La desigualdad educativa
La Argentina es un país tan extenso que tiene tantas realidades educativas como diferentes geografías, historias y comunidades que componen su historia en común. Pero la desigualdad es una de sus características más llamativas, lamentablemente, y ésta se refleja en forma notable en la educación.
En la nota principal de este suplemento se ha buscado describir toda esa variedad y, a través de entrevistas, desarrollar el tema de cuáles son los desafíos que deberemos enfrentar como sociedad para empezar a buscar soluciones en conjunto.
En sucesivos informes realizados por distintas organizaciones quedó demostrado que si bien hubo una primera reacción favorable ante hechos tan auspiciosos como lo fueron la aprobación de dos de las leyes educativas más importantes de los últimos diez años en el país -la ley de financiamiento educativo, en 2005, y la ley de educación nacional, en 2006-, pronto se comprobó que en la práctica persistían los viejos problemas y las antiguas desigualdades. La ley de financiamiento educativo alcanzó su meta (e incluso la superó en algunas provincias) de destinar hasta el 6% del PBI para la educación en 2010, pero una gran proporción de esa inversión se dirigió a la recomposición salarial, que desde 1975 se había visto fuertemente depreciado con respecto al costo de vida. Hoy, la creciente inflación está esfumando incluso estos logros tan duramente alcanzados, mientras que los relacionados con la cantidad de horas de clase, la jornada completa, la calidad de los contenidos y la capacitación docente apenas si se han alcanzado en alguna proporción y no, por supuesto, de manera igualitaria.
El artículo al que nos referimos refleja también la realidad por detrás de los objetivos educativos: en la actualidad, muchas escuelas públicas del conurbano bonaerense, parroquiales y rurales se han transformado, antes que nada, en comedores escolares y, también, en lugares de contención emocional para los alumnos y sus familias. Esto marca una diferencia notable con las escuelas urbanas privadas de Capital y de las ciudades más importantes de las provincias, en las que el nivel de exigencia está puesto en los contenidos y la excelencia que alcancen los alumnos.
Sin embargo, a la hora de hacer un balance de los desafíos que deberían perseguirse en todo el país, expertos en educación y docentes coinciden: no se trata sólo de tener buena infraestructura y buen equipamiento escolar -sin negar que son necesarios-, sino de una buena y continua formación docente; renovación de la currícula, adecuada a cada situación regional; actualización tecnológica; acceso a todos los niveles (inicial, secundaria y terciaria).
Se trata ahora de que estas condiciones ideales abarquen también a los sectores más vulnerables, a través de la implementación de esquemas distributivos progresivos, y con una concientización de todos nosotros como sociedad que quiere ver crecer a todos sus miembros con las mismas oportunidades.



