En 2025, supermercados y autoservicios dejaron lácteos, fiambres y productos refrigerados, entre otros artículos, fuera del circuito de consumo; las pérdidas se estiman en $370.520 millones
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Mientras la pobreza crece en el país y afecta a 15,4 millones de personas, de acuerdo a los datos difundidos hoy por el Indec, otra cifra deja en evidencia una enorme paradoja: 73 millones de kilos de alimentos quedaron fuera del circuito de consumo en la Argentina durante 2025.
Lácteos, fiambres y artículos refrigerados encabezaron los productos descartados de supermercados y autoservicios, con pérdidas estimadas en $370.520 millones.
El dato surge de una medición que la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca realiza junto a organizaciones especializadas y empresas del sector supermercadista. Según explicó a LA NACION Fernando Uranga, director general del Banco de Alimentos de Buenos Aires, el volumen se ha mantenido relativamente estable a lo largo de los últimos años.
“Esos73 millones de kilos significan una gran oportunidad”, sostuvo Uranga. Y detalló por qué: se trata de productos que ya están dentro del circuito minorista, en supermercados, en condiciones de ser consumidos y ubicados cerca de centros urbanos donde existe demanda alimentaria.
Sin embargo, señaló Uranga, menos del 5% de los alimentos descartados por el sector minorista logra recuperarse. “Ahí hay una gran diferencia con otros países de la región, donde se recupera más del 25% o 30%”, agregó.
Los 73 millones de kilos corresponden únicamente al desperdicio registrado en supermercados y autoservicios. Si se mira toda la cadena, la escala es mucho mayor. Según estimaciones difundidas por la Red de Bancos de Alimentos Argentina, en el país se desperdicia alrededor del 12,5% de los alimentos producidos.
Para estas organizaciones, una parte de esos productos podría llegar a quienes los necesitan, si existieran mayores incentivos para que las empresas los donen. Pero, advierten sobre una paradoja. “Hoy, donar alimentos en nuestro país es más caro que tirarlos”, resumió Pablo Algraín, director ejecutivo de la Red de Bancos de Alimentos Argentina.
Según explicó, la donación depende en buena medida de una decisión de responsabilidad social de las compañías y no de una conveniencia económica. “Tenemos reglas que no incentivan la donación. Con cambios regulatorios simples, que incluso podrían impulsarse con un decreto del Poder Ejecutivo, podríamos tener muchos más productos disponibles”, afirmó.
En concreto, desde los Bancos de Alimentos proponen modificar el tratamiento del IVA para que las empresas no sean penalizadas fiscalmente por donar alimentos.
Una red para rescatar alimentos
Los bancos de alimentos son organizaciones que recuperan productos aptos para el consumo que, por distintos motivos, como algún defecto en el embalaje, quedarían fuera del circuito comercial. Luego los clasifican y distribuyen entre comedores, merenderos, jardines, iglesias y otras organizaciones que brindan asistencia alimentaria.
La Red de Bancos de Alimentos Argentina agrupa a 20 de estas organizaciones distribuidas en distintos puntos del país. Según sus estimaciones, con los alimentos que se pierden hoy en la Argentina podría alimentarse dos veces a la cantidad de personas que necesitan asistencia alimentaria.
Durante 2025, los 20 bancos de alimentos que integran la red recuperaron más de 21 millones de kilos de alimentos, que se transformaron en unos 63 millones de platos y llegaron, a través de distintas organizaciones sociales, a más de un millón de personas.
“Esos 21 millones representan el 1% del total de los productos que se desperdician en la Argentina. Un cambio legislativo que incentive la donación podría hacer crecer enormemente ese recupero. Yo creo que en un año podríamos duplicar la cantidad de productos rescatados y, a partir de ahí, seguir creciendo”, aseguró Algraín.
Solo el Banco de Alimentos de Buenos Aires recuperó durante el último año unas 7400 toneladas y actualmente trabaja con unas 1300 organizaciones sociales del AMBA, que alcanzan a más de 360.000 personas.
Por qué donar puede costar más que tirar
La Argentina cuenta desde hace años con la denominada Ley Donal, que establece las condiciones para donar alimentos y brinda protección jurídica a las empresas que los entregan. El artículo 9 de la norma limita la responsabilidad civil y penal del donante una vez que el alimento fue entregado cumpliendo las condiciones previstas.
Para los bancos de alimentos, sin embargo, la principal barrera pendiente ya no es jurídica sino económica.
Cuando una empresa dona alimentos, explican, puede perder la posibilidad de computar el crédito fiscal de IVA vinculado con esos productos. En determinadas formas de descarte, en cambio, ese crédito puede conservarse. A eso se suman los costos necesarios para recuperar, clasificar, almacenar y transportar la mercadería.
Uno de los principales cambios que impulsa la red es, justamente, modificar el tratamiento del IVA para que donar no implique una desventaja económica frente a desechar.
Algraín plantea que, aunque una medida de ese tipo podría implicar que el Estado resignara una parte de la recaudación, también podría reducir recursos destinados a adquirir alimentos para programas de asistencia.
Mirar a otros países
Las organizaciones miran también las experiencias de otros países de la región. Uranga menciona el caso de Colombia, donde, según señaló, luego de avanzar con cambios legislativos vinculados con la donación, el volumen recibido por los bancos de alimentos pasó de unas 34.000 a unas 48.000 toneladas: alrededor de 13.000 toneladas adicionales.
Otros países incorporaron distintos beneficios. Uruguay permite computar el IVA asociado a determinados alimentos donados; Brasil contempla incentivos fiscales y crediticios dentro de su política contra la pérdida y el desperdicio, y Colombia excluye del IVA los alimentos donados.
Otras alternativas que ya se aplican en distintos países son ampliar las deducciones en el Impuesto a las Ganancias o avanzar con esquemas de “consumo preferente”.
Este último mecanismo distingue la fecha de vencimiento de aquellos productos que, aun después del día indicado en el envase, pueden seguir siendo aptos para el consumo durante un período adicional y, por lo tanto, podrían ser donados.
El impacto de recuperar más alimentos no sería solamente social. También permitiría reducir el uso innecesario de recursos naturales y las emisiones asociadas al desperdicio.
En un país donde el hambre es el drama diario de tantas familias, el planteo de los bancos de alimentos apunta a cambiar una ecuación básica: que hacer llegar un alimento apto para el consumo a quien lo necesita no resulte económicamente más costoso que descartarlo.
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