
“Nos cuesta horrores conseguir un psiquiatra”: la realidad de quienes buscan ayuda en un barrio popular
Cecilia Leiva, acompañante terapéutica en un centro comunitario, describe las urgencias para atender la salud mental; un informe de la UBA reveló que más de la mitad de los jóvenes en contextos vulnerables sintieron tristeza, desgano o depresión

A veces alcanza con una mirada. Cecilia Leiva lo nota cuando algún vecino entra a Casa Pueblo, en Barrio Tabella, San Miguel, y la reconoce. Quizás nunca hablaron, pero se conocen de vista. Se cruzaron alguna vez por las calles de ese barrio popular en el que ella nació y creció, o saben quién es porque alguien les habló de ella. Y entonces, en un momento en el que pedir ayuda puede resultar difícil, encontrarse con una cara conocida hace una diferencia.
“Hay vecinos que vienen al lugar, que me miran, me reconocen y dicen: ‘Bueno, me quedo y hago mi tratamiento acá’”, cuenta Cecilia, de 43 años. “Con la mirada uno transmite: ‘Estás en buenas manos’”.
Ella es acompañante terapéutica y psicóloga social y trabaja en Casa Pueblo, un dispositivo comunitario de salud mental y consumos problemáticos que funciona en el mismo barrio donde pasó toda su vida.
Allí, donde muchos vecinos viven del cartoneo, el reciclado y la recolección de metales, acompaña a personas atravesadas por consumos, ansiedad, depresión, violencias, dificultades económicas y, en algunos casos, ideas de muerte.
Cecilia conoce esas problemáticas, pero también el territorio en el que se mueve: sabe qué centro de salud cercano tiene determinado recurso, dónde puede ser más rápido conseguir un turno y qué puertas conviene golpear. Y también sabe qué ocurre cuando esas puertas no se abren.

“Nos cuesta horrores poder acceder a un psiquiatra. Y no es una problemática exclusiva de nuestra localidad: se replica en general en el conurbano”, asegura Cecilia. Casa Pueblo cuenta con una psicóloga, pero no con un psiquiatra. Cuando alguien necesita una consulta, el equipo recurre a un listado de instituciones, teléfonos y direcciones que fueron armando.
Muchas veces son ellos mismos quienes hacen el contacto porque la persona que acompañan no puede hacerlo sola. Pero se encuentran con servicios colapsados.
“Nos ha pasado de mandar a personas a guardias psiquiátricas donde les dan una ayuda inmediata y nada más. O les dicen que en tres meses van a abrir nuevamente la agenda para conseguir un turno”, cuenta.
Mientras esperan, desde Casa Pueblo refuerzan el acompañamiento psicológico. Hay vecinos, asegura, que pueden pasar un año entero sin conseguir una consulta con un psiquiatra en el sistema público. La alternativa privada tampoco suele ser una opción: según los valores que consultaron desde Casa Pueblo, una consulta puede rondar los 100.000 pesos. “A los que tienen psiquiatra les decimos: ‘No lo pierdas, no llegues tarde’, porque cuesta un montón conseguir el turno”.
La situación también aparece en los relatos de personas que llegan desde otros distritos. “Tenemos personas a las que acompañamos que vienen de Moreno y Malvinas Argentinas, por ejemplo, y nos cuentan lo mismo: lo mucho que cuesta conseguir particularmente la especialidad de psiquiatría”, señala.
La urgencia adquiere otra dimensión cuando quienes necesitan ayuda son adolescentes. Cecilia recuerda a una chica del barrio que se autolesionaba y cuyo padre atravesaba un consumo problemático. Su mamá advirtió cambios en su comportamiento y recurrió a Casa Pueblo.
“Sabíamos que iba a costar conseguir una profesional que la atendiera”, dice Cecilia. Mientras buscaban dónde derivarla, la adolescente empezó a ir al espacio dos veces por semana. La acompañaron hasta que consiguieron que fuera atendida en otro lugar.
Lo que Cecilia observa cotidianamente en Tabella excede las manzanas del barrio. En la Argentina, más de la mitad de los jóvenes que viven en contextos de vulnerabilidad manifestaron haber sentido tristeza, desgano o depresión al menos algunos días, y cerca de tres de cada 10 reconocieron dificultades para controlar el consumo de alcohol, cigarrillos o drogas.
Los datos surgen de un relevamiento reciente de la Universidad de Buenos Aires entre 1002 jóvenes de 18 a 29 años residentes en los principales aglomerados urbanos del país.

La ansiedad aparece como otro de los principales malestares: más de siete de cada 10 dijeron haber sentido nervios o ansiedad al menos algunos días. En el AMBA, la proporción trepó al 78,9%, frente al 70,7% del resto del país. Y la brecha también aparece por género: alcanzó al 80% de las mujeres, contra el 67,7% de los varones.
“Llegar a tiempo es determinante”
Barrio Tabella nació como un asentamiento y hoy es un barrio popular de San Miguel, cerca de los límites con Malvinas Argentinas y José C. Paz.
El papá de Cecilia fue albañil toda la vida; su mamá, operaria en una fábrica de hilos de Don Torcuato. Ella dejó el secundario en el último año cuando consiguió trabajo y durante años fue empleada en una fábrica de juguetes.
De adulta y después de haber sido mamá, terminó el secundario y se recibió primero de acompañante terapéutica y luego de psicóloga social. Dice que la vocación probablemente haya empezado mucho antes: “Creo que lo saqué de mi papá, que siempre era de compartir lo que tuviéramos, aunque fuese poco, si el otro lo necesitaba”.

Hoy trabaja en el mismo barrio donde creció. La problemática que con mayor frecuencia abordan es el consumo de sustancias. “Es lo que hoy en día está avanzando y avasalla al barrio”, señala. Después aparecen la ansiedad y la depresión. Entre los más jóvenes, dice, se cruzan especialmente con la incertidumbre sobre el futuro, la falta de oportunidades y los problemas económicos de sus familias.
“Te manifiestan: ‘¿Sirve terminar el secundario? ¿Qué hacemos después?’”. Para Cecilia, son momentos en los que llegar a tiempo puede ser determinante: “Es clave que haya espacios que acompañen a tiempo”.
Cuando el futuro se achica
Casa Pueblo integra una red de centros comunitarios impulsada por el Movimiento Evita desde 2017, que actualmente cuenta con alrededor de 75 espacios distribuidos en 18 provincias. Según datos de la organización, más de 20.000 personas pasan cada mes por sus distintos dispositivos de acompañamiento.
El centro de San Miguel funciona en Barrio Tabella desde la pandemia. Su equipo terapéutico está integrado por una psicóloga especializada en adicciones, una trabajadora social, una acompañante terapéutica —Cecilia— y dos promotores de salud capacitados en consumos problemáticos.
El foco inicial en salud mental y consumos fue ampliándose a medida que aparecían otras necesidades: hoy también hay apoyo escolar, una primaria para adultos y yoga para personas mayores. Además, se acompaña a mujeres víctimas de violencias.
La puerta de entrada suele ser el boca en boca. Entrevistan a quien necesita ayuda y, cuando es posible, convocan a un familiar o alguien cercano para construir una red que pueda sostenerlo. Si la respuesta necesaria excede al dispositivo, articulan con otras instituciones.
Para Cecilia, una de las grandes ausencias son lugares donde los adolescentes puedan ir antes de que aparezca una situación límite. “Faltan lugares donde puedan ir cuando terminan el colegio, donde puedan ser escuchados sin ser juzgados, donde se los guíe para que estudien o encuentren un trabajo”, dice. “Es mi sueño: que haya muchos espacios donde puedan trabajar para tomar buenas decisiones”.
Cecilia sabe que esa cercanía no reemplaza los recursos que faltan. No resuelve la escasez de turnos ni consigue por sí sola el psiquiatra que una persona puede necesitar. Pero, mientras esas respuestas llegan —o cuando no llegan—, puede evitar que alguien atraviese solo ese momento.
“Es sentirse acompañado y encontrar las herramientas para poder salir adelante”, dice. De eso habla cuando habla de salud mental. Y vuelve a una idea que, después de tantos años viviendo y trabajando en Tabella, para ella es sencilla: “La salud mental no es un lujo, es una necesidad de todas las personas”. Decirlo puede parecer simple. Lo difícil, sabe Cecilia, es que cuando alguien finalmente se anima a pedir ayuda encuentre, del otro lado, una puerta abierta.
Hablemos de Todo
Esta nota forma parte de Hablemos de Todo, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca cuidar y acompañar la salud mental de los niños y adolescentes. El proyecto ofrece herramientas, visibiliza historias en primera persona y acerca recomendaciones de especialistas.
