que tiene una discapacidad. Son cosas constantes que vamos atravesando en el día a día las personas con discapacidad y que uno cuando no lo vive en carne propia, no se da cuenta y no se detiene a pensar en el otro.
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Para Daniela, empezar a cambiar las cosas “a veces parece algo supercomplicado, pero es tan sencillo como practicar la empatía”. Dejar de mirarnos el ombligo. Salir de “nuestra microburbuja”. La atleta considera que la explosión que hubo en los últimos días invita a hacer una reflexión: “No puede ser que nosotros recién nos pongamos a hablar de las cosas cuando las vivimos en carne propia. No tenés que empatizar con la persona con discapacidad porque ‘mirá si algún día vos adquirís una discapacidad’, eso es una forrada. Tenés que pensar porque es tu vecino, porque es la persona que convive con vos en esta sociedad”.
No es soplar y hacer botellas. Para ser empáticos, Daniela considera fundamental empezar por las cosas chiquitas de la vida cotidiana, para luego ir dándonos cuenta de las más grandes. Además de la empatía, el otro bastión clave para construir una sociedad más inclusiva es, para ella, la educación en todos los ámbitos de la vida cotidiana: “La gran mayoría de nuestros dirigentes políticos tampoco están educados en el tema. Somos un país que tenemos que hacer mucho, porque hace un par de meses el mismísimo Presidente metió la pata, usando términos que no corresponden, con todos estos preconceptos”, reflexiona.
Y también hay que romper tabúes. Esos que Daniela ve reflejado en los padres y las madres que le hacen desviar la mirada a sus hijos que la señalan en la calle, o que silencian con un gesto apurado sus preguntas. “Siempre intervengo y les digo que me pregunten si tienen alguna duda, hay que enseñarles que la discapacidad no es una mala palabra, algo que hay que esconder o de lo que no hay que hablar. Y aprender también que la inclusión viene de la mano de adaptar ciertas cosas a las necesidades de las personas con discapacidad: no estamos mendigando limosna, lo que necesitamos es que dejen de ponernos piedras en el camino todo el tiempo”.
Dejar de usar palabras que duelen y refuerzan prejuicios, es otro pendiente. Lisiado. Personas especiales. Personas con capacidades diferentes (“capacidades diferentes tienen los tuppers, dijo mi abuela”, se ríe Daniela), son solo algunas. “El otro día estuve en un evento con Diego Cerega, un gran exjugador de fútbol ciego, que dijo algo muy interesante: contó que cuando le preguntaron una vez qué término prefiere que usen, si ciego o no vidente, dijo: ‘¿Por qué tenemos que recalcar lo que no tenemos, el ser no vidente? ¿Por qué no podemos decir las cosas que sí somos y estamos siempre hablando de lo que no somos o lo que no podemos?’ Yo nunca lo había pensado así y me pareció una buena reflexión”, recuerda la atleta.
Poder ser una sociedad “piola”, “donde no pongamos en distintos escalones a las personas por sus características” es para la nadadora el gran desafío. Y nos invita a repensarnos, empezando por cómo hablamos cuando hablamos. Porque, como dice Daniela, todos tenemos una responsabilidad y lo que decimos, genera un impacto. Siempre.
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